Mujeres emprendedoras

Alena Popova. Foto de alenapopova.ru

Alena Popova. Foto de alenapopova.ru

Tatiana Smolova tiene treinta años y nunca se había planteado crear una empresa. Esta licenciada en filología trabajó varios años como asistente de dirección en una pequeña empresa. Luego encontró trabajo con un sueldo más alto en otra, pero al mes se enteró de que estaba embarazada. Después de ello nunca volvió a cobrar el sueldo completo. Tampoco podía plantearse volver al puesto anterior. ¿Dónde iba a encontrar un trabajo que le permitiera criar a su hijo estando sola? Así es como le surgió la idea de crear un negocio propio en Internet. Hace unos meses Tania abrió una tienda de ropa premamá en la red. El beneficio que le aporta no es extraordinario, pero es razonable y le permite pasar mucho tiempo con el niño.

Durante los últimos dos o tres años han surgido en Runet decenas de empresas, o startups femeninas (normalmente se denominan startups a las nuevas empresas en Internet o en el sector de tecnologías de la información con menos de un año en el mercado). La mayoría tienen una vocación esencialmente femenina y ofrecen artículos y servicios solicitados principalmente por mujeres. Se trata de tiendas online que venden ropa premamá o para madres lactantes, incluida la de segunda mano, tiendas de ropa y calzado infantil, pañales y juguetes, centros de contratación de niñeras, etc.

¿Por qué las mujeres eligen Internet? Crear un negocio online es más económico que abrir una tienda en la calle. Pero muchas mujeres, sobre todo las madres jóvenes, consideran que la mayor ventaja de Internet consiste en la independencia que les proporciona y la ausencia de un horario fijo: pueden trabajar desde casa a cualquier hora del día.

Empleadora de sí misma

Aliona Popova tiene 29 años y es periodista. Al terminar su carrera universitaria, tuvo un magnífico trabajo en uno de los canales de televisión más importantes del país, pero decidió dejarlo para crear un negocio propio en Internet. Actualmente Aliona tiene doce proyectos nuevos en la red. El más conocido, Startup Women, tiene sólo tres meses y es una escuela online para mujeres emprendedoras que ofrece todo tipo de apoyo, incluido el financiero, a las mujeres que quieran crear su propio negocio.

Tal y como señala Aliona, la idea del proyecto surgió durante la crisis de 2008 cuando la mayoría de sus amigas se quedó sin trabajo: “Las empresas empezaron a despedir a la gente que cumplía funciones que se duplicaban, es decir, analistas de mercado, especialistas en relaciones públicas, etc. El 70% de los empleados de este sector son mujeres. Muchísimas amigas mías se vieron en la calle”, comenta la empresaria.

Según Aliona, a una mujer le cuesta más que a un hombre encontrar un buen trabajo. Y más todavía si tiene hijos y los tiene que criar a solas: “¡Pero una no se puede quedar llorando en su casa! ¡Hay que actuar!” asegura. La autora del proyecto decidió demostrar que una startup puede constituir una buena salida para una mujer que se encuentra en apuros. Sobre todo en las regiones, donde la situación del mercado laboral suele ser mucho peor que en la capital. La inspiradora de las startups femeninas viaja mucho y participa en conferencias y seminarios que animan a otras mujeres a utilizar más activamente las oportunidades que les brinda Internet.

La familia o el negocio Sin embargo Aliona Vladímirskaia, propietaria de una de las startups más exitosas de Runet, la agencia de selección del personal Pruffi que trabaja para grandes empresas rusas, no se fía de las startups femeninas. “Hay muy pocas mujeres que hagan realmente negocios serios por su cuenta”, asegura Aliona. “Son muchas más las que han recibido su empresa de parte de un hombre, como regalo, o las que simplemente aparentan hacer negocios. Igual que en el pasado las mujeres se reunían para bordar o leer juntas, ahora está de moda reunirse para hablar de “cómo vamos a abrir nuestra tiendita de chocolate”.

Aliona creó su propio negocio a los 38 años y considera que de joven, cuando una mujer todavía no tiene hijos ni un marido que la apoye es peligroso abrir una empresa propia, ya que o se destruye la familia o el negocio. Su jornada laboral es de dieciséis horas como mínimo, no tiene festivos ni vacaciones. En casa la esperan su hija, estudiante universitaria, el marido y un gato, que, según Aliona, ya no la reconoce. “Es más difícil trabajar en una startup que como asalariado en una empresa”, señala la emprendedora. “Aquí una tiene toda la responsabilidad y no puede decir: 'hoy me siento mal, así que me voy más pronto a casa'. Una se tiene que obligar a trabajar todos los días. En nuestro país, no sé por qué, se suele pensar que hacer negocios es fácil. La gente no está acostumbrada a trabajar y sacar los proyectos adelante seriamente. Así que muchas veces las startups se convierten en historias de “dinero rápido”: cuando se gana algo, se abandona el proyecto. De momento, la cultura de las startups no está desarrollada en Rusia”.

Muchos proyectos fracasan ya en su estado inicial. Según los participantes del mercado, entre el 70 y el 80% de las empresas nuevas en Internet cierran durante los primeros meses de existencia. Tal como cree Aliona, la prueba más importante para cualquier startup consiste en cruzar “el valle de la muerte”, es decir, mantenerse en el mercado durante un año. Aunque de momento han sido pocas las que han demostrado ser capaces de hacerlo.

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