Alerta de incendios

Mientras la burocracia pone numerosos obstáculos a las brigadas voluntarias de bomberos, los expertos temen que los incendios vuelvan con fuerza este año. Foto de RIA Novosti

Mientras la burocracia pone numerosos obstáculos a las brigadas voluntarias de bomberos, los expertos temen que los incendios vuelvan con fuerza este año. Foto de RIA Novosti

A mediados de junio Greenpeace organizó en el Parque Nacional de Meshera en la región de Vladímir un ensayo de prevención de incendios lo que testifica la posibilidad de que este año se repita el escenario del año pasado.

Los bomberos voluntarios fueron capaces de poner en práctica sus habilidades tras los entrenamientos de invierno y primavera. Desde mediados de junio se han dedicado a apaciguar incendios forestales en Meshera. Sin embargo, mientras los activistas de Greenpeace describen la situación actual como peor que la del año pasado, el ministerio de Situaciones de Emergencia asevera que todo está bajo control y que la situación ha mejorado gracias a las medidas de control y a una nueva ley de prevención de incendios.

A pesar del lluvioso tiempo en la mayor parte de junio se espera un verano caluroso, lo que dispara las preocupaciones acerca de los incendios. Según una encuesta realizada por el Centro Levada un 63% de los rusos se muestra seriamente preocupado ante la posibilidad de que los incendios afecten este año al país, el 25% de los encuentados no descarta que ocurra.

Grigori Kuskin, activista de Greenpeace Dedicado al proyecto de prevención de incendios, cree que la situación es precaria. "Es mucho peor que el año pasado", comentó. También cree que el problema es que los incendios están afectando algunas regiones distantes de Rusia, más allá de los Urales, en Siberia. "Desafortunadamente, la región de Sverdlovsk, Yakutia y la región de Irkutsk no centran la atención de los medios porque están muy lejos de Moscú", señaló Kuksin. "Se cumplen las peores predicciones. El país no estaba preparado el año pasado y tampoco lo está ahora".

En cambio, las autoridades rusas creen que la situación está bajo control. En un intento de escurrir el bulto, Elena Smirnikh, portavoz del ministerio de Situaciones de Emergencia, declaró que "se están tomando todas las medidas necesarias. Nuestros satélites observan los bosques cada día. El número de incendios está descendiendo gracias a esto. Utilizamos una tecnología nueva y muy efectiva para detectar el fuego y lo apagamos poco después de que haya empezado".

Hasta ahora, las estadísticas del ministerio ha contabilizado 217 fuegos, de los cuales 98 han tenido lugar en la región de Moscú. El año pasado a estas fechas, había contabilizados 257 incendios. Sin embargo, Greenpeace cuestiona estas cifras. Según la página web del grupo ecologista, la falta de estadísticas fiables en Rusia hace que sea difícil determinar el número exacto de incendios. Las autoridades federales y locales proporcionan diferentes datos.

"Hay muchos incendios en áreas rurales, pero esa información se suele esconder", dice Kuksin. Además el gobierno se esfuerza en desinformar a la gente acerca de la situación actual. El problema es que un cuarto de lo población actual reside en áreas rurales donde no pueden recibir ayuda a tiempo."

Por su parte, el pasado mayo el presidente Medvédev firmó una nueva ley acerca de la prevención voluntaria de incendios con el objetivo de combatir este problema. Sin embargo, algunos especialistas señalan que esta nueva medida evita que las personas puedan involucrarse voluntariamente, en vez de simplificar el procedimiento. Los requisitos burocráticos llevan mucho tiempo, falta el equipaje necesario y los voluntarios deben pagar por su formación.

La ley promueve la creación de brigadas voluntarias de bomberos, que deberían tener entidad legal. "Largos procedimientos burocráticos, la obligatoreidad del registro y la falta de financiación persuadirá a los habitantes del ámbito rural para que no creen entidades de prevención", señaló Kuksin. "No van a ser capaces de encontrar profesionales ni de pagar por la formación o el equipo. La ley no funciona y tampoco funcionará".

Las consecuencias de todo esto es que la gente dejará de prevenir los fuegos voluntariamente, ya que todo intento que se lleve a cabo sin una licencia especial será considerado ilegal. Kuksin cree que la ley no es más que una campaña de relaciones públicas, parecida la campaña anti-corrupción de Medvédev. Según él, en vez de ser efectiva creará las condiciones para que haya mayor corrrupción. Por otro lado, el ministerio apoya la ley y la considera un arma efectiva para prevenir incendios. "Esperábamos esta ley desde hace mucho tiempo y al final la hemos conseguido. De este modo el procedimiento para crear brigadas voluntarias se agilizará", declaró Smirnikh. Sin embargo Kuksin cree que la ley es incompleta y que está llena de agujeros por lo que la gente encontrará maneras de saltársela y de apagar fuegos sin la licencia necesaria. "Actualmente estamos formando a los voluntarios y les explicamos qué tienen que decir en caso de que unos oficiales les pidan la licencia. Técnicamente, no tenemos derecho a apagar los fuegos".

Hasta ahora nadie ha pedido a los voluntarios la licencia. A pesar de que la ley contradice otras normas federales, como la que defiende a la población contra las situaciones de emergencia creadas por el hombre o la naturaleza. En este sentido, la volunataria Anna Baskakova se queja de " carecer de cobertura legal, lo cual no es bueno". Aún así, Greenpeace ha estado entrenando voluntarios desde el invierno. De hecho, el número de voluntarios bien formados ha crecido de 100 a 200 en el 2011. "La gente está al tanto de la situación actual", declaró Kuksin. " No quiere que vuelva a ocurrir los mismo. Algunos se han apuntado como voluntarios porque perdieron algún amigo o familiar en la catástrofe del año pasado".

Baskakova es una volunatria experimentada, involucrada en la erradicación de incendios y que ayuda a las víctimas desde agosto del año pasado. Comenzó a colaborar tras ver a las víctimas en Murmino, en la región de Riazán, que tenían " las caras y las manos quemadas. Vi con mis propios ojos los bosques afectados por las llamas y a la gente intentar hacer algo sin el equipamiento necesario". Baskakova participa en las formaciones de Greenpeace y además saca fotografías de los incendios. "Cuando me encontré con los incendios en la región de Volgograd el pasado septiembre, no sabía lo que tenía que hacer y estos cursos me han enseñado cómo debo comportarme, cómo usar los equipos, a hacer fotografías y ha prestar ayuda en emergencias".

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