Las ciberguerras que nos esperan

Las grandes potencias están apostando por una nueva forma de actuación en el sistema internacional, a través de la red. El ciberespacio ha revolucionado las relaciones humanas en todos sus aspectos. El uso de Internet ha eliminado barreras culturales y ha posibilitado el intercambio de información en tiempo real. Al mismo tiempo, este fenómeno incide directamente en la política internacional.

Cada vez son más los países preocupados por su seguridad en el ciberespacio. El hecho de que no se necesiten grandes recursos materiales para acceder a la red habilita a los estados más pequeños a competir al mismo nivel que las grandes potencias, invirtiendo así la dinámica de las relaciones de poder en el sistema internacional.

Además, cuanto más desarrollado esté el país será más dependiente del ciberespacio, lo que genera una mayor vulnerabilidad frente a un posible ataque, como es el caso de Rusia, China, Francia y Estados Unidos. Por otro lado, los estados menos desarrollados, es decir, menos dependientes del ciberespacio, tienen pocas posibilidades de ser víctimas de un ciberataque, aunque en teoría tienen la misma capacidad de ofensiva, sirvan como ejemplo Irán o Corea del Norte.

Ya es posible encontrar algunos ejemplos de ataques a través del ciberespacio. Ahí está el golpe que Israel propinó a los radares sirios en el 2007, los ataques a diferentes páginas web durante la guerra ruso-georgiana del 2008, el ataque del virus Stuxnet al programa nuclear iraní en 2010 y el conflicto Google vs. China que comenzó en el 2010 y ha resurgido este año, entre muchos otros.

Pero esto no es todo, las características del ciberespacio permiten que no se requiera ni una estructura ni una burocracia estatal para incidir a nivel internacional. Ya existen varios grupos que se dedican a hackear sitios web de otros países con el objetivo de robar información, causar daños o simplemente demostrar su capacidad de ataque frente al enemigo.

En este sentido hay que enmarcar los ciberataqes sucedidos en diferentes lugares del mundo, pero principalmente en Estados Unidos. Allí, dos grupos de piratas informáticos conocidos como “LulzSec” y “Anonymous” tomaron la decisión de unirse para lanzar la autodenominada “Operación Antiseguridad”, que consiste principalmente en una serie de ataques contra las principales compañías y los organismos gubernamentales.

El rápido desarrollo de este fenómeno a nivel global y la diversidad en sus posibles formas de ataque hace que las estructuras burocráticas del estado, tanto a nivel interno como internacional, no logren adaptarse fácilmente y fallen a la hora de garantizar tanto la seguridad nacional como la de cada uno de sus usuarios. Si bien algunos países han comenzado a legislar sobre cuestiones relativas al ciberespacio y al uso de Internet, el Derecho Internacional aún no ha logrado alcanzar un consenso para combatir las amenazas que presenta este nuevo espacio virtual.

El nuevo escenario genera una situación de suma complejidad, sobre todo, dada la incertidumbre existente en la relación entre estado y ciudadano. Los grupos de piratas informáticos generalmente persiguen intereses nacionales, pero no están viculados necesariamente con sus propios gobiernos. Este es el caso de los ataques que recibió Estonia en el 2007, a los que se les atribuyó origen ruso dada la coincidencia temporal con un conflicto entre ambos gobiernos debido a la retirada de un monumento al soldado soviético en la capital estonia.

A partir de entonces la OTAN decidió crear un Comando de Ciberdefensa en Tallin, Estonia, dando por supuesto que tanto Rusia como China se presentaban como potenciales amenazas. Este Comando se inauguró en el año 2008 y le siguió una aplicación de medidas similares en otros países europeos como Francia, Reino Unido y Alemania.

Por su parte, Barack Obama estableció que las Fuerzas Armadas de EE UU pueden perpetrar ciberataques contra supuestos enemigos con el objetivo de defender los intereses nacionales. Además, dio otro paso más en este sentido y dispuso que el ejército puede hacer uso de la fuerza convencional contra cualquier otro país en caso de ser víctima de un ataque cibernético considerado amenaza a la seguridad nacional.

Así las cosas, podemos sostener que los ciberataques se suman a la larga lista de “nuevas amenazas” presentes en el mundo de hoy. En este sentido, el ciberespacio trae consigo un nuevo escenario global donde la seguridad internacional se torna mucho más compleja y donde resulta prácticamente imposible definir quién es el enemigo y cuál será su estrategia de combate.

Lic. Sergio G. Caplan es investigador del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI)

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