Pasarse al verde

Aparecen en Rusia las primeras empresas que han convertido sus oficinas en “espacios verdes”. Foto de PhotoXpress

Aparecen en Rusia las primeras empresas que han convertido sus oficinas en “espacios verdes”. Foto de PhotoXpress

Hasta hace poco en el mundo de los negocios el adjetivo “verde” se refería tan sólo a los dólares. Ahora también se aplica a las oficinas. Se trata de un gran paso adelante en la conciencia ecológica de los rusos.

El pasado junio dos organizaciones rusas, el Instituto de comunicación, arquitectura y diseño Strelka y la oficina de la empresa de seguros Ingosstrakh en Sochi, fueron las primeras en obtener el certificado ecológico llamado “Hoja de vida. Eco-oficina”, expedido por la Unión Ecológica de San Petersburgo. Se trata de una certificación que se solicita voluntariamente y se basa en el cumplimiento de las exigencias de los estándares internacionales adoptados a Rusia. Además de estas dos organizaciones existen otras que intentan adecuar sus oficinas para minimizar en lo posible el daño al medio ambiente.

El ejemplo de Strelka


El Instituto de comunicación, arquitectura y diseño “Strelka” tiene dos años. Durante este tiempo ha intentado trabajar de una manera sostenible; sus locales aprovechan la luz natural en la medida de lo posible, se utilizan bombillas de bajo consumo y se han instalado lavabos e inodoros de descarga dual para ahorrar agua. La documentación es electrónica y se ha reducido el uso de papel. Sin embargo, la adaptación a los estándares “verdes” y la preparación de la certificación llevó medio año.

“Cuando empezamos a dar los primeros pasos, aparecieron las primeras dificultades”, cuenta la coordinadora de programas públicos de Strelka, Natalia Dubovik. “Empezamos con la recogida selectiva de basuras. Pasado un tiempo, nos enteramos de que nuestro servicio de recogida de desechos se llevaba nuestras basuras separadas y las mezclaba. Tuvimos que buscar otra empresa. Además, resultó difícil encontrar en Rusia contenedores de basura para la calle adaptados a la recogida selectiva, con tres cubos dentro. Nos vimos obligados a encargarlos en Italia.

“Strelka es una organización minúscula, será difícil cambiar algo si lo hacemos solo nosotros”, dice el presidente del instituto Ilyá Oskólkov-Tsentsíper. “Lo importante es que presenciemos el nacimiento de una historia que se reproduzca, que anime ala gente y demuestre que es posible y no es solamente algo que hacen unos locos alemanes. Lo hacen también unos rusos locos”.

A punto de despegar


Cuando faltan tres años para la Olimpiada de Sochi, la empresa de seguros Ingosstrakh, socio de los XXII Juegos Olímpicos de invierno, ha abierto en esta ciudad una oficina ecológica decorada incluso con materiales “verdes”. Aquí la iluminación es de lámparas luminiscentes y LEDs, se ha instalado un sistema de control automático de energía eléctrica, existe la posibilidad de regular la intensidad de la calefacción, se controla el gasto del agua. Toda la documentación se imprime en papel reciclado. Las basuras se recogen por separado. A la pregunta de si se ha calculado el efecto económico de la transición de la oficina a los estándares ecológicos, Tatiana Kovaliova responde:

“Para calcular el ahorro que supone una oficina sostenible se necesitan estadísticas de, por ejemplo, uso de agua y energía eléctrica durante medio año como mínimo. La experiencia internacional demuestra que las inversiones en la organización de una oficina sostenible se pueden rentabilizar pasado medio año”.

Ecología anticrisis


La empresa rusa UPECO, que crea y desarrolla marcas comerciales, inició su proyecto “Oficina Verde” en noviembre de 2009, el año de la crisis. Al principio decidieron ahorrar papel, luego empezaron a controlar el uso de agua y electricidad. En la oficina aparecieron carteles: "¡Ahorre energía eléctrica!", "¡Apague la luz al marcharse!".

Aunque a lo que se le está prestando una atención especial es al uso de la vajilla de plástico. Se ha calculado que cuando empezó el proyecto en esta oficina de 110 empleados, se tiraban unos 500 vasos al día de media, lo que supone 11.500 al mes. Si se tienen en cuenta la cantidad de días laborales, implica 124.500 al año. Estas cifras causaron una gran impresión, así que empezaron a organizar “días sin vajilla de plástico” una vez a la semana. ¡En medio año el uso de la vajilla de plástico se redujo a la quinta parte!

En la empresa son conscientes de que cualquier novedad puede provocar resistencia. Entre los argumentos en contra de las medidas de ahorro, se ha llegado a decir que “el uso de servilletas de papel supone más desperdicio que el de papel para imprimir” o que "si no se usan vasos de usar y tirar, aumentará el gasto de agua y se contaminará la naturaleza con productos de limpieza". Pero poco a poco la gente empieza a comprenderlo. El deseo de la empresa por vivir de una manera ecológica es más importante.

Aportación bancaria a la naturaleza


Los empleados del banco Barclays llevaron a cabo un experimento durante quince días: calcularon los resultados económicos del trabajo sostenible. Fue un banco ruso el que realizó el estudio, aunque la organización en sí sea multinacional.

En el banco se han instalado bombillas de ahorro, existen sensores de movimiento en los aseos y se aplica la estrategia de la impresión centralizada, es decir, las impresoras son pocas y se encuentran en otras plantas, alejadas de las oficinas de los empleados. El banco se ha mostrado especialmente sensible al tema de la conservación y el crecimiento de los bosques. Además de intentar imprimir hojas a doble cara, el año pasado plantaron un bosque de serbales.

Ahora se ha decidido llevar a cabo un experimento en el propio banco. Van a trabajar una semana sin límites respecto al uso de los recursos y la siguiente van a intentar ahorrarlos. En principio, los resultados del experimento deberían convertirse en un argumento serio a favor de la oficina sostenible.

En última instancia, ¿se trata de ahorrar y obtener así algún beneficio o de ser consciente y actuar moralmente?“Intentamos evitar la palabra “ahorro”, porque molesta a todo el mundo”, dice Román Sablin, socio gestor de la Agencia de Consultoría Ecológica GreenUp, que ayudó a Strelka a prepararse para la certificación. “Hablamos de un uso responsable y racional de los recursos. Decimos que una oficina ecológica es una oficina eficaz. Una oficina que revisa sus mecanismos internos y encuentra los puntos de fuga de energía y recursos”.

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