La paradoja de los bares rusos

Uno de los fenómenos relacionados a cualquier proceso de modernización es la rápida transformación del espacio público; en una sociedad y economía en transición nuevas oportunidades y ofertas aparecen, la pregunta es qué ocurre con lo viejo y si es cierto que las posibilidades de escapada (huída, vida paralela, automarginación…) se ven reducidas.

Una noche en el "Proekt-OGI". Foto de Francisco Martínez

Este artículo repasa la evolución de varios bares de Moscú y San Petersburgo, y a través de ellos el ocio en el espacio público ruso. A pesar de que algunos locales importantes quedaron fuera de esta lista, los referidos en el texto reflejan parte de los cambios experimentados en Rusia, además de que son los que yo he frecuentado. Si en el texto aparecen continuos apuntes temporales y personales (igual demasiados), es con el ánimo de introducir al lector en el contexto, con la libertad que permite el formato blog.

La situación de la hostelería rusa es un tema vasto, con muchas particularidades y condicionantes históricos y geográficos. No obstante, este artículo no pretende responder por qué el servicio suele ser tan malo (¿Poca tradición hostelera?), por qué los camareros suelen estar de mal humor (¿Incomodidad por el hecho de servir, igualitarismo?), o por qué el número de trabajadores siempre dobla al de clientes (¿Salarios bajísimos?), sino cómo los cambios sociales se reflejaron en algunos locales de ocio rusos.

A pesar de todo, el porcentaje de la población que sale a los bares sigue siendo bajo, ya que –por suerte- ha pervivido la tradición de reunirse en el apartamento de los amigos o de comprar algo en el quiosco y sentarte en el banco del patio a pesar del frío. Sin embargo, estas prácticas y las de ir de bares son cada vez más “complementarias”, como puede ocurrir en España con el botellón.

Igual es porque en estos momentos no vivo en Rusia, pero una cuestión me queda sin resolver: ¿Dónde va la gente cuando el bar donde solían salir se vuelve más “exclusivo” o sube sus precios de forma desmesurada? Lo cierto es que nuevos bares no paran de abrir, incluso al estilo tecno-berlinés: macrodiscotecas en antiguas factorías de la periferia… sin embargo, esa continua novedad te obliga a mantener una alta actividad en redes sociales, además de gran predisposición a experimentar y descubrir locales nuevos.

Posiblemente en esto está el paradigma del nuevo “Gulyat” (ir de juerga) en Rusia: excitación por la apabullante novedad, pero cansancio del constante cambio (no siempre para mejor).

La paradoja del “Proekt-Ogi” & “Bilingua Café”.

http://www.proektogi.ru/

http://www.ogi.ru/

http://www.bilinguaclub.ru/

http://www.piterogi.ru/

Todo comenzó con el verbo. Y es que los propietarios del bar, sala de conciertos, librería y cantina “Proekt-Ogi” fundaron su imperio hostelero tras crear una editorial: OGI (Editores Humanitarios Unidos) allá por el pozo sin fondo que fueron los noventa en Rusia. Años después, poco antes o poco después del atentado a las torres gemelas de Manhattan, el grupo OGI abrió un espacio en el que la librería y los conciertos de grupos noveles tenían predominancia y marcaban el carácter del local. Cuando me llevaron por primera vez al Proekt-Ogi quedaba algo salvaje y clandestino en el ambiente. Corría el 2005, todavía no era muy conocido, los extranjeros empezábamos a llegar, los porteros eran amables, los conciertos baratos… la cerveza igual de mala.

Al Proekt-Ogi te tenían que llevar. No había carteles. Ni aparecía en guías. Cruzabas callejones, túneles de obras, saltabas borrachos del entonces degradado “Chisty Prudi”, pasabas a un patio similar a muchos otros, y al final, a la derecha, abrías una pesada puerta de metal, bajabas y te adentrabas en el subsuelo de Moscú como Alicia en el país de las maravillas.

Era divertido, imprevisible, histriónico (incluso hacer cola para ir al baño era una risa), podías salir cualquier día de la semana, nunca sabías lo que te iba a pasar ¿Despertarías en comisaría o en casa de una desconocida con un gato sobre tu pecho? Apenas dos cosas eran casi seguras: el dolor de cabeza al día siguiente y las canciones de dibujos animados soviéticos a partir de las seis de la mañana. También en los cafés “Pir-OGI” encontrabas ese ambiente, aunque eran espacios más tranquilos... ¡casi todos los días había algún encuentro literario o lectura de poesía! Con ese mismo espíritu abrieron el “Bilingua Café”, creo que en el 2006; cuando yo entré por primera vez estaba todavía en obras, y el salón-comedor de la izquierda y el espacio de abajo que luego dedicaron a la tienda de ropa hacían de trastero para los materiales de construcción.

El músico Psoi Korolenko. Foto de Francisco Martínez

El diseño era más sofisticado que los precedentes. A la derecha, por la escalera, subías al bar, y por abajo, a la izquierda, entrabas en una librería de dos plantas y una buena colección de literatura, ensayos, libros de arte, revistas...

Cada año que pasaba encontraba más y más gente en todos estos lugares. Consecuentemente los precios también subían, y por regla de tres los clientes eran cada vez más jóvenes (¿niñatos?) y los porteros más gorilas. Por ejemplo, de 2006 a 2008, el precio medio de los conciertos en el Proekt-OGI se duplicó (De 200-250 a 400-450). En el Bilingua todas las actuaciones y eventos pasaron a ser de pago, y la última vez que estuve allí (junio 2011) ya tenías que pagar (500 rublos por persona, 12,5 euros) para poder sentarte en una mesa. La paradoja del “Gogol”.

http://www.gogolclubs.ru/

http://www.kv44.ru/

http://www.clubmayak.ru/index.php

http://www.jan-jak.com/?module=about

Durante muchos años ir al “Gogol” o al “Pir-OGI” era como ser del Barça o del Madrid. Ambos tenían varios locales, un ambiente alternativo y precios populares. No sé cuándo el Pir-OGI ganó la partida, pero sí que a principios de 2006 descubrí que el Gogol de la calle Petrovka se había convertido en un restaurante caucásico especializado en cognac armenio.

Desde entonces, varias veces he pasado por el único Gogol que todavía sigue abierto, por Teatralnaya, pero el ambiente siempre me pareció estar de retirada. Aun así, al ojear por la web del Gogol encuentro links y referencias a otros locales de moda, como el Kvartira 44, el Mayak o el Jean Jacques ¿Serán del mismo grupo? ¿Habrán creado la alianza anti-OGI?

La paradoja del “Fish Fabrique” & “GEZ21”.

http://www.fishfabrique.spb.ru/

http://a-a-ah.ru/en/gez-21

http://www.lonelyplanet.com/russia/st-petersburg/restaurants/vegetarian/troitsky-most-3

Que un bar anteponga el objetivo de ganar dinero a cualquier otro es totalmente legítimo, pero que no lo haga es maravilloso. Por supuesto que tienen que ser rentables para poder abrir, pero se trata de prioridades y de darle cierto carácter del local. Precisamente, si de algo pueden presumir los garitos del edificio Pushkinskaya10 es de carácter y solera underground. De entre todos los locales que conozco en Rusia, estos y el café Troitsky Most son los que más he frecuentado.

En el caso del Fish Fabrique, la música siempre suele ser bastante buena, y el ambiente divertido y relajado. A veces también organizan conciertos, con música para casi todos los públicos. Tanto a este local, como al GEZ21 siempre suele ir más o menos la misma gente, por lo que tiene algo de parroquiano. El GEZ21, por su parte, combina cierto hippismo con los sonidos más vanguardistas de Rusia. La paradoja del “Bar Griboedov”.

http://www.griboedovclub.ru/en/about/

En el caso del Bar Griboyedov primero fue el Funk-Ska de Dva Samolioty y después el garito. Dos de los integrantes del grupo abrieron un local en un antiguo bunker de la segunda guerra mundial donde poder tocar ellos y sus amigos. Pronto se convirtió en una referencia, un espacio de libertad en un Petersburgo conocido hasta entonces como “la ciudad de los bandidos”.

Ya con Putin en el poder, esos mismos integrantes abrieron un youth hostel, llamado Hotel California, y creo que también un estudio de grabación. El Griboyedov estaba mejor decorado, organizado y limpio que el Fish Fabrique, y presumía de ser más “cool”. Después, con cada sucesiva visita al Griboyedov encontraba una nueva ampliación del local y un aumento de los precios.

Igual que a los humanos, la mayoría de edad llevó al Griboyedov al aburguesamiento. Ahora tiene una sofisticada y agradable terraza, y el búnker-discoteca está lleno de adolescentes.

La paradoja del “Liudi kak liudi”.

http://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g298484-d856280-Reviews-Ludi_kak_ludi-Moscow_Central_Russia.html

http://zenushka.blogspot.com/2009/11/breakfast-at-ludi-kak-ludi.html

Fue en mi última temporada en Moscú cuando un compañero de mi residencia de estudiantes me habló del “Liudi kak liudi”, allá por 2007. Desde entonces cada vez que quedaba con alguien proponía este local de Kitai Gorod, y en cada nueva visita a Moscú pasaba para disfrutar de sus cócteles, empanadas, buen servicio, ambiente relajado, gran vitrina a la calle y precios razonables para estar en el centro de la capital rusa.

Cierto es que en las últimas visitas tuve esperar para coger mesa (el local es muy pequeño), pero merecía la pena esperar y el servicio era amable y eficaz.

Sin embargo, cuando volví este junio al Liudi kak liudi el local estaba muy vacío, a pesar de ser sábado a medio día. Me acerqué a la barra para pedir, como tantas otras veces. Los camareros ya no eran los mismos. La gente entraba, intentaba pedir y cansada de intentarlo salía tras varios minutos de espera. Frustrado, yo tampoco aguanté y salí. ¿Ya no era mi local? ¿tenían un mal día los camareros? La próxima vez que vaya a Moscú lo comprobaré.

La paradoja del “Kitaitsky Lodgic Dzhao Da”.

http://www.jao-da.ru/

http://www.spb.jao-da.com/

Paseando por Piter descubro que el Jao Da ha abierto un local en San Petersburgo, entre Fontanka y Moxovaya. Luego, más adelante adivino que también el Pir-OGI dio el salto a Piter. Grata sorpresa, pero significativa, ya que durante mucho tiempo oí eso de “este es un bar” de Moscú, o “ese es un bar de Piter”.

¿Tendría razón Yuri Lotman cuando afirmó que los rusos entienden la realidad en forma de dicotomías? Y si es así, ¿Será que la distancia entre Píter y Moscú se ha estrechado? Lo cierto es que todavía se ven pocos “bares de Píter” en Moscú, aunque esto es más una cuestión de capital… financiero, ya que la mayoría de recursos y grandes grupos se asentado definitivamente en la capital… insituticional. El Dzhao Da fue uno de los primeros garitos en abrir tras el colapso de la URSS. Como dicen los argentinos, era un poco “trucho”, pseudo-hippie que no saber ser underground, a veces programaban conciertos regulares… pero ese carácter pionero y transgresor se palpaba en el ambiente.

Hace mucho tiempo que no voy, a veces estaba lleno, a veces vacío… pero el Jao Da merece una visita, además parece que ha mejorado. La paradoja del “Petrovich” (y el Apshu).

http://www.petrovich.ru/club/

http://www.apshu.ru/index.php?id=6&voici=6

Durante muchos años en los bares rusos uno tenía una exuberante sensación de clandestinidad. En el fondo era ficticia, algo remanente del pasado, como la tradición de dejar entrar sólo al que tenía “llave” del local. Originalmente, a uno de esos garitos te tenía que llevar un “amigo” del bar, que ya antes había sido presentado por otro “amigo”.

Yo tuve la suerte de conocer dos de ellos: el Petrovich y el Apshu. Al primero me llevó Olga Dzhima, y a ella Tatiana Pigarova, que al parecer es la persona que mejor conoce Moscú. Al Apshu me invitó Andreas, un compañero alemán en mi residencia de estudiantes. Ambos locales son fantásticos, con música en directo y una decoración particular. La idea original se ha desvirtuado un poco… ya cualquiera puede ser “amigo”, e incluso serás servido sin tener ese “status” -el dinero manda-. Aun así, algo casero y acogedor queda en el ambiente.

La paradoja del “Propaganda”.

http://www.propagandamoscow.com/

El Propaganda es el mejor ejemplo del carácter “todoterreno” de muchos bares rusos, donde puedes ir a desayunar, comer, merendar o a tener una fiesta muy muy muy loca (¡abren 23 horas al día!).

Cada vez que pienso en el Propaganda me acuerdo de mi amiga Nadjejda, y de las risas y desencuentros que tuvimos en ese garito. En el Propaganda encontramos la mejor música electrónica de Moscú y un ambiente muy curioso. Hace mucho que no voy por la noche, pero a medio día sigue teniendo un menú muy decente.

Otros bares en Piter y Moscú:

http://www.sptimes.ru/index_bp.php?action_id=128§ion=73&i_number=1663

http://www.waytorussia.net/Moscow/ClubsArt.html

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