La moda del turismo verde

Altay

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El ecoturismo consiste en viajar a un espacio con una naturaleza relativamente virgen y sin gran intervención en los procesos naturales del medio ambiente. Pese a esta definición aparentemente impecable, el ecoturismo, hasta el día de hoy, sigue siendo un tema muy polémico. Los defensores de esta forma de turismo sostienen que es la única manera de preservar el estado salvaje de la naturaleza en las reservas naturales sin cerrarlas al público.

En el imaginario ruso, tanto el “ecoturismo” como la “marcha turística”, esta última popular en la URSS de los años 80, son la misma cosa: una mochila de cincuenta kilos a la espalda, una tienda de campaña montada sobre un hormiguero y canciones junto a una hoguera al son de la guitarra. En realidad, el ecoturismo o el outdoor turism ya hace mucho tiempo que se convirtió en la principal “tendencia vacacional” en los países civilizados. La gente va de las ciudades a la naturaleza, prefiriendo los panoramas de montañas, de bosques y de lagos a los clásicos viajes organizados por ciudades y típicos sitios de postal. Los rusos cada vez están más impregnados de las ideas naturalistas de occidente y cambian el polvo de los museos y de las tiendas de “souvenires” por el polvo de los caminos forestales.

Según las estimaciones de la Organización Mundial del Turismo, los ingresos anuales del sector constituyen más de 1,5 billones de dólares, con la particularidad de que el turismo ecológico supone del 10 al 20 % de todo el mercado turístico mundial y es la rama que experimenta un crecimiento más rápido.

La naturaleza de Rusia ofrece un gran potencial para el desarrollo del turismo ecológico. Sin embargo, a pesar de la inmensidad de espacios vírgenes o poco cultivados, el estado de la naturaleza de Rusia, en su conjunto, dista mucho de ser satisfactorio. Al mismo tiempo, el desarrollo del turismo ecológico en Rusia no sólo es posible, sino también imprescindible. Para muchas regiones del país, es la única manera de resolver un problema que parecía irresoluble desde hace muchos años: ¿cómo equilibrar los intereses del hombre y la naturaleza sin causar daño a ninguna de las partes?

«La taiga no es la sabana, donde se puede ver un elefante a cada kilómetro. Además, los bisontes no se dejarán fotografiar, tienen miedo. Aquí te adentras unos setecientos kilómetros y sólo ves mosquitos…», se queja una colega de Masha, la contable, a quien el viaje le gustó bastante menos.

Y así es. Los parques nacionales rusos no pueden ofrecer a los turistas, malacostumbrados por los vastos espacios africanos, el impresionante espectáculo de un sinfín de enormes animales salvajes.

La segunda cuestión fundamental es la lejanía. La distancia que separa la belleza de la naturaleza rusa de los lugares de residencia de los potenciales ecoturistas se expresa, por lo general, con una cifra de cuatro o incluso cinco dígitos. Por supuesto, también hay excepciones: Primorie, Sajalín y las islas Kuriles se encuentran muy cerca de Japón y Corea del Sur, Carelia limita con Finlandia, y el istmo de Curlandia se encuentra casi en el centro de Europa. Por lo general, al precio de los viajes organizados en Rusia hay que sumar el coste de los vuelos de larga distancia. Además, en Rusia, desde el aeropuerto internacional más cercano hasta el lugar de destino distan todavía cientos de kilómetros, una parte considerable de los cuales discurre por carreteras que no hacen honor a ese nombre. Y ésa no es la peor opción: en Kamchatka o Yakutia el principal medio de transporte sería el helicóptero. Aparte de esto, para recibir y prestar servicios a los grupos de turistas, incluso si son ecológicos y especialmente si se trata de extranjeros, se precisa de una infraestructura desarrollada: transporte, comunicaciones, hoteles, asistencia médica…

Un itinerario ecológico moderno ideal debe permitir a los turistas gozar de una estancia confortable, sin causar por ello un perjuicio al medio ambiente. No obstante, en Rusia, por lo general, la naturaleza se preserva donde no hay una población permanente o bien donde no se han levantado viviendas modernas equipadas con agua caliente, baño y alcantarillado. También supone un serio problema la falta de conductores calificados.

En Rusia, los establecimientos de enseñanza para formar especialistas de este sector todavía escasean, pero, aun así, los hay. Por ejemplo, la facultad de turismo ecológico de la Academia de Turismo de Rusia y el departamento de Dirección y Servicio de turismo ecológico internacional dentro de la Universidad internacional independiente de Ecología y Politología.

Masha, su colega contable y una decena de comerciales fueron a parar a la reserva natural de Tanjoy en la región de Buriatia, que en un futuro formará parte de «Los grandes senderos del Baikal», un sistema unificado de itinerarios ecológicos alrededor del lago, que une zonas especialmente protegidas de la región. En los últimos tiempos, el uso incontrolado de los recursos naturales ha conllevado un gran deterioro del ecosistema del lago.

Voluntarios y empleados de la reserva natural del Baikal han habilitado por iniciativa propia cerca de doscientos metros de senderos especiales para minusválidos que necesitan desplazarse en silla de ruedas. En el futuro, la longitud de este sendero alcanzará los 2,5 kilómetros. Pero aún no se sabe cuándo llegará ese futuro. La financiación pública de estos proyectos todavía se encuentra en una fase preliminar. En una reunión celebrada en fecha reciente entre Vladímir Putin y el Ministro de Recursos Naturales y Medio Ambiente Yuri Trútnev, se acordó la financiación de programas destinados a acondicionar zonas de reservas naturales para el periodo comprendido entre 2013 y 2020 y se escogieron doce áreas protegidas prioritarias: diez reservas naturales y dos parques nacionales. Con este plan se prevé que se duplique el número de visitas: de 6,5 millones a 12 millones para el año 2013.

Entretanto, los que se oponen a la introducción del ecoturismo masivo creen que la construcción generalizada de infraestructuras en las reservas naturales ocasionará inevitablemente su ruina. «Cuando discutieron este tema del turismo tan en boga, el primer ministro y el encargado de la cartera de Medio Ambiente se olvidaron de los problemas reales de las áreas protegidas: el inaceptable bajo salario de los empleados (en la parte europea de Rusia un inspector de reserva natural cobra de media 4.000 rublos), el deterioro extremo y la falta de recursos materiales, los constantes intentos de sustracción de áreas protegidas…». En estos términos comenta las acciones del primer ministro Mijaíl Kreindlin, director del proyecto Greenpeace en Rusia para las áreas naturales especialmente protegidas.

Y mientras los ecologistas discuten con el gobierno quién de ellos y de qué manera se preocupará por la flora y la fauna silvestre, los ecoturistas rusos están ocupados en construir caminos habilitados para minusválidos, en limpiar los ríos y salvar las especies en peligro de extinción. En agosto limpiaron por propia iniciativa algunas bahías en el Mar de Barents. Dmitri Dementiev, un niño de trece años, explicó así su participación en esta actividad a la agencia de noticias Ria Novosti:

«Sólo hay dos opciones para resolver este problema causado por el hombre. O se cierra de nuevo toda esta belleza a los ciudadanos y se introduce un sistema de tipo militar que restrinja la libertad de circulación en el propio país, o bien cada uno de nosotros, de forma individual y colectiva, nos preocupamos por preservar la limpieza…».

Historia de ecoturismo en Rusia


En ningún otro país se desarrolló tanto como en la URSS el turismo “activo”, “de marcha” y deportivo, en parte equivalente al turismo “de aventura” de Occidente. En 1989, en estas tipologías de turismo participaron aproximadamente 20 millones de personas, entre quienes se encontraban jóvenes (alumnos, estudiantes) y otros grupos de población con ingresos relativamente bajos.

A partir de 1990 se redujo considerablemente la demanda de viajes y vacaciones dentro del país, antes predominantes, y en el mismo número ha aumentado la demanda de viajes, antes muy pocos numerosos, a destinos turísticos extranjeros. La razón principal de la extraordinaria caída del turismo interno fue el cese de la financiación pública en los años 90.

En los últimos tiempos, el gobierno se esfuerza en recuperar el tiempo perdido. Durante el viaje del primer ministro Vladímir Putin a Kamchatka en 2010, se planteó la cuestión del desarrollo del ecoturismo en Rusia. El 29 de agosto de 2011 se celebró una reunión entre el Primer ministro y el responsable de la cartera de Recursos Naturales y Medio Ambiente en la que se asignó una partida de 1.500 millones de rublos para el acondicionamiento de 12 áreas protegidas prioritarias, y también se examinó la cuestión de la financiación de este programa, con un volumen de 800 millones de rublos anuales hasta 2020.

Traducción de Marta Rebón

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