El cambio de Gabala

En la estación de radares en Gabala trabajan alrededor de 1,5 mil oficiales y técnicos civiles rusos. Foto de photoxpress

En la estación de radares en Gabala trabajan alrededor de 1,5 mil oficiales y técnicos civiles rusos. Foto de photoxpress

A principios de agosto, el ministro de defensa ruso Anatoli Serdiukov visitó Bakú. En la capital de Azerbaidzhán trabaja ahora un grupo de especialistas militares rusos del mismo ministerio. En las entrevistas y conversaciones mantenidas por Serdiukov con su homólogo azerbaidzhano Safar Abíev y posteriormente con el presidente de esta república transcaucásica Iljam Alíev se negociaron las condiciones de la prolongación del alquiler de la estación de radares del Sistema de Aviso de Ataque Balístico (ER SAAB) situada en Gabala,un pueblo vecino a Minguechaur. En la actualidad, los expertos de ambos países reunidos en Bakú elaboran propuestas concretas.

La estación de Darial o la ER Gabalínskaia, conocida también como Liaki-2, fue construida en 1985. Forma parte del Sistema ruso de aviso de ataque de misiles, dispone de rejas de antenas separadas para la retrasmisión y la recepción y es capaz de detectar las ojivas de los misiles balísticas a 6.000 kilómetros de distancia, teniendo un sector de observación de 100–110 grados de acimut. La estación funciona dentro de la gama de ondas mundial y, según los expertos, controla el espacio aéreo y cósmico sobre Turquía, Irak, Irán y otros países del Oriente Próximo e incluso la India, así como la mayor parte del Océano Índico, incluida la costa norte de Australia.

Después del desmoronamiento de la Unión Soviética, en el territorio ruso quedó un solo análogo de Darial, situado en el Norte del país, al lado de la ciudad de Pechora. La estación de radares Darial pasó a ser propiedad de Azerbaidzhán. Después de largas negociaciones, en 2002 Bakú la alquiló por 10 años a las Tropas Espaciales rusas, por 7 millones de dólares anuales.

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Hoy en día en la estación trabajan alrededor de 1,5 mil oficiales y técnicos civiles rusos. Además del alquiler, Moscú paga al sistema energético de Azerbaidzhán por la energía eléctrica utilizada y da trabajo a los habitantes locales, gracias a lo cual el pueblo montañés de Gabala (la capital de la Albania Caucasiana en la Antigüedad) se ha convertido una de las localidades más prósperas de la república. Incluso se organizan festivales internacionales de música en los que participan estrellas de nivel mundial de la talla del famoso director de orquesta Valeri Guérguiev.

El alquiler vence a finales de 2012 y Azerbaidzhán no tiene nada en contra de firmar un nuevo acuerdo con Moscú, pero a un precio más alto. Para argumentar el aumento del alquiler se argumentan la necesidad de compensar las pérdidas de Bakú ocasionadas por la imposibilidad de desarrollar el turismo en esta parte montañosa del país, el aumento en los precios de la energía eléctrica e incluso los problemas ecológicos supuestamente causados por la irradiación de alta frecuencia. Es difícil hacer comentarios respecto a estas reivindicaciones. Pero es evidente que la estación se ha convertido para nuestros vecinos del Sur en un anzuelo que permite obtener de los militares rusos, es decir de Rusia, todo tipo de concesiones.

Existe incluso la tentación de esgrimir en las negociaciones la amenaza de alquilar Darial a los Estados Unidos. Pero esta apuesta no le dará mucho al jugador ya que si los rusos se van, se llevan lo más valioso que hay, es decir el software de la estación de radares, sin el cual no son más que un montón de hormigón y chatarra. Los estadounidenses se dan cuenta perfectamente de aquello. Más aún, incluso si admitimos que decidieran instalarse en Gabala, es difícil que una situación así le guste a Irán, el vecino que Azerbaidzhán tiene al sur y donde viven casi dos veces más azerbaidzhanos que en la propia república. Bakú no tiene ningún interés en estropear sus relaciones con Irán. Sin embargo, las autoridades, al intentar sacarle partido a Gabala, intentan demostrar a la población local que tienen un peso político importante.

A pesar de declaraciones amenazadoras e incluso provocativas, si no agresivas, de los políticos azerbaidzhanos dirigidas a Armenia, el aliado militar de Moscú, Anatoli Serdiukov acabó viajando a Bakú a principios de agosto para negociar la prolongación del alquiler de la estación de Daryal. Incluso propuso aumentar la cuota de becas de estudios para los militares azerbaidzhanos en las escuelas superiores militares rusas y envió a un grupo de expertos para que durante varias semanas pudieran coordinar y resolver todos los temas planteados por la parte azerbaidzhana en las negociaciones respecto a Gabala.

Los expertos rusos independientes afirman que no puede haber objeción en cuanto al derecho de las autoridades políticas y militares azerbaidzhanas, igual que la administración de cualquier otro Estado que se precie, de buscar y encontrar ventajas en la negociación con Moscú. Lo que se dice, en su lugar cada uno haría lo mismo. Y en las negociaciones respecto a Gabala la parte rusa podría perfectamente ceder en algún que otro aspecto. Al fin y al cabo Rusia y Azerbaiyán son vecinos muy cercanos, que durante más de dos siglos vivieron en el mismo “piso compartido”. Se puede decir que son prácticamente hermanos.

Sin embargo, la mayoría de los expertos destaca que Moscú tendría que saber defender sus intereses geopolíticos, económicos y militares igual que lo hacen sus socios, los demás miembros de la CEI. Rusia no tiene que mantener a nadie. Por cada concesión o indulgencia otorgada a un socio o aliado, tiene que obtener una cesión adecuada para que la cooperación no parezca una especie de beneficencia de una parte y parasitismo de la otra. Claro que hay países a los que realmente hay que ayudar, pero otros pueden pagar con dinero contante y sonante o bien garantizarnos su apoyo geopolítico. Entre estos últimos está Bakú, que hoy en día no tiene problemas financieros.  

En cualquier caso, de momento Moscú sigue necesitando Gabala, entre otras cosas debido a la continuación de este debate-diálogo con los EE. UU. y la OTAN  respecto al escudo antimisiles en Europa. Sin embargo no hay que olvidar que en las inmediaciones de la ciudad de Armavir ya está de guardia una nueva estación de aviso antimisiles Vorónezh-DM, en una fase de prueba pero ya con alto nivel de preparación. Así que a Gabala le puede ocurrir lo mismo que pasó con las estaciones de radares antimisiles en Mokachevo y Nikoláiev, aledañas a Sebastopol: las autoridades “naranja” de Ucrania en ese entonces negociaron en exceso con Moscú el precio del alquiler, incluso pasaron los radares bajo la tutela de la agencia espacial de Ucrania, ofreciendo a los Estados Unidos y a la OTAN que se encargaran de su mantenimiento… El resultado fue el del perro del hortelano, que no come ni deja comer. Ahora Kíev ya no dispone de estaciones de radares y sus arcas dejaron de recibir millones de dólares por su alquiler y explotación.


Víktor Litóvkin es redactor jefe de Nezavísimoie Voiénnoie Obozréniye (Observador Militar Independiente)

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