Dmitri Baltermanz: "El ojo de Rusia" en España

Foto de servicio de prensa

Un mes después de la celebración del Festival Internacional de Letras de Bilbao -Gutun Zuria-, en el que Rusia fue el país invitado, podemos disfrutar de una excepcional exposición de fotografía en la Alhóndiga de Bilbao desde el 11 de mayo hasta el 29 de junio. Enmarcada también dentro del Año Dual España-Rusia, ‘Cincuenta años de la URSS a través de la lente de Dmitri Baltermants [1939-1989]’, es un título representativo del autor, que plasmo la época soviética guardando siempre las distancias respecto a los mitos que su propio trabajo sustentaba; la dimensión utópica y propagandística de sus fotografías coexistía con la artística, confiriendo a sus obras un valor que va más allá del mero documento histórico.

La colección consta de alrededor de 200 fotografías procedentes de la Casa de la Fotografía de Moscú, una institución de referencia en el ámbito de la fotografía rusa e internacional. También participan en la exposición el Departamento de Cultura de Moscú, el Ministerio de Cultura de la Federación Rusa y el Ayuntamiento de Moscú. La Casa de la Fotografía de Moscú albergará asimismo en septiembre la exposición del Premio Nacional de Fotografía Alberto García-Alix. Otro de los numerosos intercambios culturales dentro del Año Dual España-Rusia.

Además, del 18 de mayo al 29 de junio, la Alhóndiga de Bilbao acogerá junto a la exposición de Dmitri Baltermants ‘Corea del norte: el peso de la historia’. Una exposición que recoge en imágenes la gráfica desarrollada en este país a lo largo de las seis décadas que discurren entre la firma del armisticio en 1953 y la actualidad.

La inauguración fue un acto sencillo al que acudieron una treintena de personas; algunas de ellas no conocían al autor y acudieron a la exposición por interés en la cultura rusa. Otras, sin embargo, asistieron atraídas por la reputación del fotógrafo, a quien se ha llegado a comparar con el célebre Robert Capa. En las blancas paredes de la espaciosa sala de exposiciones de la Alhóndiga, la colección ha sido ordenada siguiendo una línea cronológica, desde el comienzo de su carrera en la Primera Guerra Mundial hasta algunas de sus últimas obras durante la perestroika.

Según las palabras de la comisaria de la exposición Olga Sviblova, directora de la la Casa de la Fotografía de Moscú, ‘Baltermants nunca fue considerado del todo un fotógrafo soviético. Un talento profesional brillante, un impecable sentido de la composición, junto con un innato sentido aristocrático le permitieron ser un artista cosmopolita independiente, alguien que estableció relaciones normales con el régimen soviético, al que nunca pretendió traicionar, pero tampoco representar’.

Dmitri Baltermants nació en Varsovia en 1912. Su padre sirvió en el Ejército Imperial Ruso y perdió la vida en la Primera Guerra Mundial. A principios de los años treinta, Baltermants se licenció en la facultad de matemáticas de la universidad de Moscú. A pesar de la brillante promesa de una carrera académica con rango militar, su vida le condujo al mundo del fotoperiodismo cuando en 1939 recibió su primer encargo como fotógrafo profesional del periódico estatal soviético ‘Izvestia’: fotografiar la llegada de las tropas soviéticas al oeste de Ucrania. Su trabajo obtuvo un gran éxito, respondiendo a las demandas estéticas del realismo socialista, que imperaba en aquella época.

A partir de junio de 1941 trabajó como corresponsal de guerra para ‘Izvestia’, realizando reportajes sobre las batallas de Moscú, Crimea y Stalingrado. Muchas de las imágenes que captó en estos lugares sufrieron la censura y no se hicieron públicas hasta muchos años después.

La exposición cuenta con varias fotografías de este periodo, como la famosa “Pena”, que retrata la masacre cometida por los nazis en la aldea de Kerch en 1942. Esta fotografía en particular no se publicó en la URSS hasta el año 1975. Los censores la consideraron demasiado desmoralizante para un país arrasado por la violencia de la guerra. Baltermants no desdeñó tampoco el recurso del ‘collage’, insertando espesas y oscuras nubes para subrayar el carácter trágico de escenas como esta. Baltermants describe la guerra de tal modo que algunas de sus fotografías se han convertido en símbolos de un humanismo profundo.

En 1943, tras un fatal error del editor del diario, que se equivocó al titular algunas de sus fotos, de modo que desafortunadamente fueron a imprenta sin corrección, fue enviado a un batallón de castigo, al que sobrevivió de milagro. ‘Indultado’ por una grave herida que casi le cuesta una pierna, tras la convalecencia en un hospital, regresa por fin al frente en 1944 como fotógrafo, esta vez no por cuenta de ‘Izvestia’, sino del periódico del ejército ‘Na razgrom vraga’, registrando las campañas militares en Polonia y Alemania. De esta época podemos encontrar fotos como ‘Tchaikovsky’, donde durante la larga marcha hacia Berlín, cinco soldados gozan de un raro momento de reposo mientras uno de ellos toca el piano dentro de una casa en ruinas.

A su regreso del frente Baltermants buscaba trabajo en vano. Los antecedentes penales eran una mancha en su currículo, y además durante la campaña paranoica contra el ‘cosmopolitismo’ sus orígenes judíos le cerraron las puertas de los periódicos soviéticos, incluso de aquellos en los que habían podido admirar sus fotografías. Finalmente, Alekséi Surkov, editor jefe de ‘Ogoniok’, la revista ilustrada más importante del momento con millones de copias en la calle, asumió el riesgo de contratarle. Fue allí donde Baltermants trabajó hasta su muerte en 1990, dirigiendo la sección de fotografía desde 1965.

El fotógrafo vasco Iñigo Tena describe a Dmitri Baltermants como ‘una bestia del fotoperiodismo. Con el plus de que fotografiaba todo aquello a lo que los fotógrafos occidentales no tenían acceso. Estéticamente es muy parecido a su generación. Con una mirada irónica, sobre todo con los mandatarios. Ha pasado de ser un fotoperiodista a un artista como le paso a Robert Doisneau, siendo un artista reconocido por varias galerías internacionales’.

Baltermants se embarcó en su carrera profesional al tiempo que la URSS sellaba el ‘telón de acero’, que aislaría el arte soviético del resto del mundo. Dada la utilidad de la fotografía con fines propagandísticos, y bajo el auspicio del Partido Comunista, Dmitri Baltermants viajó por las diferentes repúblicas de la Unión y creó imágenes en las que retrataba el bienestar y la productividad de los trabajadores rusos. Estas imágenes decorarían las casas de millones de lectores de ‘Ogoniok’. Un socialismo triunfal se desprendía de todas ellas, manifestando la gloria de la URSS y promoviendo sus mitos.

En 1949 Dmitri Baltermants fue nombrado fotógrafo oficial del Kremlin. De este modo pudo acercarse a Stalin, del que nos ha dejado abundantes fotografías. Tras la muerte de este, en la época de Jruschev, Baltermants comenzó a extender sus actividades también fuera del territorio soviético, donde tuvo mucho éxito.

Los retratos políticos constituyen un capítulo especial en su obra, que contemplo a los mandatarios políticos sin miedo. En la exposición podemos apreciar fotografías pertenecientes a este capítulo. Entre ellas cabe destacar las que realizó a los secretarios generales del PCUS: Stalin, Jruschev, Brezhnev, Andropov, Chernenco y Gorbachov. Todas ellas capturan momentos que se alejan del protocolo, recogiendo situaciones sinceras e incluso divertidas de estas personalidades. Como ‘Alimentación mutua’, donde siguiendo la costumbre cachemira, el primer ministro de Cachemira Bakshi Ghulam Mohammed y el secretario general del PCUS Nikita Jruschev se alimentan mutuamente bajo la atenta mirada de Nikolái Bulgánin.

Baltermants era consciente del legado de la fotografía rusa de la vanguardia, y del legado de la fotografía en general. Conocía a Henri Cartier-Bresson, Robert Doisneau, Marc Riboud, Josef Koudelka y a otros grandes maestros de finales del siglo XX. Además fue uno de los pocos fotógrafos rusos que mantuvieron su éxito tanto dentro como fuera de las fronteras durante casi medio siglo.

La comisaria de la exposición Olga Sviblova destacó también la doble vertiente del fotógrafo mediante la cual “Baltermants contribuyó a crear y sustentar los mitos en los que se basaba el régimen soviético, los mitos sobre la vida de la gente más poderosa y feliz de la tierra; pero por otro lado, desnudó sin piedad la realidad de sus mitos, subrayando en sus fotografías el dolor y las dichas humanas que no dependen ni de fronteras geográficas ni de estructuras sociales”.

Esta doble vertiente convierte esta exposición en un evento interesantísimo para un amplio espectro de público. Dmitri Baltermants o ‘el ojo de Rusia’ como lo llamaban, es una figura esencial del fotoperiodismo, pero también un artista único. Su mirada lúcida eleva los eventos que retrata a un nivel estético excepcional, otorgándoles un valor lírico que raramente se encuentra en el fotoperiodismo.

Más información en: www.alhodigabilbao.com

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