Aventura Transsiberiana: un viaje “desmitificador”

Foto cortesía de servicio de Gustavo Hartingh

Foto cortesía de servicio de Gustavo Hartingh

Gustavo Hartingh, alias “El Colo”, se proclama a si mismo como “el gurú de los adictos a los destinos raros”. Argentino, guía de los fanáticos de las “4x4”, desde hace años se dedica a recorrer junto a sus seguidores los destinos más exóticos del mundo. Empezaron por el norte de Argentina, siguieron por Machu-Picchu, África, Australia… y desde el 2010 agregaron a su lista el recorrido Transsiberiano. En avión hasta San-Petersburo, de ahí a Moscú en el famoso tren “Krasnaya Strela” (“Flecha Roja”), después, otra vez avión para llegar a la ciudad de Irkutsk, el corazón de Siberia. Y además un tramo del famoso ferrocarril Transsiberiano. Todo un reto…Bueno, esta era la idea de los 25 aventureros que decidieron atravezar el país de punta a punta, teniendo a Gustavo de guía.

Usted ya ha estado en Rusia antes?

 No. Para mí también iba a ser un descubrimiento. Yo veía Rusia como algo demasiado lejano, y a decirte la verdad, rígido, casi violento, asociado a prohibiciones. Mira, mi padre era lituano, de Vilna. Durante la Segunda Guerra su familia participó en la resistencia polaca, pero después llegaron los rusos los tomaron como prisioneros de guerra y finalmente fusilaron a todos. A eso agrégale la imagen que crean las películas norteamericanas, donde sale la mafia rusa y estas cosas… Hasta el año pasado nunca imaginé que iba a pasear por allá.

Cómo surgió la idea de ir, entonces?

Fue la curiosidad. Pero ni siquiera se me ocurrió a mi. Lo que pasa es que la gente que me contrata para las travesías 4x4 es bastante especial… Son unos verdaderos adictos a los viajes. Ya fuimos juntos por el norte de Argentina, a Machu-Picchu, pero siempre se buscan nuevos destinos y nos largamos a la Amazonia, después a Galápagos, a África… Un día me dijeron: “Y por qué no vamos a Rusia?” Bueno, por qué no. Hoy gracias a internet es fácil arreglar cualquier viaje. Y cuánto más exótico, mejor!

Entonces, en el camino esperaban toparse con la KGB, osos con balalaikas y personas armadas de hoces y martillos?

Tampoco tanto (se ríe). Teníamos claro que las cosas habrán cambiado mucho. Esta era la gran incógnita: con qué nos vamos a encontrar? Mira: mis clientes normalmente son personas de 50 a 60 años, gente que tiene empresas propias, trabaja todo el año como loca, y por lo mismo no le queda tiempo para leer o buscar información no relacionada con el trabajo. Andan con la cabeza llena de preocupaciones, cálculos, necesidad de planificar esto y lo otro… Por eso les gustan los deportes de aventura, donde tienen que hacer cosas que en su vida diaria no hacen. Y les gusta lo espontáneo. Ellos buscan que alguien o algo les sorprenda.

Y qué sorpresas tuvieron durante el viaje a Rusia?

Justamente, había sido un viaje “desmitificador”. La Rusia del cliché ya no existe. Para empezar, es un país amigable. Segundo: está fuertemente invadido por el occidente. Hablando con gente (mediante nuestras bellas intérpretes, claro) nos dimos cuenta de que no se les tiene demasiada simpatía a los norteamericanos… Pero en ninguna parte vimos tantos Audi y Porsche último modelo, como en Sant-Petersburgo y Moscú.Yo quería encontrar aunque sea un Lada, y creo que no vi ninguno! La gente se viste a la moda europea, por todos lados están las “boutiques” de los diseñadores de renombre. Mientras los trajes típicos con suerte se ven en los shows folcklóricos para turistas.

Otra “frustración”: pensamos encontrar un país militarizado, ver un tanque, algún lanzador de misiles, no sé, y no había nada. Sólo piezas antíguas en los museos especializados que tampoco son muchos. Al final ya no hallábamos la hora para volar a Irkutsk: a ver si en Siberia todavía queda Rusia “auténtica”.

Y qué pasa con los museos, las iglesias, los palacios – tantos que hay en Moscú y San-Petersburgo – no son una muestra suficiente de autenticidad?

Lo son, sin duda alguna. Y son monumentos bellísimos. Pero la cantidad de los mismos resulta un poco abrumadora para alguien como nosotros, que, como país, venimos apenas con un bicentenario a cuestas… En Argentina no tenemos tantas figuras ni tantos monumentos propios, como para cargar con los ajenos. Y los guías rusos te hablan por ejemplo del cuadro “x” de un palacio "y", que era el favortio de los condes y príncipes del siglo XIV-XV.

En Siberia fue distinto?

Sí. Ya era Rusia “legítima”, quizás con menos lujos y gente más tímida. En algunos lados incluso se veían restos de murales con propaganda soviética y uno que otro recordatorio de aquella época. Los paisajes ni hablar… El primer lugar donde nos alojamos fue un hermoso hotel en el pueblo de Lystvianka, a 65 kms de Irkutsk, con vista al mismo Baikal. Fue nuestro primer contacto con esta maravilla siberiana (de hecho el lago mas grande y profundo del mundo) y naturalmente con su afamado “omul”, el pescado ahumado.


Y el famoso tren de las películas, El Transsiberiano?

Para el tren faltaba todavía. Al día siguiente hicimos un tramo en bus desde Lystvianka hasta el puerto y después otro en ferry, que nos llevó hasta la Isla de Olkhon – la más grande del lago. Casi un día entero de viaje, pero "al toque" de llegar ya estábamos compartiendo comida y bebida con una tradicional familia buyarta.

Los buriatas son una etnia nativa de Siberia, no?

Sí, una de otras tantasNos sorprendió que tuvieran los ojos rasgados, unos completos asiáticos… Bastante contraste con lo europeos que son los rusos de San-Petersburgo y Moscú. Los buryatas viven en unas casas tradicionales hechas con troncos de madera y nos hicieron sentir muy bienvenidos en su tierra… Hasta nos dimos el lujo de intentar bailar algunas danzas nativas. El pescado, los quesos, el té, el jugo caliente, la leche de cabra - y vaya a saber cuantas cosas más nos dieron a probar.

Tuvieron la oportunidad de navegar por Baikal?

No solamente navegar... Uno de los nuestros me pidió que organizara una salida de pesca. Así que a las 5 a.m. del día siguiente, 3 personas partimos a enfrentar el frío siberiano en una UAZ (híbrido ruso entre una combi y 4x4) que nos llevó a tomar el pesquero de nombre “Tifón”. Pensamos que se trataba de una lancha cualquiera, y grande fue nuestra sorpresa al ver que era el barco más grande del puerto… Un monstruo de hierro con más de 20 metros de eslora. Parecía un verdadero rompehielos.

Íbamos a pescar con un método tradicional siberiano: o sea, encallar el barco de frente a una playa de rocas y dando motor, remover con la hélice el fondo. De esta forma se liberan nutrientes que son devorados por estos enormes peces de 1,20 de largo y mas de 11 kilos de peso. Mientras se llevó a cabo dicho procedimiento nos instalaron en un amplio comedor del barco (repleto de fotografías y acuarelas de la fauna siberiana) y aunque sólo habíamos pedido un café, la cocinera, orgullosa de su plato, nos llevó rodajas de omul ahumado…Y lo tuvimos que comer, a pesar de falta de costumbre. Lo peor de todo fue que finalmente no pescamos nada. "No-fish" dijo nuestro escueto guía de pesca Anatoly. Tal vez porque hoy no hay sol, agregó.

No se repitió el intento?

No. Como buenos fanáticos de travesías sobre ruedas, alquilamos por 3 días estas UAZ, muy parecidas a nuestras queridas "pan lactales" Volkswagen. Y después ya era tiempo de tomar el Transsiberiano. Íbamos a hacer uno de los ramales que va hacia Mongolia, porque después seguíamos a China.Viajar en tren también fue una experiencia “desmitificadora”. A pesar de lo que sale en “El expreso de medianoche”, no había mafiosos con gafas negras vendiendo droga en los vagones.

Qué tal la atención a bordo?

Poca o inexistente… Camarotes calefaccionados, eso sí. Comida pasable. En el pasillo había una especie de “samovar” para que uno pueda servirse té. Pero las azafatas no hablan inglés ni nada y andan con caras de enojadas. Creo que en general Siberia está en proceso de búsqueda de una identidad turística, pero no sabe por dónde empezar.

Resumiendo: lo mejor y lo peor del viaje a Rusia?

Lo peor: el idioma ruso! (se ríe) Hay muy poca gente en la calle que habla inglés, el español – ni mencionarlo. Así que mi recomendación a los que vayan a viajar: busquen un guía bilingüe. Los 25 euros diários se justifican plenamente.

Lo mejor: el oro de las cúpulas en Sant-Petersburgo y la calle Arbat en Moscú, ahí donde está el “Hard-Rock Café”. También las pieles! Creo que nuestras mujeres vaciaron varias tiendas al encontrar chinchillas a precios espectaculares. En general Rusia no es tan caro, como se cree. No hay mucha diferencia con Buenos Aires. Este es otro “mito” que desmentimos. Y en cuanto a las comidas nos gustó “Kroshka-kartoshka”, una cadena al estilo “fast-food” donde te sirven papas pisadas en papel aluminio con relleno. En fin, este año voy a repetir la experiencia, ya tengo 15 parejas inscritas.

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