“Cuando llegué, supe que no me quería ir de aquí”

Arfenia

Arfenia

Conocí a Arfenia a través de una compañera de curso. Arfena (así la llaman sus amigos y familiares), tiene 23 años, ha nacido en Rusia y lleva más de tres años viviendo en Barcelona. Este año se ha licenciado en administración de empresas en la Universidad Autónoma de Barcelona. Hace tan sólo cuatro años, ni se imaginaba que iría a vivir a Barcelona y que todos sus planes girarían alrededor de esta ciudad. Arfena resultó ser una persona muy simpática, una interlocutora agradable y abierta que me contó muchas cosas sobre su vida en Rusia y España, así como sobre sus estudios en la prestigiosa universidad barcelonesa.

-Nací y me crié en una familia armenia, cuenta Arfena. “Fui al colegio y al instituto en Moscú. No tenía ninguna intención de entrar en una universidad española. Empecé a estudiar español junto con mi hermana mayor por afición, y una vez fui a España de vacaciones con mi familia. Cuando vi Barcelona, ¡me di cuenta de que no quería irme de allí! La decisión de entrar en una universidad española me vino de forma espontánea, natural. Claro que nuestros padres estaban muy preocupados, no querían que estuviéramos tan lejos, es lo que no haría cualquier padre, sobre todo cuanto se trata de la educación de sus hijos. Fue así como mi hermana mayor y yo nos quedamos en Barcelona.”

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones sobre la vida en un país extranjero?

Me sentía feliz, porque era justo lo que quería. Me he criado en una familia caucásica, y eso significa una educación rigurosa, tradiciones, un montón de limitaciones y reglas, ya te puedes imaginar. Para mí Barcelona se convirtió en un soplo de aire fresco, de libertad. Paseaba constantemente por sus callejuelas, iba a visitas guiadas, observaba cada rincón de aquella ciudad que parecía haber salido de un cuento de hadas. Cuando vi la Sagrada Familia por primera vez, ¡pensé que estaba soñando! ¡Era impresionante! No había visto nada parecido en ningún otro sitio. Además, me atraía que uno pudiera pasear por la noche sin tener miedo ni tener que preocuparse de nada. Obviamente, aquí también hay delincuencia, pero no al mismo nivel que en Rusia. Cuando vuelvo muy tarde por la noche a mi piso de Barcelona, mis padres se preocupan menos que cuando estaba en Moscú. Aquí todo es mucho más tranquilo.

¿Habéis tardado poco en adaptaros, tu hermana y tú?

No, mi hermana no llegó a adaptarse. Echaba de menos Moscú y volvió poco después.

¿Y tú no echabas de menos tu casa?

Claro que la echaba de menos, y sigo echando de menos a mi familia, a mis amigos de la infancia y a los del colegio. Pero si te digo la verdad, cuando llego a Moscú, inmediatamente me entran ganas de volver a España y siempre les digo a todos: “Venid vosotros a visitarme” (se ríe). Siempre estoy contenta de verles en Barcelona y me vienen a ver con frecuencia.

¿Ha sido difícil conseguir la documentación para vivir en España y acceder a la universidad?

Ha habido un montón de dificultades. Desde mi punto de vista, todo se debe a que, en el ámbito educativo, las relaciones entre España y Rusia no están muy desarrolladas. Me parece que es por eso por lo que entre los estudiantes extranjeros que vienen a estudiar a España hay tan pocos rusos. ¡Hay que llamar a tantas puertas, ponerse de acuerdo con tanta gente, perder tanto tiempo en colas! Pero mi padre me ayudó a resolver todos los problemas con la documentación, ¡y se lo agradezco muchísimo! A los 19 años, me preocupaba muy poco toda esta parafernalia burocrática.

¿En qué aspectos sale mal parado el sistema educativo ruso en comparación con el español?

Sabes, hay cosas aconsejaría a las universidades rusas que aprendieran de las españolas y viceversa, a las españolas de las rusas. Me parece muy cómodo que en muchas universidades españolas uno pueda componer su propio horario y su propio plan de estudios, e incluso elegir profesores. En Rusia este sistema parece algo exótico. La posibilidad de ir a clase tanto por la mañana como por la tarde, como a uno le venga mejor, también es una gran ventaja. En Rusia hay un sistema parecido, pero no idéntico: existen estudios diurnos, nocturnos y a distancia. Los estudios nocturnos o a distancia suelen durar alrededor de seis años y se eligen si uno pretende simultanearlos con el trabajo. Sin embargo, de una manera no oficial, se considera que la formación diurna tiene más calidad y es más prestigiosa. Sin embargo, en España sólo existen estudios presenciales, pero si a uno le resulta más cómodo estudiar por la mañana o por la tarde, uno lo decide por su cuenta y ello no influye en absoluto en la calidad ni en el prestigio de la educación. En general, me gusta mucho que en mi universidad uno pueda decidir si va a estudiar tres, cinco o incluso diez años. Uno puede organizarlo todo según le parezca, y es una gran ventaja.

¿Qué otras ventajas o desventajas tiene el sistema educativo español?

Me gusta que tengamos muchas prácticas en cada asignatura, de esta manera uno adquiere directamente los conocimientos necesarios. Sin embargo, aquí no tenemos seminarios como en Rusia, cuando un grupo entre 15 y 30 personas no sólo escucha una clase, sino que entra en diálogo con el profesor, formula preguntas y hace ejercicios. En general, en las universidades españolas el contacto con los profesores es mínimo, y a mí me parece que a la hora de estudiar este aspecto es muy importante. Aconsejaría a las universidades españolas que adoptasen precisamente este punto del sistema educativo ruso. Lo que también me gusta mucho son las enormes bibliotecas españolas en las que todos los estudiantes se reúnen para preparar juntos los exámenes. Pediría al ministerio de educación ruso que prestara atención a las maravillosas bibliotecas que hay en Europa. En Rusia normalmente todo el mundo se queda en casa para preparar los exámenes por su cuenta.

Pero entre los estudiantes existe la tradición de ayudarse justo antes del examen, explicando en diez minutos a los compañeros los temas que éstos no se hayan preparado…

¡Sí! (sonríe) Es algo que echo de menos en la UAB. Cuando estudié en un instituto en Moscú, siempre nos ayudábamos con los exámenes, podíamos pasarnos una respuesta o una chuleta (se ríe). Pero en España, igual que en Europa en general, la gente es más individualista. 

¿Tienes experiencia laboral? ¿Cuáles son tus planes para el futuro más inmediato?

Sí, he trabajado de manager en un salón de belleza, una experiencia que me ayudó a obtener conocimientos reales de cómo funciona un negocio en España. Ahora tengo planeado ir al Reino Unido a mejorar mi inglés, y todavía no sé qué haré con mi vida más adelante.

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