Sentencia firme al tránsfuga

Finalmente, la mayor parte de los agentes entregados por Potéiev, de los que Anna Chapman fue el caso más célebre, fueron detenidos en verano del año pasado. Imagen de AP

Finalmente, la mayor parte de los agentes entregados por Potéiev, de los que Anna Chapman fue el caso más célebre, fueron detenidos en verano del año pasado. Imagen de AP

El martes pasado, el jurado militar del Tribunal Supremo de la Federación de Rusia declinó la apelación de los abogados del antiguo coronel del Servicio de Inteligencia Exterior, Alexánder Potéiev, sentenciado a 25 años de prisión por entregar un grupo de agentes rusos ilegales a Estados Unidos.

La reunión del jurado se celebró a puerta cerrada. El Tribunal Supremo hizo pública tan sólo la parte resolutiva del dictamen, según el cual entraba en vigor la sentencia del Tribunal del Distrito de Moscú, que el día 27 de julio declaró culpable de haber a la CIA y al FBI a los agentes ilegales que trabajaban en Estados Unidos, al antiguo funcionario del Servicio de Inteligencia Exterior, además retirarle el título de coronel y la orden de la Estrella Roja. Potéiev ha sido sentenciado a 25 años de cárcel en régimen especial. Sus abogados presentaron un recurso ante el Tribunal Supremo en relación a la duración de la condena, considerándola excesiva. Además, el abogado del tránsfuga Andréi Kúcherov pretendía dejar de lado algunos puntos de la acusación y anular la destitución de la orden con la que el exoficial había sido condecorado por el gobierno de la URSS por su participación en la campaña militar de Afganistán, alegando que no tenía nada que ver con las incriminaciones actuales.

Kommersant ha podido saber quién entregó a la red de agentes ilegales rusos a los servicios de inteligencia de Estados Unidos. La recogida de datos sobre el traidor parecía más un trabajo de los servicios de inteligencia que una investigación periodística.

El citado periódico ha informado como desde 1999 Potéiev hacía viajes cortos de trabajo a Estados Unidos, México, Chile y otros países occidentales, incluso visitó algunos países de la CEI en siete ocasiones, y como en todos estos viajes se entrevistó con agentes de la CIA y les entregó información de distinta índole. Se supo que mientras trabajaba en el departamento de gestión “C” del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, Potéiev acabó siendo el supervisor de la red de agentes de toda Norteamérica. Durante la última década se dedicó a entregar agentes ilegales rusos a Estados Unidos. Los funcionarios de la CIA y del FBI no detenían de inmediato a los espías descubiertos sino que “con sus acciones limitaban el trabajo del servicio de inteligencia ruso, influyendo, entre otras cosas, en su eficacia”. La CIA observó durante un período prolongado la actividad de los agentes y obtuvo información valiosa sobre las formas y los métodos de trabajo de los servicios de inteligencia rusos, sus medios de comunicación radiofónica y los modos de financiación. Finalmente, la mayor parte de los agentes entregados por Potéiev, de los que Anna Chapman fue el caso más célebre, fueron detenidos en verano del año pasado y posteriormente canjeados por Ígor Sutiaguin, investigador, Serguéi Skripal, exagente del GRU (Departamento Principal de Inteligencia, por sus siglas en ruso), Alexánder Zaporozhni, exfuncionario del Servicio de Inteligencia Exterior y Guennadi Vasilenko, exvicedirector del servicio de seguridad de la compañía de televisión NTV Plus, que antes había trabajado en el Primer Departamento Principal de la KGB, sentenciados en Rusia por espionaje.

El propio Potéiev se fugó el año pasado a EE UU, por lo que no sólo fue acusado de delito de alta traición sino también de deserción.

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