Azar contra la crisis

Foto de PhotoXpress

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Si la crisis aprieta, cómprate un décimo de lotería , esto es lo que parece que pensamos los españoles en estos difíciles tiempos que vivimos. Pese a que la arrolladora “crisis del ladrillo” nos llevó a una “crisis laboral” y nos ha dejado al borde de los 5 millones de desempleados, en la lotería navideña de 2010 nos gastamos 68,68 euros por cabeza, esto es, 10 euros más que el año pasado, según la administración de Loterías del Estado. Aún así, pese a esta remontada recaudatoria, los españoles estamos lejos de aquellos 94 euros por persona en aquel dorado año 2004.

Y es que los 3 millones de euros a la serie del “Gordo” son un reclamo muy tentador para todos aquellos con apuros económicos, hipotecas amenazantes y deudas. Aunque la lotería de navidad no es la única a la que jugamos los españoles. Ahí están la Primitiva, el Euromillón, la Bono Loto…y sobre todo, la Quiniela, en la que, además de poder hacerte rico, puedes demostrar tus capacidades como gurú futbolístico prediciendo como será la siguiente jornada de liga. A pesar de la dureza de esta crisis, tan mal no debe de ir la cosa, ya que, en la pasada jornada liguera la recaudación ascendió a casi 9 millones de euros. Aunque es el Euromillón, un juego reciente, nacido en 2002 y en el que participan otros países europeos, el que está pegando con más fuerza. Esta misma semana ha contado con una recaudación de 86 millones de euros.

A los que nos criamos en familias que no apostaban en los juegos de azar, la lotería, la quiniela, la bonoloto y demás nombres nos sonaban a marciano. Ahora nos traen a la memoria el olor a los farias que los ancianos se fumaban con avidez mientras rellenaban extraños papeles indescifrables para nosotros. En estos momentos, con la crisis apretando el cuello y exprimiendo nuestras libretas bancarias quizás nos toque ponernos al día o aprender a jugar al Black Jack. La comunidad autónoma de Aragón, de la que soy originario, puede echarnos una mano ya que se ha propuesto levantar un mega proyecto llamado “Gran Scala” que pretende ser el mayor centro de juego de toda Europa. Así será si no se les adelanta Rusia, que parece disfruar con la idea de centralizar el juego en un solo punto.

El caso ruso es diferente, oficialmente el gobierno optó por esta medida para alejar el lujo ostentoso de los grandes núcleos urbanos y al mismo tiempo, promocionar regiones tan apetecibles como Siberia oriental o el Cáucaso, donde se planean construir grandes centros de juego que den salida a los ilegalizados casinos de las urbes. Mientras oficialmente se busca una salida a este negocio los empresarios más impacientes, no dispuestos a reconvertir sus locales moscovitas en restaurantes sobrecargados de parpadeantes lucecitas de colores o discotecas de moda, han regresado al mundo de la timba clandestina, lo que ha provocado que los casinos ilegales surjan como champiñones en otoño. La policía rusa ha abierto más de 6000 causas contra delitos económicos en relación con el juego ilegal, pero el floreciente negocio y los millones de rublos que dan vueltas y vuelas en las ruletas de Moscú, embellecido ahora con la pátina de bohemia que da la ilegalidad, parece estar lejos de frenarse, especialmente si siempre hay algún funcionario dispuesto a mirar hacia otro lado, u otro casino que no pague.

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