El futuro comienza aquí

Foto del servicio de prensa de Skólkovo

Foto del servicio de prensa de Skólkovo

Doce millas al oeste de Moscú se encuentra el núcleo de ladrillos y cemento que pretende dar un salto masivo a la alta tecnología, una versión rusa de Sillicon Valley, que está surgiendo en una pequeña localidad llamada Skólkovo.

“Espero que todo el mundo llegue a conocer esta marca, no sólo como un lugar al que los inversores deberían destinar su dinero, sino porque se trata de un gran proyecto de desarrollo que necesita ser el motor que impulse el proceso en su totalidad”, manifestó el presidente Dmitri Medvédev a principios de este mes cuando llevó a Skólkovo a más de 800 periodistas internacionales para una sesión de preguntas y respuestas.

Se estima que con el tiempo más de 40.000 personas vivirán y trabajarán en estas 365 hectáreas. El centro llevará por nombre “Innograd” y contendrá un grupo de empresas de alta tecnología rusas e internacionales, en caso de que tenga éxito. Medvédev dio luz verde al proyecto en febrero del 2010 y la construcción se llevará a cabo dentro de un marco de iniciativas más amplio. En la reunión del 18 de mayo el presidente realizó las siguientes declaraciones: “No creo que debamos analizar la modernización bajo la lupa de un plazo de tiempo fijo y rígido. Recuerdo cuando todos contábamos cómo había pasado un año desde el inicio de la perestroika, luego dos o tres años más… y todos sabemos qué es lo que ocurrió finalmente”.

Durante meses, “Skólkovo” ha sido la palabra de moda en referencia al programa de modernización del Kremlin. Al margen de la Escuela de Gestión de Moscú, recientemente abierta, el proyecto aún está, en gran medida, en su etapa inicial. Aunque Rusia está encarando seriamente su deseo de abrirse y apartarse de su tradicional papel de exportadora mundial de energía y materias primas para transformarse en un centro de desarrollo de alta tecnología. Y en este sentido, Skólkovo es la insignia del proyecto.

Medvédev ha visitado Sillicon Valley para ver de cerca qué podría funcionar en Rusia. Es cierto que esta región se convirtió en el mayor centro tecnológico de Estados Unidos principalmente debido al gasto en defensa (en gran parte dirigido a la Unión Soviética) durante los años setenta y los ochenta. Pero la versión de Rusia se encuentra en una era diferente, y la pretensión es que Skólkovo funcione a nivel internacional. “Este lugar tiene una importancia especial para mí, porque es donde estamos desarrollando nuestra nueva tecnología, donde hemos establecido la universidad Skólkovo y la escuela de gestión, y donde se ubicará nuestro centro de innovación”, afirmó el presidente.

Además de Medvédev, existe una gran cantidad de nombres que están trabajando por lograr que el proyecto sea un éxito. El exdirector general de Intel, Craig Barrett, y el multimillonario ruso Víktor Vekselberg dirigen conjuntamente el Consejo de la Fundación, que incluye entre sus miembros al presidente de Lukoil Vagit Alekperov y a Anátoli Chubais, director general de la Empresa Rusa de Nanotecnologías (Rusnano). Zhores Alferov y Roger Kornberg, premios Nobel en física y química, dirigen el Consejo Científico.

“Skolkóvo pasará a dirigir una orquesta de empresas nuevas”, predijo el vicepresidente de la fundación Stanislav Naumov en una entrevista concedida a Rusia Hoy.

Pero no es un intento de crear una utopía al estilo soviético, pagada y gestionada por el Estado. Es cierto que el Estado ha hecho muchas gestiones en favor del proyecto, pero lo que se rechaza es precisamente la participación del Gobierno. O, cuando menos, toda dependencia financiera estatal. “Hasta ahora, la aportación pública asciende, como máximo, a dos tercios del total”, afirmó Naumov, y enfatizó que los fondos pedidos en préstamo para cumplir con el precio de desarrollo, proyectado en 1.000 millones de dólares anuales, se cancelarán en ocho años como máximo.

Una premisa que impulsa el desarrollo en Skólkovo es la necesidad de conjugar innovación y educación. El año pasado se graduó la primera generación, compuesta por cuarenta jóvenes empresarios del programa de MBA de la Escuela de Gestión de Moscú. El curso presta especial atención a los mercados emergentes, incluía a estudiantes de la India, Brasil y Canadá, y pasó meses afinando destrezas prácticas en lugares tan distantes como algunas ciudades industriales de China. Se espera que la Universidad Técnica de Skólkovo comience a recibir admisiones de posgrado en 2014.

Naturalmente, existen ciertas dudas y contradicciones en torno al proyecto. Si bien las empresas nuevas se dirigen hacia “Innograd” junto con los científicos internacionales, no puede darse por descontado a los inversores. Según señalan los críticos, la imagen actual de Skólkovo aún es muy imprecisa.

Al comienzo las circunstancias generalmente son desfavorables, y también existe una saludable y pragmática preocupación desde dentro. “Desde 1990, ha habido 980 intentos para crear centros de innovación, de los que sólo se materializaron diecisiete, y tan sólo tres están realmente a la altura de las circunstancias”, indicó Grigori Revzin, respetado especialista en arquitectura y miembro del consejo de planeamiento urbano. “Estadísticamente, las posibilidades de fracaso de Skólkovo son altas, pero no hay ninguna necesidad de destruir el proyecto artificialmente.”

Sillicon Valley pasó a formar parte de la conciencia popular como una encarnación del esplendor innovador en estado puro, también Skólkovo busca alentar la imaginación mientras lucha por convertirse en la marca de la que habla el presidente.

En una ingeniosa, aunque un poco antojadiza, medida dentro del proceso, la fundación ha contratado al director ruso-kazajo Timur Bekmambetov (Night Watch, 2004) para producir una serie televisiva basada en historias del escritor de ciencia ficción soviético Kir Bulichev. Su protagonista, Alisa Seleznyova, vivirá en la moderna Skólkovo y hará descubrimientos científicos junto a sus padres, adelantó Naumov.

Sin embargo, volviendo al mundo real, Craig Barrett, exdirector general de Intel y participante de Skólkovo, insiste en que “unir los negocios con la investigación es la verdadera oportunidad de Rusia para lograr dar un salto tecnológico hacia adelante”.

“Es necesario confiar en la rectitud de la causa que uno defiende, aunque falten garantías firmes”, sentenció.

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