Un nuevo tipo de oposición

Así son los representantes de la oposición Evguéniya Chírikova y Alexéi Navalni. Foto de Ilya Varlamov

Así son los representantes de la oposición Evguéniya Chírikova y Alexéi Navalni. Foto de Ilya Varlamov

Hace cinco años la moscovita Evguéniya Chírikova sólo era conocida por sus amigos y era una típica ciudadana de clase media, preocupada principalmente por el trabajo y los hijos. Ambiciosa por naturaleza, tiene tres carreras y dirigía junto a su marido, ingeniero, su propia empresa. No mostraba ningún interés por la política. “En aquel entonces creía que no podía cambiar nada y que era una dedicación que no tenía ningún sentido”, explica Evguéniya.

Tiene una voz vibrante y aspecto de universitaria con sus vaqueros y camiseta. Es difícil imaginarse que esta residente de la ciudad de Jimki, región de Moscú, sea a sus 34 años una de las activistas civiles más conocidas de Rusia. Evguéniya se muestra muy crítica con la administración, critica abiertamente a Vladímir Putin y al partido gobernante Rusia Unida, y goza del apoyo de todo tipo de partidos y movimientos de la oposición. Esta metamorfosis tuvo su origen en la defensa del bosque de Jimki, próximo a su casa, cuando la administración decidió construir por medio del bosque la autopista Moscú-San Petersburgo. Evguéniya cuenta que la decisión fue tomada sin tener en cuenta la posición de los ecologistas y los habitantes locales. En junio, lo confirmó el propio presidente Dmitri Medvédev, que hizo de intermediario en este conflicto.

Chírikova se interesó por el problema del bosque tras el nacimiento de su segunda hija. “Entonces tuve tiempo para mirar alrededor y me di cuenta de que mientras yo trabajaba y pagaba muchos impuestos, alguien estaba utilizando este dinero para destruir el medio en el que yo vivía”, comenta indignada. Haciendo uso de su experiencia como empresaria y de sus conocimientos de ingeniería, Evguéniya, “acostumbrada a conseguirlo todo con su propio esfuerzo”, reunió a los habitantes de la localidad y se manifestó a favor de que la autopista fuera construida en otro sitio. Más tarde, los ecologistas enumerarían once alternativas al proyecto. Según Evgueniya, los funcionarios reaccionaron ante esta iniciativa con estupefacción, y muchos habitantes locales, con desconfianza: no había precedentes en Rusia de que la tala de un bosque impidiera realizar un proyecto internacional de muchos millones de dólares. “La administración de Jimki ni siquiera entendió lo que pretendíamos: “Si lo que quieren es vivir en un bosque, váyanse a Siberia”, decían.

Cualquier tipo de ayuda


Evguéniya dice que no se daba cuenta de dónde se estaba metiendo. “Al principio creía ingenuamente que la autopista era un error y que vivía en un estado de derecho”, comenta. Durante el conflicto de Jimki, personas desconocidas llegaron a herir a decenas de activistas que defendían del bosque, y Evguéniya también recibió amenazas anónimas. Sin embargo, sigue insistiendo, y muchos no comprenden su postura. Algunos creían que la joven madre “estaba loca”, otros, que se había metido en política y estaba intentando ganar popularidad, otros, que tenía intereses comerciales en el asunto. Chírikova explica: “Son los funcionarios los que me presentan como líder de la oposición. Lo que ocurre es que me convertí muy tarde en una ciudadana de verdad. A los treinta años”. Ella y su marido Mijaíl cuentan con dos empresas dedicadas a la seguridad electromagnética de los equipos técnicos. Ahora el negocio lo dirige Mijaíl, ya que Evguéniya se ha sumergido por completo en su actividad social. Parece que se ha habituado a las amenazas contra su vida o, al menos, no demuestra tener miedo. “Cada vez [que alguien recibía una paliza], me decía a mí misma lo de ese cuento [de Joel Harris]: un dátil más y luego me escapo corriendo”, se ríe. “Pero uno no puede estar escapándose toda la vida. Si tenemos miedo, perdemos”.

Las largas negociaciones con los funcionarios que le explicaban que se trataba de un proyecto federal y que, por tanto, no era modificable, le hicieron perder toda su confianza en la administración. “Empecé a hacerme adulta rápidamente”, comenta. Las esperanzas depositadas en Vladímir Putin, que había modificado la construcción de un oleoducto para alejarlo del lago Baikal, no se cumplieron. En 2009 el primer ministro firmó un decreto que permitía la construcción de la autopista a través del bosque. Aquel mismo año, Chírikova, con el apoyo de la oposición, presentó su candidatura a la alcaldía de Jimki, pero obtuvo el tercer puesto. Nunca rechazó la ayuda de los partidarios del Kremlin, los del gobierno y, en general, cualquier tipo de ayuda, con tal de que la autopista se construyera fuera del bosque. Cuando en 2010 Medvédev intervino en el conflicto y suspendió las obras, el partido Rusia Unida le propuso su colaboración, aunque se echó atrás rápidamente.

Los ecologistas de Jimki tienen el apoyo de grupos juveniles ilegales asíc como de los partidos políticos oficiales, los nacionalistas, los antifascistas, los socialistas y los liberales de derechas y de izquierdas. Chírikova dice que es así como se manifiesta la sociedad civil, cuando la gente se une alrededor de una misma idea; mientras, los escépticos afirman que no se trata más que de una manera de hacerse notar y ganar popularidad. Sea como fuere, el carácter heterogéneo de sus partidarios demuestra que en la sociedad existe una demanda para resolver problemas concretos que conciernen a todo el mundo, según la opinión del director del Centro de Información Política, Alexéi Mujin. Evguéniya dice que el futuro político pertenece precisamente a estos movimientos y partidos “reales”. “Es por eso por lo que han perdido su popularidad los movimientos de oposición tradicionales, los mismos que tuvieron miedo de pasar de los lemas a las palabras”, confirma Mujin sobre esta posición.

La lucha por el bosque de Jimki ha conseguido que la tala de árboles se reduzca de 600 a 100 metros, y que no se construyan tiendas a los lados de la carretera. Según Chírikova, los responsables de la tala del bosque no son los funcionarios “con sus trasnochadas ideas sobre ecología”, sino la empresa francesa Vinci, uno de los socios del proyecto. Esta misma empresa declaró que se estaba basando en estándares ecológicos europeos para mantener la localización actual de la autopista y además amenazó con romper el contrato de la concesión por lo que exigía el pago de unas enormes indemnizaciones, asegura Evguéniya. Según los datos del periódico Védomosti, estaríamos hablando de 4.000 millones de rublos (100 millones de euros). Chírikova considera que Vinci y la parte rusa decidieron violar conscientemente las normas ecológicas pensando que los habitantes locales no protestarían. Dmitri Medvédev admitió que era “imposible cambiar las decisiones tomadas con anterioridad [respecto a la construcción de la autopista]”. Los ecologistas no están de acuerdo y tienen intención de llamar la atención de la opinión pública europea para presionar a Vinci.

Navalni no se lo creía


Uno de los que no creían que Chírikova fuera a conseguir algo era el abogado Alexéi Navalni, famoso gracias a su lucha contra la corrupción. Hace unos años formaba parte del partido liberal Yábloko, y ha trabajado en el comité de defensa de los moscovitas. “Un día me vinieron a visitar personas que se quejaban de la construcción de la autopista en Jimki”, recuerda. “Les dije que no tenía ningún sentido, que lo dejaran, y que iban a recibir una paliza”. Evguéniya estaba en aquel grupo. “Ahora veo hasta qué punto me equivocaba”, confiesa Alexéi.

Navalni, igual que Chírikova, se hizo famoso gracias a sus acciones, al luchar por los derechos de los accionistas minoritarios de las grandes empresas estatales. Tienen la misma edad, ninguno de los dos forma parte de ningún partido y prefieren actuar como activistas independientes. Consiguieron aunar a un amplio círculo de partidarios con ideologías políticas muy diversas. Se les puede considerar un nuevo tipo de políticos de oposición, orientados a resolver problemas reales, confirma Nikolái Petrov del Carnegie Center. “Si para Evguéniya se trató de la transformación de una protesta particular en una posición ciudadana, Alexéi desde el principio estaba orientado hacia la actividad política”. Chírikova “no tenía planeado meterse en política, fue la administración local la que la empujó a ello”, añade Mujin, diciendo que ambos poseen la imagen de “líderes populares que responden a las esperanzas de las masas”.

Ante la falta de acceso a la televisión nacional, Navalni considera que Internet es la mejor manera de hacer circular sus ideas, al ser un medio rápido y barato. De cara a las elecciones parlamentarias se ha propuesto bajar el nivel de apoyo popular a Rusia Unida. Para ello, ha organizado una campaña que propone votar a cualquier partido menos al que estaba actualmente en el poder, ya que, según él, es aquí donde se concentran los políticos más corruptos del país. Petrov cree que Navalni tiene oportunidades para obtener el apoyo de la población, ya que dispone de “una posición bien pensada y con vistas al futuro”.

La confianza de la gente hacia Navalni se refleja en el hecho de que éste haya podido reunir en un mes 7.000 millones de rublos en donaciones para su lucha contra la corrupción. Tiene intención de invertir este dinero en abogados y analistas que le ayuden a detectar transacciones sospechosas de organismos estatales y a presentar demandas judiciales. Hoy en día, Alexéi apoya activamente al movimiento de Jimki y ayuda a analizar la documentación de los concursos del proyecto de construcción de la autopista, en la cual, según afirma la directora de la oficina de Transparency International en Rusia, Elena Panfílova, “hay un gran componente de corrupción”.

Chírikova y Navalni están dispuestos a compartir su experiencia. Un ejemplo claro de ello es el campamento de verano Antiseliguer que tuvo lugar el pasado fin de semana en el bosque de Jimki. Según Chírikova su objetivo “consistía en dar a los ciudadanos de Rusia un conjunto de conocimientos reales sobre cómo defender su honor, su dignidad y sus derechos”. Parece que es la primera vez que se reúnen personas con ideologías políticas muy distintas y a veces incompatibles. En los cuatro días de duración asistieron más de 3000 personas, incluidos los líderes de los partidos de la oposición y representantes del movimiento juvenil Nashi (los Nuestros), de orientación pro-Kremlin. “Antiseliguer es todo un éxito, aunque sólo sea porque aquí están presentes personas de ideas y destinos muy diversos”, afirma el político de la oposición Borís Nemtsov. Uno de los objetivos principales del foro, según Chírikova, consistía en entablar el diálogo entre las distintas fuerzas políticas y civiles. Ha asegurado que a partir de ahora Antiseliguer se celebraría anualmente.

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