Entrevista con Artemyi Troitsky

Artemyi Troitsky. Foto de Kommersant

Artemyi Troitsky. Foto de Kommersant

Para presentar a Artemyi Troitsky no necesitamos demasiadas palabras o adjetivos: él es el crítico musical más respetado de Rusia. Por añadir algo, podemos nombrar su red de contactos dentro del negocio musical, sus libros, una forma de hacer radio con la que creó escuela o los cientos de conciertos que organizó en los últimos 30 años.

Sin embargo, desde hace un tiempo su nombre está apareciendo en los titulares de prensa por otros motivos: sus valoraciones políticas –“no pertenezco a ningún partido”- y su participación en movimientos cívicos –“si estoy más involucrado en ciertas actividades sociales es porque las circunstancias me llevan a ello”.

Como resultado de ello, y tras llamar “perro poodle” a un músico que colabora con el gobierno ruso, Troitsky se enfrenta a varios procesos judiciales.

- Hace unas semanas, la compositora islandesa Bjork definía su música como “folk de nuestro tiempo”. Si volvemos la vista a los 80, cómo definirías tú el rock underground que se hacía entonces en la URSS?

En general, yo también considero el rock como una forma de folk. De hecho, la mayor parte de la música rock está compuesta no por profesionales de la música, sino por chicos de la calle. Como ejemplo me puedo referir a los más grandes, a gente como The Beatles, Frank Zappa o Pink Floyd. Así que estoy convencido de que el rock es el folklore del siglo XX.

Si nos referimos a los músicos rusos encontramos lo mismo: Andrey Makarevich estudió arquitectura. Boris Grebenshikov matemáticas. Yuri Shevchuk pintura. Kutuzov también matemáticas, y así casi todos. Es decir, tenían otros oficios y la música era una afición. En cuanto a la música Underground soviética, yo la describiría como música de autor combinada con letras muy poéticas y cercanas al folclore. Además, otra de sus características era su oposición a los dogmas culturales oficialmente instaurados.

- De hecho, el Underground soviético no sólo era una corriente musical, sino un amplio movimiento social. Un slang particular, las ediciones samizdat y la aparición de locales de conciertos fue todo un fenómeno, pero cuál era el centro de ese movimiento?

El ansia de libertad, de divertirse, y de ser diferente. También el deseo de escapar de la uniformidad de la masa social soviética. La vida cultural dentro del sistema de valores oficial era muy aburrida, así que teníamos que mostrar que éramos diferentes, que no seguíamos esas reglas en las que ya nadie creía. También la apariencia era importante, ya que teníamos que mostrar que éramos diferentes.

- Y entonces vino el cambio político, de forma inesperada y pacífica. ¿Eres optimista en cuanto a la posibilidad de mejorar la situación política en la Rusia actual?

Las cosas pueden cambiar o no, pero yo soy optimista por definición. La mayor parte de esa vida que todos vivimos de forma un poco inconsciente a mí me tocó desarrollarla en la URSS, y en el 83 o el 85 no podía imaginarme lo que iba a pasar con mi país unos pocos años después. La historia siempre guarda muchas sorpresas, incluso algunas buenas.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, el único intento pacífico de tomar el poder en mi país se dio en diciembre de 1825 y es conocido su estrepitoso fracaso. Desde entonces no ha habido ningún otro intento pacífico. No obstante, creo que lo puede haber si se diera una regeneración de la elite del país.

- Artemyi, qué música de aquel tiempo ha envejecido bien con el paso de los años y puede todavía ser escuchada como moderna?

El problema del rock ruso es que durante muchos años fue una mera copia del rock occidental. Es decir, que apenas lo imitaba y hacía versiones de los éxitos de allá. Por lo que la mayoría de las bandas rusas no suenan modernas, y su música es más un documento de aquél tiempo. Como excepción podría citar algún grupo como Kino o Zvuki Mu.

- Viktor Tsoi, Mamonov, Grebenshikov, y muchas bandas extranjeras… pero quién fue el artista que más impresionó a Artemyi Troitsky?

Fue una época fantástica. Vivía en un volcán de genios, con constantes experiencias nuevas. Si tengo que elegir a uno… me quedaría con dos personas que posiblemente no sean muy conocidas en occidente. Uno es Alexandr Bashlachev, un auténtico poeta del rock, con letras que están casi al nivel de Pushkin, Mayakovsky o Mandelstam, y con una performance muy energética. Él era realmente carismático. El otro sería Sergey Kuryokhin. Él era un músico de jazz, compositor de música contemporánea y con una personalidad increíble. Infelizmente, los dos desaparecieron muy temprano: Bashlachev porque cometió suicidio en 1988 y Kuryokhin porque murió de cáncer en 1996.

- Y si tuvieras que recomendar a los lectores españoles algún grupo para comenzar a conocer la música rusa, cuál sería tu sugerencia?

Tengo que decir que en los últimos años ha aparecido una generación musical muy interesante. Por ejemplo Mumiy Troll, con un rock muy inventivo. También Barto, una banda de Moscú que hace electro-punk. También destacaría a Kira Lao, de Novgorod, y a algo de música electrónica de Yekaterinburgo.

- Infelizmente, estás enfrascado en varios procesos judiciales por difamación; Independientemente de que las denuncias estén políticamente motivadas o no, por qué eres tan duro en tus críticas contra los artistas que colaboran con el gobierno ruso?

Yo no estoy necesariamente en contra de que músicos de rock colaboren con el poder político –si lo hacen de forma sincera. Pero el gobierno ruso es notoriamente corrupto y nocivo, por lo que me parece vergonzoso hacer tratos con esa gente.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.