Otra vuelta de tuerca

Los expertos encargados por el gobierno para reelaborar la estrategia de desarrollo de Rusia hasta 2020 han enviado un borrador de su informe a los ministerios. En agosto el documento será estudiado por la presidencia. Si Rusia no cambia su modelo de crecimiento hay dos opciones: la economía se irá marchitando lentamente, o se producirán varias burbujas que acabarán estallando.

Atrapados


Entre 1999 y 2008 la economía rusa experimentó un intenso crecimiento gracias a la afluencia de capitales y a la expansión del mercado interior. Los expertos gubernamentales anuncian que esta época ha llegado a su fin y que el próximo año el crecimiento se ralentizará hasta llegar a un 2,5% anual (según las previsiones del Ministerio del Desarrollo Económico es de un 4,2% para 2011 y de un 3,5% para 2012).

Además pronostican que si el gobierno intentase acelerar el crecimiento económico hasta un 6-7% anual, estimulando el consumo y los créditos, Rusia caería hacia el final de la década en una “fosa de créditos” equivalente al 16% del PIB por lo que sufriría una dura crisis.

El modelo actual ha quedado obsoleto debido a tres limitaciones fundamentales: una economía cerrada, la falta de inversiones directas y a largo plazo, y la ausencia de competencia en el mercado interior.

El problema de la competencia es clave para Rusia. Su ausencia acelera la inflación, los agentes del mercado se encuentran en condiciones demasiado desiguales y los sectores estatales y los monopolios prevalecen mientras que las nuevas empresas se encuentran con numerosas barreras de entrada al mercado.

Cruzar el río

Los expertos avisan que evitar la crisis requerirá un gran esfuerzo. No existe una fórmula universal para el crecimiento sostenible. Eso sí, existen algunos elementos infalibles para el éxito: la orientación a la demanda exterior, la distribución de recursos basada en las leyes del mercado, una alta tasa de ahorro (20-25% del PIB) y la estabilidad macroeconómica.

Al mismo tiempo han definido los cuatro principales desafíos: la llamada “cruz demográfica (reducción del número de trabajadores frente a un aumento de las obligaciones presupuestarias); los “tijeretazos a la competitividad” (mucho gasto e instituciones débiles); las “rupturas institucionales” (instituciones obsoletas frente a un capital humano de gran calidad); la “dependencia de las materias primas” (el fortalecimiento del rublo estimula las importaciones, desequilibra la balanza comercial y conduce a la desindustrialización del país y al aumento de empleo ineficiente).

La inflación es la claveEl principal objetivo de la política monetaria y del cambio de divisas es la la reducción de la inflación hasta un nivel del 3-5% anual, según los expertos. La inflación alta es como una espina en la garganta: dificulta la superación de la pobreza y aumenta la estratificación social.

Además, provoca un incremento del riesgo a la hora de planificar las inversiones y lleva a priorizar el consumo inmediato sobre el ahorro, y a una disminución de la confianza en la divisa nacional y en el propio gobierno. El crecimiento de los precios afecta a proyectos públicos tan importantes como convertir el rublo en una divisa de reserva y a Moscú en un centro financiero internacional. Los expertos aseguran que hay que adoptar una nueva norma presupuestaria que defina el volumen y el procedimiento de utilización de los beneficios presupuestarios obtenidos de la exportación de materias primas. Hay que financiar el déficit presupuestario estructural a través de préstamos de mercado y limitar la deuda pública a un 20-25% del PIB.

También es necesario redireccionar de nuevo los beneficios coyunturales hacia el fondo de reserva y al fondo de prosperidad nacional. Los expertos recomiendan que en los próximos seis años se llegue a prescindir del arancel sobre exportaciones de petróleo y productos de refinería, igualando los precios del mercado interior y exterior, así como eliminar las subvenciones a través de la reducción de los precios de los recursos energéticos. Es inviable seguir aumentando el gasto presupuestario que no esté relacionado con la financiación de una economía innovadora. Los expertos afirman que hay que endurecer la política monetaria y crediticia.

Jubilación a los 63 años


Además, afirman que una reforma de las pensiones es inevitable, y enumeran algunos de sus elementos principales. Hay que aumentar el período mínimo de cotización de 5 a 15-20 años. El primer paso consistiría en subirlo hasta diez años y aumentarlo progresivamente, añadiendo cada año uno más. Sin embargo, resulta necesario reducir las cuotas generales al fondo de pensiones (hasta un 20-22%), así como las contribuciones individuales a las partes correspondientes a la pensión de jubilación y al ahorro (del 16 al 14%). La base impositiva se podría aumentar subiendo el umbral de los sueldos que exijan contribuciones al sistema de pensiones.

Hay que aplazar la edad de la jubilación hasta los 63 años para todos los ciudadanos. Este proceso podría ser paulatino, finalizándose hacia 2035, o hacia 2030, a razón de seis meses al año para las mujeres y tres para los hombres.

Estas reformas reducirían la dependencia del sistema de pensiones del presupuesto federal sin acabar con él, prometen los expertos.

El botón rojo


Los empresarios no confían en el gobierno. Para ganarse esta confianza, hay que establecer una buena comunicación en ambos sentidos. Los expertos proponen la creación de un puesto de defensor federal de los derechos de los inversores y de un consejo para controlar las normas. El mandatario debería tener derecho a interponer “un veto blando” a los proyectos que fueran en contra de los intereses de los inversores. Este veto podría ser levantado por orden del Primer Ministro.

Otra medida para defender los derechos de los inversores de las acciones de funcionarios sin escrúpulos podría ser el llamado “botón rojo”. Se trataría de una ventanilla especial en la página web de los servicios federales, a la que uno pudiera dirigirse en caso de ver sus derechos vulnerados.

Al mismo tiempo, la reforma del mercado laboral resulta indispensable. Las autoridades tienen que dejar de apoyar a empresas ineficientes a cambio de que no reduzcan la plantilla. Hay que aumentar la productividad mediante una redistribución activa de recursos humanos de las empresas menos eficaces a las más eficaces.

La economía rusa no podrá prescindir de los inmigrantes si pretende crecer y desarrollarse. El informe afirma que hay que desarrollar programas de inmigración a largo plazo que permitan compensar la reducción de la población.

Yevgueni Gavrilenkov, economista principal del fondo de inversiones Troyka Dialog, considera que los expertos no tienen del todo razón cuando comparan el período 1999-2008 con el actual, ya que existen diferencias demasiado importantes en lo que se refiere a la política monetaria. Después de 2008 el Banco Central dejó de entrometerse activamente en el tipo de cambio, lo que contribuyó a disminuir la dependencia del tipo de cambio del rublo y el crecimiento de la economía basado en el precio del petróleo. Según Gavrilenkov, el pronóstico del 2-2,5% resulta demasiado pesimista. A juzgar por los datos sobre el uso final del PIB, tanto este año como el anterior, el crecimiento real alcanzó un 5%.

Gavrilenkov no duda de que la reforma de las pensiones resulte muy de actualidad, pero es difícil que incida en el crecimiento económico; se limitará a descongestionar un poco la situación presupuestaria. Sin embargo, según él, el gobierno podría reducir la inflación hasta un 3-5% desde el año que viene: “Lo importante es querer hacerlo”.

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