Perú: el cambio de guardia y Rusia

Foto de AP

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El 28 de julio en Perú asume la presidencia Ollanta Humala, un teniente coronel retirado de 48 años que modificó sustancialmente sus convicciones política luego de la derrota en las elecciones presidenciales de 2006. Durante estos cinco años el político transitó el camino desde un ultranacionalista y radical de izquierda, que simpatizaba con el modelo venezolano del “socialismo del siglo XXI”, hasta un partidario del modelo de centroizquierda que se aplicó en el Brasil de Lula.

En una entrevista a la chilena “La Tercera” Humala subrayó: “No estamos hablando de cambiar el modelo capitalista, de cambiar una economía abierta de mercado, sino que estamos hablando de modificar el conjunto de imperfecciones que tiene la política económica que se ha implementado y que no permiten que el crecimiento económico sostenible se traduzca en desarrollo para todos”.

 

Ollanta Humala prometió no reformar la Constitución, respetar las conquistas democráticas, observar escrupulosamente el principio de división de poderes y no atentar contra la libertad de los medios de información masiva. El presidente se propone conservar la propiedad privada, las condiciones favorables para el capital extranjero y no violar los acuerdos logrados con los países extranjeros, en particular los tratados de libre comercio.

 

Ya en el curso de los debates había declarado que en caso de llegar al poder no se adheriría a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), la criatura preferida de su antiguo mentor Hugo Chávez Frías. No está de más agregar a esto que la primera visita internacional antes de asumir Ollanta la realizó a Brasil donde se reunió con su presidenta y ex jefa de gabinete de Lula, Dilma Rousseff. Además visitó los EE.UU. y en la audiencia con Barack Obama se habló de la predisposición de las partes a fortalecer en adelante los vínculos establecidos. Todo esto permite suponer que no hay que esperar cambios radicales en el curso de la política exterior peruana.

 

Como consecuencia de esto no sufrirán cambios las relaciones políticas y económicas establecidas en 1969 con nuestro país. Baste con recordar que se desarrollaron con bastante dinamismo, especialmente en el ámbito técnico-militar. En la década de los 70 la Unión Soviética suministró a Perú una cantidad significativa de aviones y helicópteros, muchos de los cuales se utilizan hasta ahora por la Fuerza Aérea peruana, que plantean la necesidad de adquirir en Rusia una técnica moderna. En correspondencia con ello, en 2005 fue concluido un contrato por 18 millones de dólares con el fin de modernizar 13 helicópteros en la base de las fábricas aeronáuticas rusas. Luego de su exitosa culminación en 2008 fue firmado otro contrato para modernizar 19 interceptores MiG-29. En ese mismo año comenzó la construcción del centro ruso para reparación y servicio de la técnica aérea.

 

En los últimos tiempos los vínculos bilaterales adquieren una dinámica complementaria. Hace un mes cobró vigencia el acuerdo para la anulación del régimen de visado con un plazo de 90 días para los ciudadanos de ambos países. En noviembre de 2009 se llevó a cabo la visita oficial al Perú del presidente Ruso Dmitri Medviédev. Fue recibido cordialmente por su colega y recibió la más alta condecoración estatal.

 

Alan García, el presidente saliente, en una entrevista televisiva se refirió positivamente al papel de Rusia en las cuestiones internacionales. En particular, dijo: “Para mí Rusia es un país asombroso, que en el siglo XX se convirtió en un particular laboratorio político, pasando de la monarquía religiosa a través de la experiencia de un grupo de políticos profesionales en la conquista del poder, a través de una dictadura totalitaria hacia la actual e increíble transformación económica y social. Ella demostró que es una potencia mundial. Estoy convencido que en 10 ó 20 años recuperará su anterior poderío”.

 

A su vez Ollanta Humala visitó el año pasado Moscú invitado por la Fundación Apóstol San Andrés Protocletos y se manifestó ante la opinión pública como partidario de la ampliación y fortalecimiento de la cooperación bilateral. Todavía antes, en el anterior parlamento su partido, que contaba con 45 escaños, introdujo una resolución para reconocer la independencia de Abjazia y Osetia del Sur. En este sentido el líder del partido decía: “Por cuanto el poder ya reconoció a Kosovo, no tiene argumentos de peso para negárselo a estas dos repúblicas”. Las conclusiones en favor de semejante variante de resolución de este delicado problema atestiguan la originalidad del enfoque sobre las cuestiones internacionales.

 

La base legal de los vínculos bilaterales de nuestros países se asinta en el Tratado sobre relaciones asociadas suscripto en 2006. Fue concluido con un plazo de diez años y una posible prolongación automática para los subsiguientes cinco años. Además del desarrollo del comercio y la ampliación de las inversiones el tratado está centrado en la cooperación en los ámbitos de las tecnologías de punta, la sanidad y la agricultura y presupone una serie de medidas concretas para la ampliación de los contactos en ciencia, cultura, educación y deportes. En aras a la justicia, corresponde señalar que no están activadas todas las reservas. Por desgracia, no se logró todavía alcanzar el anterior volumen de comercio. En la práctica no se establecieron contactos entre empresarios. A lo dicho corresponde agregar que Rusia considera al Perú como un socio promisorio en la costa pacífica del continente. Dicha circunstancia permite confiar en que las relaciones adquirirán un impulso complementario.

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