Campaña antitabaco

Las autoridades preparan una reforma sin precedentes contra el tabaquismo. Foto de Itar-Tass

Las autoridades preparan una reforma sin precedentes contra el tabaquismo. Foto de Itar-Tass

Las autoridades rusas tienen la intención de emprender una batalla contra el tabaquismo. Los analistas están seguros de que en esta guerra, como en cualquier otra, habrá víctimas; en primer lugar, la pequeña y mediana empresa. Los ciudadanos apoyan la reforma, pero no están tan seguros de la eficacia de las medidas propuestas.

El parlamento ruso tiene previsto estudiar un proyecto antitabaco durante este otoño. La legislación rusa siempre ha sido muy liberal en este aspecto. Uno podía fumar prácticamente en cualquier lugar y las limitaciones de venta eran infringidas sistemáticamente por los empresarios. En cambio ahora, los médicos prevén una reforma radical. Sus principales argumentos son datos estadísticos: según cálculos de la OMS, el 40% de la población actual de Rusia fuma. En cambio, en el Reino Unido este índice alcanza el 34% y en Brasil, algo más del 17%. Respecto al número absoluto de consumo de cigarrillos, Rusia ocupa el 4º puesto en el mundo (con un consumo mundial alrededor de 400.000 millones), y sólo es superada por China, India e Indonesia, países que tienen un número de habitantes mucho más elevado. Además, hay que tener en cuenta que el tabaco en Rusia es mucho más accesible que en Europa. Un paquete que en Viejo Continente cuesta alrededor de 4 euros, a un ruso le sale por tan sólo un 1.

El ministerio de Sanidad y Desarrollo Social señala que las enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco matan anualmente a 400.000 personas. El principal objetivo de esta reforma, según el ministerio, consiste en salvar estas vidas. El paquete de reformas será sustancial. En 2013 cesará la venta en los kioscos callejeros y sólo se venderán en tiendas grandes. Y en éstas su presencia será mucho menos visible: las vitrinas de tabaco serán sustituidas por unas simples listas de marcas y precios. También estará completamente prohibido fumar en las estaciones de trenes y en los aeropuertos, así como en las paradas del transporte público a partir de 2014. Desaparecerán por completo las zonas de fumadores en bares y restaurantes y para salir a fumar al portal de un edificio de viviendas, habrá que obtener una autorización por escrito de todos los propietarios. Por cierto, estas limitaciones se aplicarán no sólo a los cigarrillos, sino también a todos los productos que contengan nicotina, incluidas las pipas turcas, el rapé y el tabaco de mascar.

En la elaboración del proyecto han participado especialistas del Centro Estatal de Medicina Profiláctica bajo la dirección de Galina Máslennikova. Según sus cálculos, la introducción de las nuevas normas ayudará a reducir en un 10-15% el consumo de tabaco entre la población adulta, disminuyendo la mortandad en un 10%. El Servicio Federal para el Control en el Ámbito de la Defensa de los Derechos del Consumidor y el Bienestar Humano (Rospotrebnadzor) está de acuerdo con los médicos. “Es una ley que nuestro país necesita urgentemente”, declaró en una rueda de prensa reciente la dirección de la institución encabezada por Guennadi Oníshchenko.

Asimismo, en una serie de encuestas realizadas este verano, el 70% de los participantes se mostró de acuerdo con el proyecto de ley a grandes rasgos, incluso entre los fumadores hay un alto índice que lo valora positivamente (alrededor del 41%). Sin embargo, el escepticismo es mayor respecto a la aplicación de medidas concretas. En particular, dudan de la importancia del factor precio: el 55% de los encuestados afirmó que incluso si un paquete de cigarrillos llegara a costar el doble, no dejarían de fumar.

Por su parte, las grandes empresas tabacaleras han reaccionado ante la iniciativa del Ministerio de Sanidad con una tranquilidad envidiable. Ya han pasado por este tipo de reformas en la mayoría de países europeos, y la práctica ha demostrado que estas campañas antitabaco no son capaces de dar el toque de gracia a su negocio. Sin embargo, los que sí se han manifestado en contra han sido los pequeños y medianos empresarios: los propietarios de los quioscos callejeros. “El estado se dedica a quitarnos los artículos que vendemos”, comenta indignado Alexéi Kanevski, de la asociación de empresarios “Los Pilares de Rusia”. “El alcohol y el tabaco son los artículos más vendidos. En realidad, el resto de productos no son más que una especie de surtido que los acompaña. El tabaco constituye alrededor de la mitad de la facturación en los pequeños negocios”.

Los partidarios de la reforma responden que si un negocio se basa en la venta de este tipo de artículos, sus problemas no incumben al estado. “Ya se ha acabado la época en la que la borrachera y el tabaco servían de justificación para el desarrollo de la economía rusa”, señala Dmitri Yanin, presidente de la dirección de la Confederación Internacional de Sociedades de Consumidores. “Si la pequeña empresa se mantiene a base de la venta de cerveza y cigarrillos a menores, la transformación de este negocio no hará más que favorecer a la economía nacional. Que se hagan más grandes o cambien de sector”.

Sin embargo, los argumentos de los contrarios a la reforma no se reducen al daño a la pequeña y mediana empresa. En los años 80, cuando las autoridades intentaron limitar la venta de alcohol, el mercado se llenó de productos falsificados. El director del Instituto de Política Social de la Escuela Superior de Economía, Serguéi Smirnov, teme que esta historia vuelva a repetirse. “No sólo se trata de la importación ilegal de cigarrillos desde China, sino de la aparición de pequeñas fábricas, con productos que no responden a ningún estándar”, explica Smirnov. “Es algo que ya ha pasado con el alcohol y, sin duda alguna, ocurrirá con el tabaco, cuya fabricación es aún más sencilla”, explica el experto.

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