De las bondades de la inercia

La 27ª cumbre Rusia-UE celebrada en Nizhni Nóvgorod. Foto de Kommersant

La 27ª cumbre Rusia-UE celebrada en Nizhni Nóvgorod. Foto de Kommersant

Mis colegas de Bruselas han apodado irónicamente la 27ª cumbre Rusia-UE celebrada en Nizhni Nóvgorod como “la cumbre de la verdura”. La prohibición de Rusia a las importaciones de verdura procendente de la UE acapara titulares no sólo antes de la reunión sino también en las discusiones de los participantes, a pesar de no figurar en el orden del día.

Como era de esperar también se discutió el ingreso de Rusia en la OMC, además del plan de trabajo para los “cuatro espacios comunes entre Rusia y la UE”, es decir, economía, seguridad nacional, seguridad exterior, educación y ciencia, también se habló de un nuevo acuerdo básico, de la Asociación para la Modernización, de la supresión de visados y de la resolución de conflictos latentes de la CEI (Comunidad de Estados Independientes).Esta serie de temas se han ido presentando en las sucesivas cumbres durante años y algunos de ellos se han debatido en numerosas reuniones, aunque los avances son tan lentos que no logran ningún titular.

Cuando comencé a cubrir las noticias de la UE a mediados de la década de los 90, todas las cumbres eran acontecimientos importantes, hitos que creaban grandes expectativas y oportunidades para nuevas iniciativas. La visión era que Rusia pronto iba a tener tanto éxito como Europa y que con el tiempo, sería igual de próspera. El presidente Borís Yeltsin solía decir, a falta de una terminología más adecuada, que Rusia era de momento “un miembro asociado de la UE”, lo que dejaba al entonces comisario europeo de Asuntos Exteriores, Hans van den Broek, en una comprometida situación a la hora de buscar las palabras adecuadas para responder a mis preguntas ya que trataba de evitar una negación descortés.

La estabilidad de las relaciones

En la actualidad, los altos funcionarios y los diplomáticos afirman que la falta de sensaciones o adelantos importantes es una buena noticia: las relaciones entre la UE y Rusia son fluidas y se han convertido en sí mismas en un ámbito de debate para los expertos. Esto significa que todo va viento en popa, como ocurre, por ejemplo, con las relaciones entre la UE y EE UU, en las que también hay diferencias que de vez en cuando se han de resolver. Dicho esto, son pocos los que se ofrecen voluntariamente a hablar de las diferencias ideológicas y de valores que surgen en las relaciones. Hoy en día Rusia es un socio estratégico de la UE, no muy distinto a China, aunque a menor escala.

Rusia es el único socio de la UE con el que se organizan dos cumbres bilaterales al año. Más que una señal de cercanía real, se trata de una consecuencia de la “luna de miel” que las relaciones entre ambas partes vivieron en la década de los 90. ¿No habrá llegado la hora de reducir la frecuencia de estos costosos eventos? Alexander Graf Lambsdorff, miembro del parlamento europeo, y Fraser Cameron, director del Centro Ruso-Europeo de Bruselas, lo mencionaron recientemente. El representante permanente de Rusia en la Unión Europea, Vladímir Chizhov, responde a esta pregunta que le plantean cada vez con mayor frecuencia, “esto es lo que estipula el Acuerdo de Asociación y Cooperación firmado por el presidente Yeltsin y los líderes europeos en la isla de Corfú en 1994”. De lo que se desprende que en cuanto finalicen las negociaciones sobre un nuevo acuerdo básico podremos volver a considerar la frecuencia de estas cumbres.

La cumbre de Nizhni Nóvgorod resolvió políticamente el problema de la exportación de la verdura, dejando los detalles técnicos para más adelante. Precisamente eso era lo que Bruselas esperaba, que siempre creyó, no sin razón, que la prohibición era de naturaleza política. La mortífera infección intestinal a causa de la bacteria E.coli tuvo lugar en una zona limitada del norte de Alemania y hubo casos de la enfermedad en varios países de la UE, según se informó recientemente. Ambas partes sufrieron económicamente los efectos de la prohibición. Cuando un laboratorio alemán de prestigio logró atribuir la causa de la infección a los brotes de soja de una sola granja, el problema se resolvió y las dos partes consiguieron guardar las apariencias.

La importancia de las materias primas

En cuanto a los otros temas de debate, la cumbre ha vuelto a ser “una etapa importante del camino”.

La Unión Europea está muy ocupada tratando de salvar de la quiebra a los miembros más débiles de la eurozona y con un ojo puesto en “revueltas árabes”., Asiste también a un inquietante giro a la derecha del electorado y discute los desacuerdos en el seno del club Schengen. A causa de estas cuestiones no considera una prioridad importante el progreso de las relaciones con Rusia, más allá de la situación actual. Del mismo modo, hay analistas rusos que opinan que Rusia no debería unir su suerte a la de Europa, porque está supuestamente marginada desde el punto de vista geopolítico.

Al parecer, las dos partes están cómodas con las relaciones que tienen en este momento. Se puede decir que nunca han estado mejor en los últimos años. Esas fueron las declaraciones del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, en la cumbre. Dmitri Medvédev también mencionó un “progreso evidente en el contexto económico”, refiriéndose a un intercambio comercial que superó los 300.000 millones de dólares el año pasado.

Rusia vende esencialmente energía y materias primas a Europa, y no hay motivos de queja para los europeos. Antes eran motivo de discordia las interrupciones en el suministro de gas natural vía Ucrania y Bielorrusia. A Moscú no le gusta que el “tercer paquete energético” haya puesto a Gazprom en una posición no tan favorable. Aunque esto se podrá mantener siempre y cuando haya materia prima real que comercializar y parece claro que no abandonará el mercado europeo en un futuro cercano. La crisis económica ha demostrado que Rusia y la UE son profundamente interdependientes.

Una de las molestias que estaba presente hasta hace poco también ha pasado a un segundo plano, ahora que las diferencias en el seno de la UE respecto a las relaciones con Rusia se han disipado. Polonia y los estados bálticos, que siempre iniciaban todo tipo de vetos en el Consejo Europeo, se han propuesto mantener buenas relaciones con Rusia, como hace Alemania.

Ingreso a la OMC


Las negociaciones sobre un nuevo acuerdo básico que sustituya el Acuerdo de Asociación y Cooperación de 1994 se han retrasado a causa de la cuestión del ingreso de Rusia a la OMC, no por el veto de nadie. Si Rusia logra incorporarse finalmente, la extensa sección comercial del acuerdo básico futuro se suprimiría.

Cabría decir que antes del ingreso en la OMC, las relaciones rusoeuropeas están en situación de espera. Rusia sigue siendo el único agente importante del mercado global con unas reglas especiales. Nizhni Nóvgorod brindó otra oportunidad más para avanzar en las negociaciones. Dmitri Medvédev dijo que estaba “cansado y harto” de un proceso que dura ya diecisiete años y parece eternizarse, mientras que la ministra de desarrollo económico Elvira Nabiullina prometió concluir las negociaciones en julio y José Manuel Barroso, presidente de la Comisión,, expresó cautas esperanzas acerca de un posible ingreso antes de fin de año.

Los participantes advirtieron avances en ciertos proyectos del programa Asociación para la Modernización. Sin embargo, Barroso, que tiene predilección por este ambicioso proyecto político a la medida de Medvédev, reafirmó que no sólo apunta al progreso tecnológico de Rusia sino a liberar su potencial creativo y emprendedor. ”Y no será posible alcanzar este objetivo sin libertades democráticas y sin una sociedad civil activa”. El principio de legalidad, señaló, es condición indispensable para el acercamiento. Van Rompuy, que aprovechó para elogiar el esfuerzo de Medvédev en materia de derechos humanos, dijo que “la situación todavía dejaba mucho que desear”.

Cuestión de valores

El mantra de los valores europeos que repiten los funcionarios de la UE cada vez que se reúnen con los rusos está más cerca de ser un guiño al parlamento europeo y a los parlamentos de los estados miembros que un intento efectivo y real. Antes de la cumbre de Nizhni Nóvgorod, el parlamento europeo volvió a dejar claro a los emisarios europeos que había que adoptar una resolución estricta sobre Rusia. En un futuro no muy lejano, Bruselas y los estados miembro de la UE van a percibir a Rusia como un país no democrático, hostil y sin atractivos. Sí, necesitan colaborar con Rusia con pragmatismo, pero sin llamarse a engaños. El brazo ejecutivo y las grandes empresas europeas se han rendido y aceptan el hecho de que las condiciones democráticas en Rusia no vayan a mejorar en el futuro cercano, mientras que la corrupción está tan arraigada que ni siquiera tiene sentido combatirla.

Es probable que la falta de un “espíritu de colaboración” inmaterial implique la ausencia de una zona de libre comercio entre Rusia y la UE y, con toda probabilidad, el sueño de supresión de visados para viajar a Europa, uno de los mayores deseos de los urbanitas rusos.

La supresión de visados

Asimismo, hay que reconocer los avances a nivel burocrático. Medvédev ha prometido aprobar a finales de julio un conjunto de medidas colectivas dirigidas a la eliminación de visados. El embajador Chizhov ha señalado que Moscú descarta ese tipo de condiciones “no cuantificables y relacionadas con los visados indirectamente” tales como la lucha contra la corrupción. Sin embargo, aunque la UE las retire formalmente, es muy probable que las negociaciones para la eliminación del visado se eternicen aún más que las del ingreso a la OMC.

Los socios sentados a la mesa de negociación no están en las mismas condiciones. Desde el punto de vista europeo, la supresión de visados para viajar a Rusia no tiene el mismo valor que para los rusos. Incluso dejando a un lado los temores hipotéticos y posiblemente exagerados, al final todo se reduce al atractivo del país. Por eso mismo, las perspectivas podrían aplazarse al largo plazo. A menos que Rusia ofrezca unilateralmente a los europeos algo muy importante a cambio.

Alexánder Mineev es el corresponsal de Novaya Gazeta que reside en Bruselas

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