Informe para ciegos

El escritor joven Misha Samarski

El escritor joven Misha Samarski

Misha Samarski tiene catorce años y es alumno de un colegio moscovita. Además es escritor, poeta, blogero, autor de dos libros traducidos a varios idiomas europeos: “En columpio, entre colinas” y “El arco iris para un amigo”. El protagonista de la primera novela está en el hospital, con una pierna rota, y lee, igual que el propio autor , muchos libros “para adultos”: los “Ensayos” de Montaigne, “La infancia” de Tolstói, “La defensa de Luzhin” de Nabókov y “Sepultadme detrás del rodapié” de Sanáev. Una prosa de introspección psicológica, impresionantemente razonable para la edad del autor, que hace especial hincapié en la lucha contra la falta de humanidad y compasión. Al mismo tiempo revela una experiencia lectora considerable, un gran amor por la literatura y un interés no menos profundo por la “vida real”. Independientemente del género, Misha prefiere calificar sus obras literarias de “aventuras”.

¿Cuál es tu ocupación preferida? ¿Y cuál es la más importante?

- Lo que más me gusta hacer es leer. El año pasado empecé a hacer una lista de libros que me tengo que leer, a la que estoy añadiendo títulos constantemente. Ya tiene más de quinientos. Respecto a la dedicación más importante, es mi programa social “Los corazones vivos”. “Tenemos los ojos muertos, pero los corazones vivos”, esta frase se la oí hace dos años a un chico ciego al que conocí casualmente en un parque. Esperé a que llegasen las vacaciones de verano para “matar” mis ojos durante unos días. Viví tres días con una venda en los ojos que no dejaba pasar la luz. La última noche tardé mucho en dormirme, no sólo tenía ganas de ponerme a llorar, sino de hacerlo con fuerza. A pesar de todo, a una persona vidente le es imposible sentir esta situación íntegramente. Me prometí entonces que ayudaría a los ciegos durante toda mi vida.

¿Cuándo empezaste a escribir?


- Empecé durante mi primer año de primaria. Escribía todo tipo de historias, cuentos y fábulas. Era imposible no empezar en nuestra familia; mi padre es dramaturgo y mi madre, autora de novelas policiacas. Tenemos la siguiente tradición: cada vez que nos vamos de vacaciones, cada uno escribe una historia y luego organizamos lecturas familiares.

Cuando leí “Dos capitanes” de Veniamín Kaverin, no sé si fue que esta novela me influyó o si fue simplemente una coincidencia, pero empecé a madurar y a ver la creatividad de otra forma. Sea como fuere, después de leerla empecé a leer mucho más y, por otro lado, me solté a escribir. Durante el verano de 2009 dije que no quería ir a ningún campamento infantil (lo bueno es que al lado de casa tenemos unos lagos donde se puede nadar y tomar el sol) y me puse a escribir un libro. Por la noche me sumergía en la lectura de “El guardián entre el centeno” y en los poemas de Joseph Brodsky. Su poema “Las colinas” me dejó profundamente impresionado. Creí al autor y comprendí que nuestra vida era eso, colinas. Fue así como surgió la novela “En columpio, entre colinas”.

El siguiente libro fue “El arco iris para un amigo”, que surgió justo después de la experiencia de mi “ceguera” temporal. Escribo sobre un chico ciego y su amigo, un perro lazarillo. Luego, con la ayuda de unos patrocinadores pudimos editar “El arco iris” en braille. Junto con estos mecenas enviamos el libro a todos los colegios y las bibliotecas para ciegos, gratuitamente.

¿Pertenecen tus obras a algún género concreto?


Todavía no lo tengo claro. Por supuesto que los géneros siguen existiendo en la literatura, pero no sé en qué género encuadrar mis propias obras. Creo más bien que son “aventuras”, aunque pienso que cada lector encontrará en mis libros algo cercano a su corazón.

¿Estás de acuerdo en que a un joven de nuestros días, educado con la televisión e Internet, le cuesta concentrarse en la lectura de libros de papel?

Desgraciadamente, muchos de los chicos de mi edad prefieren ver “una peli”. Pero al menos intento convencer a mis amigos para que lean. A veces lo consigo. El problema radica en los métodos de enseñanza de literatura en los colegios. Acérquese a cualquier alumno de séptimo y pregúntele de qué van “Las novelas de Belkin”, de Pushkin. Si se pretende que el alumno se aficione a la lectura, hay que darle libros que consigan apasionarle. No pasa nada si el amor por la lectura viene a través de los “Tres mosqueteros” o “El conde de Montecristo”. Los clásicos no son para leerlos por obligación. Además, creo que la literatura contemporánea también tiene que estar presente en la enseñanza. No sé exactamente cómo organizarlo todo, pero estoy convencido de que tiene que enseñarse de otra forma. Si no, el número de amantes de los libros “de papel” irá disminuyendo año tras año.

¿Cuándo te sentaste por primera vez ante un ordenador y entraste en Internet?

A los tres años. Todo ocurrió en un solo día. Me puse delante del ordenador, un par de horas más tarde ya estaba viendo unos dibujos, y por la tarde me aprendí algunas letras. No hay nada sobrenatural en ello. Si sientan a cualquier niño de tres años delante de un ordenador, hará lo mismo. Sólo hay que decirle el nombre de las letras.

¿Escribes más con el ordenador o a mano? Seguro que la sensación tiene que ser muy diferente…


Prácticamente no hay diferencia. Todo depende del estado de ánimo. Yo escribo más con el ordenador. Pero muchas veces también utilizo el bolígrafo o el lápiz para apuntar expresiones, proverbios o modismos. Lo que no entiendo, luego lo descifro a través de Internet. A veces utilizo una grabadora antes de dormir. Es muy cómodo. Uno está tumbado y cuenta una historia. Después, por la mañana escribes el texto con el ordenador y te sorprendes haber inventado algo así. Además, la grabadora es inmejorable para apuntar los sueños. Uno se despierta, aprieta el botón, lo suelta todo como sea y se vuelve a dormir. A veces incluso escribo poesía mientras duermo.

¿Ves la televisión? ¿Qué programas te gustan?

Sí que la veo, aunque últimamente cada vez menos. Sobre todo veo las noticias para estar al tanto de lo que pasa. Me gusta el canal Discovery, allí hay muchas cosas interesantes y se aprende mucho. A veces veo programas en inglés, pero es más bien para perfeccionar la lengua. Personalmente, he participado en los programas de Andréi Malájov, sobre todo en los que se habla de los problemas de las gente de mi edad.

Habla un poco de tu cole. ¿Cuáles son las clases que más te gustan?

Nuestro colegio nº 1239 es genial, incluso tenemos piscina propia. Las relaciones entre los alumnos y los profesores se basan en el respeto mutuo, pero hay veces en las que pasa de todo. Me da un poco de vergüenza, pero también me dan partes por portarme mal. Hay clases que son aburridas, pero no quiero ofender a mis profesores. Mi asignatura preferida… no se sorprenda, es química. Esta asignatura la empezamos a tener en octavo y me gustó mucho. Claro que también me gusta estudiar ruso, literatura, historia, ciencias sociales e inglés, pero las matemáticas se me dan mal. A veces saco notable y a veces suficiente. Tengo planeado mejorar esto durante el verano. Por otro lado, estoy estudiando ruso, estilística y filosofía.

¿Te gusta vivir en Rusia?

Rusia es mi patria. No me gusta todo, pero quiero vivir aquí. He estado en muchos países con mis padres. Es interesante, curioso, se aprende mucho, pero pasada una semana ya empiezo a echar de menos mi casa, a mis amigos, incluso a mi tren de cercanías, que a lo mejor está un poco sucio, pero es mío.

En el futuro me gustaría vivir en el campo, pero teniendo una gran biblioteca e Internet. Me gustaría oír a los gansos graznar debajo de mi ventana y que, en lugar de un despertador, me despierte un gallo. También quiero que esté cerca de Moscú, para poder dar una vuelta por los museos y las exposiciones cuando tenga tiempo libre, e ir al teatro. He crecido aquí, y Moscú ya está dentro de mí, en mi corazón.

¿Qué momentos de la historia rusa te preocupan ahora de una manera especial?


Ahora lo que más me interesa es octubre de 1917, la guerra civil, la colectivización, el 22 de junio de 1941, el deshielo, la época del estancamiento, la perestroika, el año 1991 y el gobierno de Yeltsin. Me surgen muchas preguntas respecto a la historia reciente de nuestro país, y no siempre me satisfacen las explicaciones de los mayores. Hay muchas contradicciones. Cuando los usuarios de Internet critican la administración actual, les entiendo porque realmente hay muchos problemas, pero me parece que muchos de nuestros problemas radican en la URSS. Aunque para poder sacar conclusiones concretas, me queda muchísimo por estudiar. Todavía mucho.

¿Qué carrera te gustaría hacer? ¿Y qué piensas de la nueva Selectividad?

Todavía no he decidido del todo en qué universidad y qué especialidad estudiar, pero creo que me decantaré por la Facultad de Directores de Cine del Instituto Estatal de Cinematografía (VGIK), o bien por la Facultad de Filología de la Universidad Estatal de Moscú. O puede que sea la de Filosofía e Historia. Es decir, no lo he decidido todavía, tengo tiempo.

No he pensado en la Selectividad, pero en general, no me gustan mucho los exámenes. No es una enseñanza de verdad, parece que es el concurso “¿Quién quiere ser millonario?”. Por ejemplo, Pushkin, Lérmontov, Tolstói, Gógol, ¿han pasado algún examen o se las apañaron sin este tipo de pruebas para convertirse en grandes escritores?

¿Con qué estás soñando?

No se ría. Me gustaría hacer este mundo más humano. Estoy totalmente convencido de que el amor y la caridad me ayudarán a ello. No es sólo una frase bonita, es mi sueño. Concretamente, quiero hacer una película basada en “El arco iris para un amigo”. Hay mucha gente que se queja de que sólo se ruedan películas violentas, historias policiacas, películas vacías, y de que falta buen cine familiar. ¿Dónde están ustedes, señores directores de cine? ¿Han leído mi “Arco iris”? ¡Les invito a colaborar!

Si aparece gente que me ayude a producir esta película, con el dinero que gane me gustaría crear una escuela para perros lazarillos. Es un gran problema en Rusia. Sólo hay un perro lazarillo por cada trescientos invidentes, mientras que en los países desarrollados hay un perro de este tipo por cada 10-12. Así que mi sueño consiste en ayudar a los ciegos, porque es verdad que tienen los ojos muertos, pero vivos los corazones.

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