Algo más que semillitas

El 31 de julio se festejó un nuevo aniversario de la fundación de San Javier, un único poblado del Uruguay, fundado por emigrantes rusos a principio del siglo XX. Casi cien años se cumplieron desde el momento en que los trashumantes rusos en cantidad de 300 personas por primera vez pisaron esa lejana tierra. En el extranjero esta gente valerosa, ellos mismos oriundos de las regiones sureñas del Imperio Ruso, llegaron huyendo de las persecuciones religiosas. Sin profundizar en detalles, diremos que pertenecían a diversas ramas del cristianismo que rechazaban los cánones de la ortodoxia oficial.

Foto de Rosanna López

La mudanza de los heréticos rusos a este pequeño país suramericano no fue casual. A principios del siglo XX Uruguay llevaba adelante una política de atracción de emigrantes para la asimilación de las últimas tierras desérticas que por entonces cubrían una superficie de unos 187.000 kilómetros cuadrados en el sudeste del país. Los rusos, trabajadores y poco pretenciosos, fundaron aquí su colonia, araron las tierras vírgenes y plantaron el girasol, lo que al principio fue tomado por los uruguayos como una salida extravagante de “estos rusos”. No es para asombrarse. El girasol en aquel tiempo era un cultivo que Uruguay no conocía. Convertidos en pioneros en la siembra de esta oleaginosa, los habitantes de San Javier cambiaron significativamente la estructura agraria de la región, en particular del Departamento de Río Negro, donde ahora, en lugar de maíz o aceitunas, parecieran saludar con sus ondulaciones miles de enormes flores amarillas.

En la solemne ceremonia dedicada al 98° Aniversario de la colonia rusa, una fecha sin dudas importante, se reunieron los habitantes de San Javier y de las ciudades vecinas, representantes de la organización de compatriotas rusos “Slavianka” de la Argentina, así como huéspedes oficiales: la subsecretaria de Educación y Cultura del Uruguay María Simón, el intendente del Departamento de Río Negro, doctor Omar Lafluf Hebeich y el Encargado de Negocios a.i. de Rusia en Uruguay Dmitri Belov. Los discursos se fundieron en un amplio programa cultural que incluyó danzas populares rusas interpretadas por el conjunto Kalinka. Los fogosos bailes se mezclaron con toda una caballería de coloridos gauchos, vestidos con sus trajes nacionales y jineteando por las calles de San Javier banderas uruguayas y estandartes con la artiguista consigna “Libertad o Muerte”.

Este pequeño poblado de Río Negro ahora tiene un estatus especial Durante la parte solemne de la actividad, la subsecretaria Simón compartió con los habitantes de San Javier una importante noticia: su ministerio, conjuntamente con la Comisión del Patrimonio Cultural del Uruguay decidió tomar en custodia los monumentos de arquitectura y cultura conservados en San Javier e incluirlos en el listado de objetos nacionales históricos. La Casa Blanca, la primera casa que apareció en el territorio de la población rusa, en la que vivió la familia del líder de los emigrantes rusos, Vasili Lubkov, será declarada museo y reconstruida junto con el parque aledaño. De tal modo, la Casa Blanca será el sexto exponente de Río Negro que se encuentre protegido por el Uruguay, el primer monumento histórico en San Javier y el único objeto ciudadano de la herencia histórica fuera de la ciudad de Fray Bentos.

San Javier, por supuesto, debe estas declaraciones a otras causas, más que al cultivo de “semillitas” o a la presencia de gigantescas “matrioshkas” en la plaza central del pueblo, aunque el poblado ruso en el Uruguay ya logró una determinada fama en calidad de centro turístico.

El Uruguay es uno de los socios más antiguos de Rusia en América Latina. Se han establecido contactos entre determinadas regiones, ciudades y centros de investigación científica de ambos países. En 2006, por ejemplo, fue suscripto el Convenio sobre cooperación entre la región de Voróniezh y el Departamento de Río Negro, donde se encuentra el poblado de San Javier. El que la Casa Blanca del líder de los primeros emigrantes rusos haya sido colocada bajo el protectorado del Uruguay es un singular jalón en el desarrollo intensivo de las relaciones bilaterales entre nuestros países, que ya cuentan con 154 años de existencia.

El respaldo a la única colonia rusa por parte del Uruguay viene muy a propósito. Durante los cien años transcurridos la colonia de emigrantes rusos ha experimentado significativas transformaciones. En 1915 San Javier sufrió fuertemente una invasión de langostas. El daño fue tan grande que la gente pasó hambre. Como resultado de ello, 150 personas regresaron del Uruguay a la URSS. Ahora, en el Departamento de Río Negro viven mil oriundos de Rusia. Pero casi todos ellos se han mezclado con la población local. Los descendientes de los primeros emigrantes en la actualidad intentan por todos los medios conservar la cultura y el idioma rusos, transmitiéndolos de generación en generación, lo que para ellos no es una tarea sencilla. Es posible que, tras recibir el reconocimiento oficial de su estatus cultural e histórico por parte del estado que los cobijó, la población de San Javier pueda conservar su condición única.

La colonia rusa en el Uruguay recibe también la activa ayuda de la Embajada de la Federación Rusa. Con regularidad se organizan días de puertas abiertas, se alienta el estudio del idioma ruso en línea con el centro cultural Gorki, ubicado en San Javier. Hace ya varios años que la embajada rusa tomar parte en la organización del Festival de la semilla, una festividad local en homenaje a este cultivo por ese entonces exótico para el Uruguay, traído por los primeros emigrantes. Esta acción puede ser visitada por todo aquel que lo desee en vísperas de Semana Santa (por lo general a finales de marzo o principios de abril), para degustar las tradicionales comidas rusas, por ejemplo el shashlik o los varéniki, o participar de los programas de atracciones. El Festival de la semilla incluso es cubierto por la prensa local y habitualmente son muchos los que llegan a San Javier para ver con sus propios ojos este asombroso poblado y sus habitantes, quienes durante tantos años de existencia de la colonia en el lejano Río Negro no perdieron sus raíces y conservaron un invisible vínculo con su patria, la que para ellos, sin duda, sigue siendo Rusia. 

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