Un día de paseo por Jerusalén

Montarse en el tren y viajar hasta la “Palestina rusa” es una de las sencillas y memorables excursiones que se pueden hacer desde Moscú. Tras las murallas del monasterio de Nueva Jerusalén de Istra hay interesantes iglesias y museos.

A mediados del siglo XVII, el célebre patriarca Nikon eligió un pintoresco recodo del río Istra, situado a sesenta kilómetros al oeste del Moscú, para construir su “Nueva Jerusalén”. Rebautizo el parque que hay detrás de las murallas, que desde entonces se llama “Getsemaní”, y al río lo llamó “Jordán”. En la actualidad Istra es una ciudad industrial que no tiene gran interés turístico, pero su monasterio ha comenzado a restaurarse tras la destrucción ocasionada por la ocupación alemana.

Foto de Lori/Legion Media

Dentro del recinto se alza la admirable catedral de la Resurrección entre un grupo de capillas más pequeñas. El inmenso tejado cónico con ventanas en distintos niveles para dejar paso a la luz y las decorativas tejas de “ojo de pavo real”, del ceramista bielorruso Stepan Polubes, son lo más reseñable del lugar. Hay también tableros que muestran parte de la historia del monasterio y, detrás de ellos, las escaleras que conducen a las murallas. Éstas y la hermosa iglesia de la puerta datan de finales del siglo XVII. En las cercanías se encuentra la gran campana de los “Tres Santos”, del año 1666 que será colgada del campanario una vez concluyan las obras de restauración. La primera puerta conduce a la iglesia subterránea de los Santos Constantino y Elena. El interior es de estilo barroco dieciochesco y se ha restaurado con gran acierto. En uno de los rincones hay también una pequeña capilla que contiene agua del pozo sagrado.

La siguiente puerta conduce a la tumba de Nikon, que se encuentra en la capilla de San Juan Bautista, con un iconostasio de cerámica. El patriarca es célebre por las reformas que llevó a cabo y provocaron un cisma en la Iglesia Ortodoxa rusa, lo que a su vez originó el nacimiento del grupo conocido como “Viejos Creyentes”. Más tarde, el zar Alexéi (padre de Pedro el Grande) utilizaría este cisma como excusa para exiliar al patriarca, cuyo poder comenzaba a ser excesivo.

En la parte más alejada de la catedral se encuentra la entrada a la capilla del Santo Sepulcro. Las obras de restauración de la catedral principal todavía no han concluido, aunque se han intensificado en los últimos años y en la actualidad ya se pueden apreciar fragmentos de la exquisita decoración interior a través de una pantalla, en la que hay frescos y algunas secciones de una pintura azul marino muy hermosa.

Una bonita hilera de edificios encalados con pequeños jardines recorre uno de los laterales de la catedral. El modesto palacio del siglo XVII, construido para la gran patrona del monasterio, la tsarevna Tatiana Mijailovna, está flanqueado por celdas monásticas.

La compra de una entrada combinada permite al visitante echar un vistazo a las exposiciones temporales que albergan las habitaciones del prior. En el extremo de la iglesia de la Natividad se encuentran los principales museos y galerías de arte, alojados en el viejo refectorio y en los edificios del hospital.

Es interesante visitar estas salas por su arquitectura interior y por los objetos relacionados con la vida monástica que se exhiben, entre otras obras de arte ruso. Destaca un un icono en el que el patriarca Nikon y el metropolitano de Moscú besan los pies a Cristo. También hay un memorable cuadro contemporáneo que representa a Nikon con una corona y rodeado de monjes y clérigos en actitud de adoración. El autor es un artista desconocido de mediados del siglo XVII que supo crear expresiones individuales y hoy en día cabe decir que es una representación casi única del arte ruso de la época.

Detrás del refectorio sale un camino hacia la puerta de acceso al parque. Una senda conduce a un puente engalanado que llega hasta la fuente sagrada y a la ermita en la que vivió Nikon algunos años, antes de que el zar Alexéi ordenara su exilio en Volvogrado. El patriarca construyó esta “skete” en 1658 y se alojó en la pequeña cabaña de la planta superior durante un periodo de exilio voluntario, contrariado por las restricciones del zar Alexéi al poder de la iglesia. También construyó los canales artificiales que en tiempos pasados convirtieron el recinto en una isla en miniatura.

El río que corre por detrás de la ermita tiene escalones para que los peregrinos puedan nadar en las aguas sagradas del “Jordán”. Siguiendo el curso del agua, hay un recodo que rodea el “jardín de Getsemaní”. Por el camino se aprecian algunas de las edificaciones de madera que formaban el antiguo museo etnológico en la época soviética. En la actualidad casi nunca abre sus puertas, pero las vistas a lo largo del sinuoso río son hermosas, al igual que sus floridas orillas, el molino y la “isbá”, una casa de madera transportada desde Vijino, que en tiempos pasados fue una posada. La exposición que hay actualmente gira en torno al dramaturgo Anton Chéjov. El escritor vivió en su juventud en Istra y en la cercana ciudad de Zvenigorod, donde ejerció la medicina. El salón de té de la planta superior es una delicia. Aquí sólo sirven té, café y tartas. Los samovares, canarios y mesas de madera otorgan al lugar un aire evocador que invita a descansar antes de emprender el regreso a la estación. Por un nuevo camino asfaltado, paralelo a la carretera, se llega a un puente colgante que cruza el río y a la carretera que conduce a la estación Novoierusalemskaya.

Datos útiles:

Los trenes con destino a Istra salen de la estación Rizhski de Moscú (estación de Riga) cada media hora aproximadamente. El precio de un billete de ida y vuelta es de unos 250 rublos. Tras un agradable viaje de una hora a través de bosques y pueblos de dachas, lo más sencillo es tomar un taxi (100 rublos) desde la estación de Istra. También se puede ir caminando desde aquí o desde la estación Novoierusalemskaya, que está un poco más cerca. El monasterio, o “monastir”, es prácticamente la única atracción famosa de la zona, por lo que no hay mucha posibilidad de confusión a la hora de decidir dónde ir. La entrada combinada (“yedíni”) permite al visitante acceder a todos los museos del recinto y a la sala de exposiciones de detrás, con su salón de té. La entrada al monasterio en sí y a sus iglesias es gratuita. Por 30 rublos se puede caminar por una sección de las murallas del monasterio. También hay baños públicos de pago, justo detrás de la taquilla.

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