Iguales sólo en la superficie

La discriminación de las mujeres rusas en el ámbito laboral. Foto de PhotoXpress

La discriminación de las mujeres rusas en el ámbito laboral. Foto de PhotoXpress

Desde los tiempos soviéticos, la cantidad de mujeres con un nivel de enseñanza superior sobrepasa a la de los hombres. Sin embargo, el informe sobre género presentado por Rosstat, el Servicio Federal de Estadísticas, demuestra que en cuestiones de remuneración y posición en el mercado de trabajo hay todavía muchas diferencias.

De acuerdo con el documento, en 1989 había 6.730.00 mujeres con formación superior completa –incluidos los posgrados– mientras que los hombres eran 6 millones. En 2002 las diferencias se acentuaron aún más: las mujeres diplomadas eran 10,76 millones y los hombres, 8,61 millones.

"Es un círculo vicioso; los hombres reciben salarios más altos que las mujeres sin completar los estudios. Por eso ellos no tienen un estímulo para estudiar. Por su parte, las mujeres entendien que están en desventaja y se especializan cada vez más”, explica Zóia Jotkina, especialista en estudios relacionados con la colocación profesional femenina, del Centro de Investigaciones de Género de Moscú. Según ella, las rusas reciben un salario equivalente al 40% de la remuneración masculina.

Tendencia occidentalizada


Para la socióloga Marília Moschkovich, investigadora de cuestiones de género en la educación de la UNICAMP (Universidad de Campinas), las disparidades son una tendencia generalizada en países occidentalizados como Brasil, Estados Unidos, Francia y Alemania. "Tal como afirma el sociólogo francés Christian Baudelot, es como si la escuela hubiese creado un ambiente de oportunidades más igualitarias. Las mujeres consiguen ir a la escuela y tienen éxito allí; pero también parece que la sociedad no apoya esa igualdad de oportunidades fuera de las instituciones", agrega Moschkovich.

"Se dan dos hechos concomitantes: la concentración horizontal de mujeres en áreas de especialización superior pero en las menos prestigiosas y remuneradas; y la vertical en la que, dentro de cada área, cuando existen cargos más altos y más bajos, las mujeres suelen ocupar los últimos, incluso cuando poseen una escolarización superior a la de los hombres", completa.

Con la última crisis financiera mundial y los despidos masivos que le siguieron, el tratamiento desigual dado a las mujeres en el mercado laboral ha quedado aún más en evidencia. Si en 2008 el número de mujeres en cargos directivos -empleadoras- era de 416.800, contra los 645.640 de hombres, en 2009, sólo el 33,7% de esas posiciones era ocupado por mujeres, de acuerdo con los datos de Rosstat.

Además, en el mismo período, el porcentaje de profesionales independientes de mujeres de la población económicamente activa pasó del 93,7% a 94,1%, mientras que el equivalente masculino casi se mantuvo: apenas cayó del 92,2% al 92,1%. La variación puede ser un indicio de cómo las mujeres han tenido que arreglárselas después de la crisis.

"Fue una catástrofe porque, en primer lugar, comenzaron a despedir a mujeres mayores y luego a embarazadas, lo que está prohibido por ley", cuenta Jotkina. "Ahora que la crisis ha retrocedido los problemas se han mantenido, pero ya no parecen tan horribles", completa.

Bajo la superficie, no


En Rusia, la igualdad entre hombres y mujeres está garantizada por artículo 3, párrafo 19 de la Constitución, según el cual "hombres y mujeres gozan de los mismos derechos y libertades e idénticos medios para su realización". Sin embargo, el artículo 253 del Código de Leyes del Trabajo incluye una lista de cerca de 600 trabajos “en los cuales se prohíbe el uso de mano de obra femenina”.

"Entre los mencionados, se encuentran trabajos realmente pesados, como el de minero y otros trabajos subterráneos. Pero si hay una prohibición, entonces se da una posibilidad de restricción a posiciones que no ofrecen peligro alguno. El resultado es que, en el subterráneo, la mujer no puede ejercer el trabajo de maquinista, que es un trabajo cualificado y bien remunerado, pero sí puede limpiar la suciedad del piso", explica Jotkina.

En 2009, la estudiante Anna Klevets de 22 años, después de ser rechazada el año anterior inició un proceso en San Petersburgo contra la prohibición de que las mujeres ocupasen el cargo de maquinista en el subterráneo. El tribunal, basándose en el Código de Leyes del Trabajo, no falló a favor de Klevets.

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