La ciudad sin sombras

El epicentro de la obra de Alexéy Titarenko se sitúa en su ciudad natal. En el blanco y negro de la serie «Los cuatro movimientos de San Petersburgo» ha atrapado la historia de una urbe con una biografía sin parangón, bajo la luz de las noches blancas, cuando la oscuridad no llega a ser completa.

En estas fechas se ha conmemorado el 20 aniversario de la caída de la URSS. En Rusia Hoy, por ejemplo, hemos leído recientemente la entrevista a Andréi Illariónov en la que describe el ambiente de euforia que se respiraba los meses posteriores al golpe de Estado y el descalabro que supuso la galopante inflación que empobreció a los rusos. La serie de Titarenko se inició precisamente en 1991. El artista recuerda esos años:

«Hasta principios de los noventa tuvimos una condiciones materiales correctas. De golpe la situación se deterioró: escasez de alimentos, de medicinas, cortes de calefacción, la economía de la gente mayor devastada por la superinflación… En agosto de 1989 sufrimos las primeras restricciones de azúcar. En 1990 nos correspondían 250 gramos de mantequilla por persona y mes, una catástrofe. Rusia volvía al siglo XIX. El alumbrado nocturno mostraba una ciudad fantasmagórica.»

San Petersburgo, desde su creación, había sorprendido a todos como un lugar fantástico que provocaba una mezcla de admiración y rechazo, sentimientos alentados por la literatura. Konstantín Paustovksi dijo la primera vez que la visitó: «Gracias a los escritores y poetas, Petersburgo está poblada de fantasmas». Y antes, Andréi Beli, en su obra Petersburgo, había escrito que la ciudad pertenecía al país de los sueños. Sueños y fantasmas especialmente presentes durante las noches blancas, que revisten la carne de los ciudadanos con las tonalidades del mármol y de la piedra. Ese cruce de realidad y ficción, que hasta hoy nos había llegado a través de la literatura, es el espacio de trabajo de Titarenko.

No obstante, se asestó un nuevo golpe económico a los ciudadanos, que intentaban pasar página después del duro arranque de década: «En 1998, cuando creíamos haber dejado atrás la miseria, la crisis volvió a arruinar a la población; los bancos quebraron, el rublo se devaluó un 800%. La gente vendía de todo por las calles, floreció el mercado negro y la prostitución… He querido devolver las impresiones de esos años. Cogía el trípode, la Hasselblad y película de 50 ASA y salía a la calle. Fotografiaba a velocidad lenta las colas que se formaban en el metro, las tiendas… Cambié de estilo por el nuevo contexto de la vida y me deslicé hacia una percepción más literaria.» Ese cambio de estilo se produce con respecto a su serie anterior, La nomenclatura de los signos (1986-1991, Beca del programa Mosaïque del CNA de Luxemburgo) donde abordaba el tramo de la historia rusa en el que dos sistemas empezaron a solaparse, cada uno con sus mensajes y sus símbolos: las hoces y los martillos se iban vaciando de significado mientras se formaban las primeras colas en un McDonalds.

Los progresivos avances técnicos en fotografía permitieron llegar a lo que conocemos por «instante decisivo», la capacidad de congelar el momento: película rápida, obturadores, flash, procesos de revelado. Por eso, y en dirección opuesta a la instantaneidad, la fotografía de Titarenko nos remite al estilo de finales del siglo XIX, en especial por las largas exposiciones:

«En mi trabajo trato de introducir una tercera dimensión: la dimensión del tiempo, algo sobre la continuidad y la narración… intento transmitirlo con un lenguaje puramente visual. Yo lo llamo «fotografía metafórica». Pero, por muy irreales que puedan parecer las imágenes, no hay montaje alguno. Es puramente fotografía documental».

Este proceso creativo -desarrollado primero en San Petersburgo pero luego experimentado en ciudades como La Habana, París o Venecia- nos cautiva porque entrelaza diferentes percepciones del tiempo y, con ello, nos invita a una profunda reflexión sobre la Historia y nuestro lugar en ella. Esa tercera dimensión, el tiempo, leemos en la novela petersburguesa por antonomasia Crimen y castigo, es la relación de lo existente con lo no existente. Siguiendo la definición de Dostoievski, por una parte aparece en las fotografías la arquitectura premeditada de la ciudad, perfectamente definida, predispuesta a vivir eternamente y dejarnos un recuerdo sesgado de lo que fue. ¿Y quién circula por sus calles? Según Bieli, «las calles de San Petersburgo tienen una propiedad indiscutible, transforman a los transeúntes en sombras y a las sombras en personas»: en la obra de Titarenko son masas informes personas con rostros borrados, estelas de un movimiento que para el espectador en el tiempo presente ya dejó de existir. Decía Aleksandr Blok que todos los ciudadanos de la capital vivían en la vibración del bronce de la estatua de Pedro I, y éste parece ser el movimiento que queda congelado en las fotografías de Titarenko. En suma, la fricción entre lo eterno y lo fugaz. Basten unos versos de Poema sin héroe para entender esta controvertida relación: «El pasado madura en el futuro, y en el futuro el pasado se consume».

El trabajo sobre la década de 1990 de los fotógrafos rusos ha despertado el interés dando lugar a numerosas exposiciones colectivas (como Russia: Chronicles of Change en Washington o Chroniques Russes en Niza), en las que se pone de manifiesto la solvencia de miradas como la de Alexey Titarenko para comprender el pasado más allá de los manuales de historia y las conmemoraciones.

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La obra de Alexéy Titarenko (San Petersburgo, 1962) se encuentra en colecciones como la del Museo Estatal de Rusia, Museo de Bellas Artes de Houston, J. Paul Getty Museum, Chrysler Museum of Fine Arts o el Museo de Bellas Artes Reattu de Arles. Entre sus últimas exposiciones destacan las celebradas en el Fotofest de Lodz, Getty Museum de Los Angeles, el Thêatre de la photographie et de l’image de Niza o el Musée de l’Elysée en Lausana.

www.alexeytitarenko.com

Bibliografía:

-Alexéy Titarenko, Photographs. Nailya Alexander Gallery, 2003. Texto de Gabriel Bauret.

-City of shadows. Nailya Alexander Gallery, 2001. Texto de Irina Chmireva.

-Alexéy Titarenko. Ayuntamiento de Toulouse y Ministerio de cultura de Francia, 2000. Texto de Gabriel Bauret.

-Próximamente: A better city. Edición y texto de Grazia Neri.

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