Del cohete al ocaso

La reciente avería del carguero espacial «Progress» ha provocado una crisis de abastecimiento en la Estación Espacial Internacional. Foto de NASA

La reciente avería del carguero espacial «Progress» ha provocado una crisis de abastecimiento en la Estación Espacial Internacional. Foto de NASA

La reciente avería del carguero espacial «Progress» ha provocado una crisis de abastecimiento en la Estación Espacial Internacional (EEI). Los expertos ponen en duda la fiabilidad de la tecnología rusa. Pero, en principio, es poco probable que aparezcan en los próximos años nuevos medios de transporte de suministros a la EEI.

La última avería del Progress ha supuesto un varapalo no sólo para la reputación de Rusia en la industria espacial, sino también para la relación entre la NASA y el Roskosmos . El cierre, en 2011, del programa Space Shuttle ha obligado a EE. UU.  a  concertar un contrato sin precedentes con Roskosmos para los vuelos a la EEI. Por el derecho a utilizar durante dos años la nave espacial Soyuz, los estadounidenses están dispuestos a pagar 753 millones de dólares.

Después de las averías de este año, la NASA dio la voz de alarma. El 29 de agosto el director del programa de la EEI de la NASA, Mike Suffredini, declaró que la plataforma espacial, por primera vez en once años, podría pasar a regirse de modo autónomo, si los lanzamientos de las naves tripuladas Soyuz no se reanudan hacia mediados de noviembre. Según sus palabras, la prolongación del vuelo de la nave Soyuz TMA-02M hasta diciembre hará que los astronautas aterricen de noche y en condiciones de invierno riguroso en la estepa de Kazajistán. En 11 años, los estadounidenses nunca se habían manifestado en términos tan duros.

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En la industria hay varios problemas clave, sin cuya solución no parece posible un desarrollo ulterior. «Definitivamente, nos hallamos inmersos es una crisis. Durante mucho, mucho tiempo, hemos vivido de las rentas heredadas de la época soviética. Ante un examen detenido, se hace evidente que toda la flota de cohetes portadores apenas se ha modernizado. El cohete Zenit, en cuyo desarrollo participó el «Yuzhmash» ucraniano, durante mucho tiempo no se puso en órbita por motivos políticos, centrándose únicamente en su desarrollo de larga duración.

«Después del cierre del programa Shuttle, no es factible el debate sobre la restauración de la lanzadera Burán, se necesita un diseño totalmente nuevo», declaró una fuente del sector de la industria espacial. «Además, en el Roskosmos, la cuestión del personal se volvió particularmente espinosa: los salarios en las empresas eran extremadamente bajos, los buenos profesionales disminuían cada año y no se ha hecho absolutamente nada para atraer a la juventud, había prórrogas militares, e incluso las quitaron. Ahora son otros tiempos: los dirigentes de la Agencia Espacial Rusa deben establecer unos objetivos estratégicos, en lugar de tareas generales del tipo  «crear algo para que vuele a la luna». Pero el hecho de que se produjeran dos fallos la misma semana en el momento en que llegó un nuevo director es fruto de la casualidad».

El alcance de las averías de los cohetes rusos comenzó a crecer ya a finales de la década de 1990 y ahora es equiparable al de la India, China y Japón. El número de averías de los cohetes americanos y europeos es sustancialmente más bajo. Sin embargo, EE. UU. está casi totalmente concentrado en su propio programa y no se ocupa de lanzamientos comerciales: sus cohetes portadores son muy caros para los potenciales clientes, y Europa hasta el momento sólo es capaz de lanzar seis cohetes Ariane-5 al año. Por lo tanto, los clientes que necesitan poner en órbita un satélite de un modo más barato y rápido se ven obligados a usar los rusos Proton, Soyuz, Rokot. También se están creando nuevos cohetes portadores, por ejemplo, el Angara. Sin embargo, se requiere para ello materiales y tecnologías nuevos. Y esto exige muchos recursos y tiempo. Por este motivo, en principio, la era de los nuevos portadores comenzará dentro de unos 30 ó 40 años.


Originalmente publicado en Kommersant-Dengui 

Traducción de Marta Rebón

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