La verdura de la discordia

El presidente Dmitri Medvédev “rehabilitó” la verdura europea en la cumbre Rusia-UE de principios de junio. Los expertos se preguntan qué se proponía Moscú al cerrar sus fronteras y si había algún mensaje implícito en todo este asunto.

El presidente Medvédev dio luz verde a las importación de verduras procedentes de la Unión Europea varios días antes de que los científicos atribuyeran la causa del brote de infección intestinal a los cultivos de soja de la Baja Sajonia. Guennadi Onishchenko, inspector jefe de sanidad de Rusia, no puso objeción alguna a la decisión de Medvédev. Entre los analistas políticos circula la broma de que su preocupación por la salud de los ciudadanos nunca ha sido contraria a la política estatal.

“Onishchenko se acuerda de los productos nocivos sólo cuando hay que resolver algún asunto de política exterior”, señaló Nikolái Troitsky, analista de la agencia RIA Novosti. En 2006, el Servicio Federal de Protección de los Derechos del Consumidor y Bienestar Humano prohibió las importaciones de sardinas en lata de Letonia en el momento que había estallado un escándalo con Riga acerca del traslado de un monumento en honor a los militares soviéticos caídos en la Segunda Guerra Mundial. Casi al mismo tiempo, la agencia ordenó retirar el agua mineral de Georgia, en lo que podría ser una respuesta al brusco deterioro de las relaciones con Tiflis. Ese mismo año, desapareció del mercado ruso el popular vino Moldavia con el objetivo de presionar al presidente Vladímir Voronin por su negativa a reconocer la legitimidad de la región separatista de Transnistria. También se vetó la importación de carne polaca durante las crisis políticas entre Moscú y Varsovia; y cuando las relaciones con Estados Unidos se enfrían, una de las consecuencias suele ser la prohibición periódica de importar pollo congelado. Este año, la proscripción de patatas de la India coincidió casualmente con la pérdida por parte de Rusia de una licitación para suministrar aviones de combate a Nueva Delhi.

Causas que van más allá de la salud

Troitsky está convencido de que el fracaso de Medvédev en su intento por suprimir el régimen de visados para los ciudadanos rusos que viajen a Europa, así como las repetidas declaraciones de políticos europeos de segunda fila sobre la necesidad de buscar otros proveedores de gas natural al margen de Gazprom, han impulsado la prohibición de productos europeos. Nina Ostanina, diputada de la oposición en la cámara baja del parlamento ruso, añade a esta lista las negociaciones con la OMC. De hecho, nada más levantar el embargo sobre los productos europeos Medvédev anunció avances en estas negociaciones.

Por otra parte, los dirigentes empresariales afirman que es inútil buscar intenciones políticas en el escándalo de las hortalizas. En primer lugar, Ilya Belonovski, director ejecutivo de la Asociación de Empresas Minoristas, señala que el reciente embargo no ha logrado perjudicar a los europeos, al contrario de lo que ocurrió con los vinos moldavos o la carne polaca.

Según informa la empresa de investigación Global Reach Consulting, Rusia importa el 12% de los pepinos y el 24% de los tomates. Aunque las cifras pueden parecer elevadas, los principales proveedores son de Oriente Medio. Irán y Turquía representan casi el 60% de las importaciones de pepinos, mientras que la Unión Europea sólo representa entre el 5 y el 6%. “El embargo a los pepinos y tomates europeos no produce escasez de estos productos en el mercado”, señalan los analistas de GRC.

Afectados por el embargo

Según Belonovski, las empresas rusas han sido las más afectadas por el embargo. “La agencia de protección a los derechos del consumidor no dio ningún aviso previo, de modo que tuvimos que destruir los productos que ya estaban en los almacenes. Si nos hubieran avisado, habríamos devuelto los productos a los proveedores”, señaló el experto. Es más, ni las sucursales territoriales de la agencia ni los minoristas sabían a ciencia cierta qué productos se habían prohibido exactamente. Al principio retiraron las patatas, a pesar de que el inspector jefe de sanidad no había hecho declaraciones al respecto. Las bayas corrieron la misma suerte y el propio Onishchenko tuvo que salir a declarar que él no había prohibido estos productos.

Sin embargo, el escándalo de los pepinos benefició indirectamente a la agricultura rusa. La semana pasada la Duma aprobó una ley que elimina la doble imposición sobre los pequeños agricultores. Las pequeñas empresas y los huertos privados de reducidas dimensiones producen en la actualidad el 50% de toda la producción agrícola, con una cuota que supera el 80% en cuanto a la venta de patatas, verdura, fruta y bayas”, observaron los impulsores de la ley. “La ley se aprobó rápidamente en la Duma gracias al escándalo de los pepinos”, opina Ostanina. Habrá que ver si los agricultores se sienten agradecidos con Onishchenko.

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