¿Cuál es el recuerdo más típico tras un viaje a Rusia?

Vodka, matrioshkas, un gorro de piel con orejeras... Foto de Itar-Tass

Vodka, matrioshkas, un gorro de piel con orejeras... Foto de Itar-Tass

Un gorro de piel con orejeras, un juego de matrioshkas y una botella de vodka fueron los sencillos recuerdos que el banquero Todd compró tras su primera visita a Rusia. Cuando volvió a Moscú unos años después en viaje de negocios, le sorprendió descubrir que los sombreros con orejeras sólo los usan los extranjeros o los artistas bohemios, las matrioshkas son decoradas por empleados chinos del mercado de Izmailovski que trabajan con un mínimo margen de beneficio y el vodka… “Sí, tal vez eso sea lo único que ha resultado ser genuino”, señala Todd. Todavía no ha decidido qué recuerdo va a llevarse en esta ocasión a EE UU. De momento, el candidato número uno es Cheburashka, el famoso personaje de dibujos animados elegido como mascota de los Juegos Olímpicos de invierno de 2014, que se celebrarán en Sochi.

Por lo general, los recuerdos que uno compra son objetos tradicionales que no requieren explicación alguna. Sin embargo, tal y como señala el analista cultural Serguéi Tarabarov, “en Rusia hay un problema,ya que la historia postsoviética no ha producido novedades, aparte del nombre “Putin”. La mayor parte de los símbolos soviéticos están muy desactualizados. Para muchos, las siglas KGB tienen el mismo peso que los gángsteres de Chicago de la década de 1930. Se trata de una parte de la historia, pero no explica debidamente la actualidad. ¿Dónde y qué podríamos buscar?

Una pequeña pieza de arte moderno en forma de miniatura creada por un artesano desconocido de provincias puede decir mucho más de Rusia que todo lo que se exhibe en las tiendas libres de impuestos. Esta es la opinión del galerista Mijaíl Krokin. Todo depende de las experiencias que uno viva en Rusia. Siempre se puede añadir alguna excursión menos turística, al margen de los principales destinos que figuran en las guías, aconseja Serguéi Tarabarov. Por ejemplo, la ciudad de Ples, en la región de Ivánovo, tierra natal del célebre paisajista ruso Isaak Levitan. Cuando se visita el museo que alberga la casa de Levitan, donde se exponen obras suyas y de sus contemporáneos, se puede comparar el estilo artístico de la época con el de los pintores actuales que interpretan los paisajes de la zona del Volga.

Si no desea marcharse de Rusia sin haber probado el vodka, puede empezar a familiarizarse con la bebida en la tierra natal de Peter Smirnoff, creador de la célebre receta de “vino de mesa nº 21”, en la región de Yaroslavl. En Uglich hay un museo del vodka y en Myshkin hay otro dedicado al propio Smirnoff. Pruebe los distintos tipos, conozca la historia de la bebida y, por supuesto, llévese a casa alguna botella de ambos lugares. Sólo unas decenas de kilómetros separan las dos ciudades. Además del vodka, en Myshkin se puede visitar el museo de las “valenki rusas”, las tradicionales botas de fieltro y aprender cómo se fabrican. Es una buena ocasión para adquirirlas y complementar la colección de calzado invernal. Por otro lado, aquí hay también un peculiar “Museo del ratón”, en el que los turistas pueden conocer a sus “compatriotas”, ya que hay ratones de EE UU, Gran Bretaña, Alemania y hasta de Singapour. Uglich, perteneciente al “Anillo de Oro” de Rusia y famosa por sus iglesias y monasterios, es un lugar esencial para los amantes del turismo histórico.

La historia de la humanidad es una historia de guerras con breves intervalos destinados a establecer condiciones para la paz, sostiene el artista Dmitri Tsvetkov, que sugiere echar un vistazo a Rusia a través de la lente de la indumentaria militar. Los rusos son verdaderos expertos en la fabricación de armas y equipos militares. Si desea conocer la historia de los tanques, incluidos los tanques rusos y algunos trofeos exclusivos de la Segunda Guerra Mundial, no dude en visitar Kubinka, donde se encuentra uno de los museos de tanques más grandes del mundo.

Nadie pretende que se lleve un tanque a casa, pero los recuerdos que guardará en la memoria perdurarán en el tiempo. “No le resultará nada fácil volver a la vida normal y pacífica”, advierte Tsvetkov. Si visita la ciudad a principios de otoño, es muy probable que en la carretera que va a Moscú vea más de una persona con ropa de camuflaje y cestos de mimbre. No son partisanos, sino buscadores de setas que saben muy bien cómo hay que vestir en los bosques. Y si se fija bien notará que hay abuelas con fines pacíficos ataviadas con esta indumentaria, la usan para estar en sus pequeños huertos, al igual que los pescadores que se acercan a un agujero cortado en el hielo de un río congelado, y es que hasta el presidente de Rusia utiliza esta ropa, de modo que quizá no sea descabellado decir que ya se ha hecho un hueco como uno de los símbolos de Rusia, sonríe Tsvetkov.

El artista señala que no importa qué recuerdos acaben metiéndose en la maleta, ya que lo realmente importante es lo que uno se lleva en el alma, lo que vio y lo que recuerda. Rusia es un país de gran diversidad, y Moscú y San Petersburgo no son más que una parte de la historia. Si viaja un poco más, sin duda alguna encontrará algo que le resulte muy especial.

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