A Europa... sin visado

Foto de Lori/Legion media

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Los motivos son claros. En primer lugar, la problemática del visado es algo que el público general comprende con más facilidad que la OMC, la seguridad energética de Europa o el acuerdo marco. En segundo lugar, al contrario de lo que sucedió en la década de los 90, muchos rusos están descubriendo el mundo y pueden costeárselo. En tercer lugar, se trata de un asunto de política interna relacionado con el prestigio del país. A diferencia de Ucrania, Moldavia o Georgia, Rusia no cederá ante nada que no sea la abolición recíproca.

Para muchos especialistas rusos la insistencia moscovita no es más que un gesto populista. En la actualidad la obtención de un visado Schengen de múltiples entradas no presenta problema alguno para los empresarios, burócratas o políticos. El actual acuerdo de facilitación hace que resulte sencillo obtener incluso visados múltiples para aquellas personas involucradas en intercambios científicos o culturales, para periodistas y parientes de ciudadanos de la Unión Europea. Cualquier persona que posea un pasaporte diplomático puede viajar a Europa sin necesidad de visado. De modo que, por parte rusa, los principales afectados son los turistas que eligen viajar al exterior en sus vacaciones anuales.

Sin embargo, no parece que Bruselas sea muy partidaria de permitir los viajes sin visado de los rusos, lo cual se debe en parte a la mala suerte y al inoportuno momento actual. Rusia no es un destino turístico atractivo para la mayoría de los europeos, por lo que esta cuestión no es una preocupación importante para los negociadores de la UE. Además, las probabilidades de viajar sin visa entre Rusia y Europa se vieron reducidas tras la apertura de fronteras de la zona Schengen para quienes poseyeran pasaportes biométricos de Serbia, Montenegro y Macedonia (a finales de 2009) y, más tarde, Bosnia y Herzegovina y Albania (a finales de 2010). Gran cantidad de personas emigró a Europa después de que se adoptasen estas políticas. Guy Trouveroy, embajador de Bélgica en Rusia, alimentó el temor de una posible migración masiva. En cambio, él mismo señaló en una entrevista con el Servicio de Prensa ruso a principios de abril que la principal razón por la cual la UE no está interesada en derogar el visado es que Europa teme un influjo de refugiados desde las zonas rusas del Cáucaso Norte y Abjazia, cuyos residentes poseen pasaportes rusos aunque la UE los considere oficialmente parte de Georgia.

Por otra parte, en los últimos tiempos la inmigración ilegal proveniente de África del Norte a través de Turquía ha aumentado en el viejo continente. Además, hay problemas económicos y recortes presupuestarios, lo cual torna al electorado menos cordial hacia políticas de apertura.

En la cumbre entre Rusia y la UE en Rostov del Don el verano pasado, el presidente Dmitri Medvédev propuso un bosquejo de acuerdo de exención de visado que aún no ha tenido una respuesta coherente.

“No se han estipulado plazos. Como en cualquier diálogo, todo depende de las dos partes, de sus respuestas y esfuerzos”, manifestó un portavoz de la Comisionada para Asuntos Europeos Internos Michele Cercone. Según Vladímir Chizhov, embajador ruso para la UE, solamente aquellos países cuyas economías están interesadas en el influjo de turistas rusos desean que se acelere el proceso de negociación. Otros son precavidos o incluso se oponen al viaje sin visado ahora y en el futuro inmediato.

En la opinión de Chizhov, el trabajo se está desarrollando en dos ejes paralelos. El primero trata de la completa derogación de las visas. En este sentido se acaba de realizar en Moscú una reunión de altos funcionarios que están trabajando en una serie de “pasos comunes”. El segundo eje es la liberalización del visado, lo cual se relaciona con la evaluación del cumplimiento con los acuerdos de 2006 respecto de la facilitación y readmisión, y el perfeccionamiento de dichos acuerdos. “Existen varias propuestas que amplían la práctica de la emisión de visados multientrada, simplifican otros procedimientos y sistematizan el listado de documentos que los viajeros deben presentar”, aseveró Chizhov. Parece que será de estos dos ejes de negociación entre Rusia y la UE donde provenga la facilitación del visado más que del establecimiento de un acuerdo.

Los diplomáticos que están familiarizados con este trabajo sostienen que está avanzando a paso lento pero seguro. Existen una serie de problemas técnicos que no pueden resolverse con rapidez y llevará al menos tres años. Rusia y la UE han dado “pasos en común”, pero hasta ahora no se ha diseñado una hoja de ruta con puntos concretos y dirigida hacia un sistema sin visado. Lo más probable es que, en caso de que aparezca, no tenga fecha de concreción.

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