Futurismo y tradición en “Una ciudad llamada España”

Muestra de arquitectura contemporánea española en Moscú. Foto de María Fadéeva

Muestra de arquitectura contemporánea española en Moscú. Foto de María Fadéeva

La exposición “Una ciudad llamada España” organizada por la Acción Cultural Española y la Casa Central del Artista (Tsentralni Dom Judózhnika) de Moscú permanecerá abierta al público hasta el 17 de julio. Diseñada por Manuel Blanco, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, la muestra recoge 80 proyectos de más de 100 prestigiosos arquitectos españoles y refleja en toda su diversidad el paisaje de la arquitectura española de la primera década de este siglo.

“La materia palpable se reemplaza por los píxels, lo solido por el plasma, lo pesado por lo liviano, el hormigón por el vidrio”. Estas son las características de la imagen urbana de nuestro tiempo reveladas por el escritor y publicista español Vicente Verdú en su célebre libro “El estilo del mundo”. Todo aquello que quiera ser apreciado tiende recurrir a la transparencia, ese es el concepto principal del planeta global, la famosa “aldea global” de MacLuhan. En respuesta a este desafío mediático están diseñados Reichstag y la sede del Ayuntamiento de Londres de Norman Foster, así como, numerosos edificios: el Experience Music Project en Seattle de Frank Gehry, la mediateca de Toyo Ito en Sendai, la sede de la UEFA de Patrick Berger en Nyon, la Biblioteca François Mitterrand en París de Dominique Parrault o la amplizción del Reina Sofía de Jean Nouvel. El paso de lo espeso a lo invisible, de lo real a lo virtual es ampliamente perceptible en los proyectos arquitectónicos presentados en la exposición. Son edificios que ya se han convertido en iconos de su tiempo, como la torre modernamente clásica de Carlos Ferrater, el Mediatic de Ruiz Geli, con sus fachadas vivas de cambiantes proyecciones, el puerto de pescadores de Irisarri y Piñera en Beluso o varios proyectos de Rafael Moneo.

La exposición se presenta en una instalación creada en un mapa de cristal donde a través de maquetas, fotos y dibujos se forma un trazado que coincide con el plano de la geografía española. Así pues, se muestran representaciones de edificios situados en este gran mapa en correspondencia con su situación real. De este modo, el visitante puede deambular por pasillos que recrean el interior del paisaje arquitectónico como si estuviera recorriendo una ciudad real en la que se han incluido edificios de todos los tipos: viviendas, museos, puertos, universidades, estadios, bancos, gimnasios, parques, oficinas, etc.

Se trata de experiencias innovadoras de diseño urbano que mantienen la búsqueda de una “tierra del nunca jamás” postmodernista, construida a través de citas de la cultura mundial. Además de esto, los proyectos pretenden mejorar el confort ambiental, promover el intercambio social y ser más sostenibles que los modelos convencionales de crecimiento de la ciudad. Así es el proyecto titulado Eco Boulevard de Vallecas - Ecosistema Urbano de Madrid. Tres pabellones o “árboles de aire” funcionan como soportes abiertos a múltiples actividades elegidas por los usuarios. Instalados en la “no-ciudad” como prótesis temporales, se usan sólo hasta que la tara de inactividad y de acondicionamiento climático se haya corregido, para luego ser desmontados. Los arquitectos españoles nos invitan a que sigamos los itinerarios de su imaginación y a que seamos testigos del nacimiento de un nuevo género arquitectónico; la llamada “arquitectura de ficción”.

Otro ejemplo de arquitectura en el límite entre lo real y lo virtual es la Casa en Never Never Land de Andrés Jaque. El proyecto desarrolla el mito de una Ibiza diseñada como alternativa a un alienante Occidente industrializado, una tierra de los neoinstalados. La Casa en Never Never Land explora el papel que la arquitectura como práctica de restitución tecnológica de las relaciones sociales. Así pues, juega con el ensamblaje de las esferas íntimas con las de la acción colectiva y con aquellas en que se producen las imágenes de la tradición hedonista y de la “felicidad extrema”.

La época en la cual vivimos se puede definir como el tiempo del turismo total, bautizado así por el culturólogo Borís Groys. No solamente turistas individuales, sino que un sinnúmero de personas, cosas e imágenes provenientes de un sinnúmero de culturas locales comienzan a abandonar sus lugares tradicionales para iniciar un viaje alrededor del mundo. La ciudad ya no espera al turista: ella misma comienza a circular globalmente. Esta experiencia de la semejanza entre todas las ciudades actuales a menudo sugiere al observador la errónea conclusión de que las peculiaridades culturales locales han desaparecido en el proceso de globalización. En realidad no han desaparecido, sino que han salido de viaje para reproducirse a escala mundial.

“Una ciudad llamada España” es en el fondo una metáfora que traduce al lenguaje arquitectónico la complejidad y riqueza de la estructura social moderna y que nos permite ver la imagen de nuestra propia ciudad global.

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