Otro Stravinski

Foto del archivo personal

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“La insatisfacción con uno mismo es una de las principales cualidades de un verdadero talento”, escribió Chéjov. A primera vista, no parece que la insatisfacción sea una de las características distintivas de Marius Stravinski. El joven y apuesto director de la Orquesta Filarmónica Karelia obtuvo su puesto antes de cumplir los 30 años y emana encanto así como confianza en sí mismo. Es evidente que disfruta de su posición de famoso local y no duda en erigirse en hacer el papel de embajador cultural de Karelia. Cuando comenzamos nuestra charla, el director subraya su amor por Petrozavodsk (la capital de Karelia, y sede de la orquesta) y sus aires de pequeño pueblo.

Sin embargo, una vez que pasamos a hablar de música muestra una actitud extremadamente seria y autocrítica. Cuando le pregunté cómo había hecho para llegar tan alto y tan rápido en una profesión tradicionalmente asociada a hombres mayores, no pareció encontrar una respuesta. Todo lo que pudo decir fue que aún tenía mucho por aprender. “La dirección lleva tiempo y práctica, por lo que ‘profesión’ es un preciso término para describirla. No creo que se llegue a la dirección tras haber pasado la mayor parte del tiempo como instrumentista. No es el camino indicado. Es tan difícil. No hablo de la estúpida marca del compás, sino de cómo hacer que una orquesta suene mejor. Quizás esta habilidad llegue a otros con más rapidez, pero creo que lleva tiempo. Recuerdo que al comenzar pensaba que la dirección de orquesta era fácil y ahora paso tanto tiempo con los arreglos. Nunca deberíamos dejar de aprender. No existe un director joven. Yo soy peor que cualquiera que tenga 40 años, o más.”

Stravinski nació en Kazajistán, pero su educación musical en Inglaterra lo ha dotado de un perfecto inglés con acento británico y sus correspondientes modales. También se le conoce por su defensa de la música británica, que continúa siendo casi inexistente en los programas de conciertos rusos. “Cuando llegué por primera vez a Londres, mi educación musical en Moscú me había impregnado la idea de que la música inglesa no era de gran calidad; me habían enseñado que los rusos y los alemanes eran los mejores. Los ingleses eran muy buenos en la poesía y la pintura. Luego pude escuchar a Elgar y me enamoré. Es una gran música y la verdad es que aquí no la conocen. No puedo creer que yo haya traído las “Variaciones Enigmáticas” de Elgar aquí [a Karelia]; es un trabajo tan reconocido. Sucedió lo mismo con obras de Walton, Vaughan Williams y Britten. Cuando estás en un país extranjero, te sientes una suerte de embajador. Pero también es fácil que los representantes y el público te encasillen. Por ejemplo, Valeri Gergiev es conocido por su Mahler 'ruso', y yo soy conocido como un director de ‘música inglesa’.”

Al explicar por qué prefiere trabajar en Rusia y no en Inglaterra, Stravinski explica: “En lo concerniente a la música, hay una sensación de que todo es posible. En Rusia, puedes hacer cualquier cosa que desees si te lo propones, lo cual es muy importante para mí. No respondo a nadie más que a mí mismo, mi público y mi orquesta. Por eso puedo programar al compositor británico Thomas Adès, a Bartók, a Stravinsky o a Mahler. Por supuesto, siguen estando Tchaikovsky y el resto, pero en Inglaterra, lo que apesta es la presión proveniente de tantas partes. Nunca debes sacar la vista de lo importante, que es trabajar con los mejores músicos, que están en Occidente, y no puedes dejar de pensar en la carrera. Hay que lograr un equilibrio”.

Dicho esto, resulta evidente el orgullo que siente por su orquesta, a quien ve más como una colaboradora que como un instrumento. “Los músicos hacen el mayor esfuerzo. El director está allí tan solo para indicar el camino. Creo que los directores de estos días tienen mucha menos responsabilidad respecto de cómo suena en verdad la orquesta. En los últimos 50 años, las orquestas de todo el mundo han mejorado muchísimo. Creo que es importante tener una visión artística más que otra cosa. Los músicos responden mejor cuando son guiados con calidez. La Filarmónica Karelia es una de las mejores orquestas regionales de Rusia. Aquí hay un conservatorio, por lo que siempre hay un agradable flujo de músicos. También somos una de las más pobres, ya que no recibimos ningún apoyo de grandes empresas, lo cual es un poco injusto. Pero los músicos son tan buenos que hacen que todo siga funcionando. Además, los rusos están tan apegados a sus tradiciones que nos incentivan. Esta orquesta tiene 70 años, a la par de la Sinfónica de Montreal, por lo que tiene cierta historia.”

A pesar de su amor por la música inglesa y de referirse a Rusia como un “país extranjero”, su apego por dicho país es evidente. “Vine a Rusia cuando tenía 23 años y pensé: ‘Estaré aquí alrededor de un año para obtener la técnica’. Pero me encontré con que no podía irme y pensé que debía haber una razón para ello. Realmente amo al país y me considero un ruso más. No puedo imaginar volver a Inglaterra en el futuro cercano, y creo que eso se debe a que hay algo aquí.” Y señala su pecho. “Hablan de la russkaya dusha [el alma rusa]. Es muy fuerte.”

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