Las olas rotas del tiempo

La película española “Las olas” dirigida por Alberto Morais

La película española “Las olas” dirigida por Alberto Morais

La película española “Las olas”, dirigida por Alberto Morais y con Carlos Álvarez-Nóvoa y Laia Marull como protagonistas, ha sido galardonada con el “Jorge de Oro”, el máximo galardón que concede el Festival de Cine de Moscú. El actor español Carlos Álvarez-Nóvoa recibió el premio conocido como “Jorge de Plata” al mejor papel masculino.

Según ha comentado a “Rusia Hoy” la actriz británica Geraldine Chaplin, presidenta del jurado del festival, “Las olas” “es una pequeña joya, una obra perfecta que nos ha gustado a todos. El autor cuenta la historia de una forma muy exacta y sencilla, a través de una “road movie”, donde los ruidos y los pequeños detalles permiten expresar la tragedia interior del protagonista y la superposición de las capas históricas. Todo esto lo hace de manera no verbal, en un lenguaje puramente cinematográfico”. Cabe destacar que anteriormente esta película fue galardonada también con el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica “por su síntesis de sencillez y fuerza emocional”.

Conceptualmente “Las olas” es una reflexión acerca de lo formulado por el escritor argentino Ernesto Sábato en “España en los diarios de mi vejez”. Se trata de un viaje que el octogenario Miguel emprende tras la muerte de su esposa, un viaje al pasado. “He vivido en un tiempo histórico de ruptura y tan viejo soy, que hay en mi distintos sedimentos, como en las montañas”, estas palabras de Sábato podrían pertenecer igualmente al personaje de Carlos Álvarez-Nóvoa. El protagonista de Las olas regresa a Francia donde estuvo internado en un campo de concentración hace medio siglo, lo que representa una clara defensa de la recuperación de la memoria histórica, según las palabras del propio Morais. Quiere volver a un lugar donde perdió demasiadas cosas, casi todas ellas irrecuperables, y se abstrae en sus pensamientos, o más bien “microsueños”, en los que llega a volver a dotar de vida a las personas que ya se han ido. Interactúa entonces con esos fantasmas del pasado, con sucesos que ya no puede cambiar. Al final del camino Miguel pasea por las calles de Argelès-sur-Mer. Un lugar que no puede dar respuesta a todas las preguntas que lo impulsaron a emprender ese lento regreso en la historia de su propia vida, constituyendo un círculo vicioso.

Se trata de un viaje existencial y físico, un tránsito que supone una aventura iniciática, en donde al parecer no pasa prácticamente nada. La incomunicación de los personajes, el minimalismo de los diálogos y el prolijo montaje, constituyen rasgos característicos del lenguaje de Alberto Morais. El movimiento en esta “road movie” es antes que nada un recorrido interior. Seguimos la mirada del protagonista, nos sumergimos en subjetivos paisajes cambiantes. Al final, nos transportamos junto con el personaje a lugares indescriptibles, tanto de España, como del alma. Esto ilustra la convicción de Alberto Morais, expresada por el propio cineasta en la ceremonia de entrega del galardón, en donde expresó que “el cine sirve para que el público se identifique con la película”.

Los detalles tienen una fuerza muy concentrada y se aluden virtuosamente a obras de Wim Wenders y Michelangelo Antonioni, así como del cineasta turco Nuri Bilge Ceylan, autor del notable film Uzak (“Lejano”). En este sentido, al principio de la película, Miguel va en su viejo coche por la carretera sintonizando la radio, y encuentra un curso de guitarra que transmite una emisora. Lo mismo hace el personaje de “Historia de Lisboa” de Wenders, que termina escuchando un curso de portugués. Una explicación de como se hace la música, de su lado aritmético, que no llega a ser música real o unos ejemplos esquemáticos del lenguaje, una lengua rota que no llega a presentar ninguna comunicación. Asimismo, a los dos personajes que deambulan en medio de la nada, por un lado, Rüdiger Vogler en la película de Wenders, y por otro, Carlos Álvarez-Nóvoa en la de Morais, se les estropea el coches. Parece oportuno también hablar de varios paralelismos entre “Las olas” y “Paris, Texas” de Wenders. Sin duda, Morais comparte varias preocupaciones y obsesiones temáticas con este director de culto, creador de las “road movies”. Los personajes de ambos realizadores están fugándose, desarraigados, y transitan por carreteras, bares o casas. Son seres emocionalmente lastimados, cuya actitud es de distanciamiento y de aparente falta de emoción. Tal y como reconoció Morais al presentar su trabajo: “la zozobra existencial, la predilección por los tiempos muertos, los largos “travelling” hace de “Las olas” una película “sobre heridas sin cicatrizar”. El director añadió que es una historia sobre la soledad de la gente cuyo dolor no disminuye puesto que “la tragedia que vivieron no fue reconocida”.

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