Arquitectura con conciencia

Vasili Bichkov y Andréi Bókov. Foto de Ria Novosti

Vasili Bichkov y Andréi Bókov. Foto de Ria Novosti

Acaba de inaugurarse en Moscú la feria internacional de arquitectura y diseño Arkh-Moskvá. La revista Ogoniok entrevista al director.

Para un ciudadano de la calle un arquitecto es el que diseña casas. Sin embargo, durante la alcaldía de Yuri Luzhkov, entre 1992 y 2010, los arquitectos jóvenes no tuvieron ninguna posibilidad de demostrar su talento. ¿En qué medida el proyecto Arkh-Moskvá ayuda a estos arquitectos?

Siempre es difícil abrirse camino en cualquier ámbito, pero en arquitectura es más difícil todavía. La complejidad y la responsabilidad, así como el peligro potencial que implica el oficio son enormes, sólo equiparables con los de un político. En el camino de un arquitecto siempre hay barreras naturales y artificiales. Además, vivimos en una sociedad cerrada, lo que entraña más complicaciones para los jóvenes. Somos líderes en cuanto a la cantidad de papeles necesarios con un “visto bueno” (y eso es parte de las responsabilidades del arquitecto), así como en corrupción y sobornos. Otro factor desfavorable es la falta de proyectos viables para un arquitecto joven. El sistema de licitaciones en la arquitectura rusa está aún muy verde. Cuando se trata de grandes proyectos, siempre invitan a los mejores. En el caso de las obras públicas, las licitaciones no suelen ser más que una formalidad para guardar las apariencias.

Pero si un contratista trabaja con un arquitecto joven se ahorra dinero, ¿no?


Desde el punto de vista de los constructores, esta cuestión apenas tiene importancia. Además, los arquitectos jóvenes no tienen experiencia en la tramitación de proyectos, así que las pérdidas pueden superar con creces el supuesto ahorro. El oficio de arquitecto tiene mucho que ver con la burocracia. Sin embargo, creo que tenemos que construir un puente entre los arquitectos jóvenes y las constructoras. En Arkh-Moskvá intentamos hacerlo. Antes, las constructoras decían abiertamente: “No me importa la arquitectura, sino que me importan las ventas”. En dieciséis años hemos logrado cambiar esta situación. Una muestra de ello son los proyectos de Capital Group, que contrata a buenos arquitectos. Lo mismo se puede decir del Mirax Group, orientado a la arquitectura internacional.

Según tengo entendido, una de las prioridades de Arkh-Moskvá es la de inculcar el buen gusto en las promotoras…

Modestia aparte, hemos hecho mucho por el mercado. Descubrimos a varios de los arquitectos más conocidos hoy en día, les ayudamos a que recibieran encargos directamente en la feria, creamos el mecanismo de promoción de la élite del mundo de la arquitectura. A veces los constructores nos llaman para pedirnos asesoramiento y ayuda para buscar arquitectos.

Los Emiratos Árabes están construyendo Saadiyat, una isla artificial. ¿Por qué un país musulmán es capaz de realizar unos proyectos de vanguardia tan ambiciosos y Rusia vuelve a quedarse a la zaga?


Creo que se debe a que la sociedad rusa sólo ha declarado su intención por modernizarse. Si hablamos, por ejemplo, de España (estos días en la Casa Central del Pintor se desarrolla una importante exposición dedicada a la arquitectura española moderna ) que es un país con cultura y tradiciones muy profundas y una sociedad muy complicada, está realmente orientada hacia la modernización. La modernización se impulsa desde arriba: si el Rey inaugura una feria de arte moderno, eso significa que las instituciones que tradicionalmente mantienen el poder la apoyan. Lo mismo observamos en Gran Bretaña, que desde los años 90 intenta deshacerse de la imagen de país conservador y tradicional. Están desarrollando una promoción de su arquitectura y diseño a nivel internacional. Como resultado, la mitad de las estrellas de la arquitectura internacional son inglesas o viven en Gran Bretaña. Rusia se limita a hacer declaraciones. Las palabras “cultura” y “arquitectura” no despiertan ningún interés ni en los funcionarios, ni en la gente de a pie.

Otra importante tendencia internacional es la de dar prioridad al plano urbano frente a los edificios concretos.


Sí, sigue siendo un problema de importancia para nosotros. Basta con recordar el famoso Plano General de Moscú que en un primer momento fue aprobado y después retirado. No fue apoyado por ningún arquitecto, sin contar con los que estuvieron implicados en el diseño de la urbanización. Viajo mucho por Rusia y veo que en algunas ciudades ni siquiera hay arquitectos jefe. Si antes era el Estado el que determinaba la imagen de las ciudades, en la actualidad la urbanización se ha desarrollado de manera aleatoria. Ahí está el caso de Naberezhnie Chelni, por ejemplo, que en los últimos 20 años ha sufrido un crecimiento pujante del sector privado en el mercado de la construcción, proyectos individuales, reducción del espacio urbano y un sinfín de errores. Como resultado, las ciudades modernas resultan ser una mezcolanza de casas. El concepto de arquitectura impulsado en Arkh-Moskvá siempre ha aludido a la responsabilidad social. Soy partidario de reglamentar todo al máximo, de limitar la libertad de los arquitectos en la construcción masiva y de otorgar máxima libertad de creación en los proyectos individuales, pero siempre manteniendo un diálogo con la sociedad.

¿Cree que el arquitecto y el constructor están dispuestos a respetar el entrono urbano?

En mi opinión, la base de las ciudades, sobre todo de las nuevas, ha de estar formada por arquitectura neutra, es decir, estándar. Creo que este tipo de arquitectura ha salvado a las ciudades rusas de una arquitectura antiestética. Los nuevos barrios llenos de arcos y muy decorados me molestan mucho más que los bloques de de los 70, construidos a base de paneles. Está claro que los arquitectos modernos quieren complacer al público, pero entonces, las ciudades se van convirtiendo poco a poco en rehenes de la arquitectura de autor. Y como no tenemos tantos arquitectos buenos, hay que elaborar normas para regular la construcción masiva. Por lo menos, para prevenir la aparición de las antiestéticas buhardillas que vemos ahora por todo San Petersburgo. Sí, tienen derecho a existir, pero han de responder a ciertas normas. Hay que elaborar dos o tres opciones para una buhardilla, dos tipos de vitrinas y entradas, cinco tipos de lo que sea, etc. Estableciendo el material, las dimensiones, etc. Como se hace en cualquier ciudad europea.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.