Un kilómetro de peculiar diversión

La calle Arbat. Fotos de Itar-Tass

La calle Arbat. Fotos de Itar-Tass

Artistas, comerciantes, poemas de Pushkin, perros y osos: a veces, la calle Arbat, también llamada “Stari Arbat” (Vieja Arbat) para diferenciarla de la “Novy Arbat (Nueva), se convierte en un circo. Para aquellos que viajan a Moscú por primera vez se trata de una de las principales atracciones. Recorrámosla juntos para ver qué podemos encontrar allí.

Los días soleados son ideales para pasear por Arbat porque las cosas más interesantes suceden bajo el sol. La entrada a esta calle está ubicada en la estación de metro Arbatskaya, donde se encuentra el famoso restaurante Praga, en el que durante la era soviética era casi imposible conseguir una reserva.

Cerca de la entrada vemos a los primeros retratistas esperando a algún cliente con paciencia que tenga ganas de llevarse a casa un retrato más o menos realista de sí mismo. Más adelante, escuchamos ritmo de percusión y un poco más a lo lejos divisamos a un gran grupo de seguidores de Hare Krishna que, gracias a la sencillez de las letras de sus canciones, pueden cantar en cualquier idioma y país.

Si durante vuestra caminata de domingo por la tarde os invaden las ganas de tatuaros, buscad a quienes andan por Arbat repartiendo panfletos de locales de tatuajes. También podéis encontrar mujeres vestidas con trajes rusos o ucranianos típicos y gente disfrazada de oso y vaca haciendo repetidas rondas para promocionar tiendas de recuerdos. Esta es una gran oportunidad para los turistas ávidos de fotografías originales.

Los caminantes hambrientos pueden encontrar cafeterías y restaurantes a ambos lados de la calle y, aunque hay varias cafeterías locales, las famosas cadenas internacionales también sacan provecho de la ubicación histórica y de la multitud: Subway, McDonald’s, Starbucks y Hard Rock Café tienen su lugar aquí.

Más adelante nos encontramos con un grupo de estudiantes batiéndose en una guerra de almohadas que, bajo el sol de primavera, provoca una mullida lluvia de plumas. Un perro que pasa por allí se les une rompiendo la última bolsa de plumas con sus dientes.

A cada paso encontramos algo que ver: mimos y músicos; mascotas (exhibidas en cajas o jaulas para la venta o para ser fotografiadas); un mercadillo de libros antiguos (en cada visita a Arbat, mi novio encuentra una colección de clásicos para comprar aunque, al final, cambia de parecer y nos evita tener que cargar un pesado paquete de regreso a casa en el metro); el famoso graffiti dedicado a Víctor Zoi, creador de la banda rusa Kino; el teatro Vajtangov y la fuente Turandot. Algo que no se pueden perder es la casa de Pushkin que sobresale en el paisaje por su llamativo y penetrante color azul, custodiada por un monumento del poeta y su esposa. En medio de Arbat, el monumento a Bulat Okudzhava y una vaca de plástico en tamaño real del restaurante “Mumu” compiten por llamar la atención de los turistas, y, curiosamente, la vaca suele resultar más entretenida y fotogénica.

Si salimos de la calle Arbat por la estación de metro Smolenskaya, podemos disfrutar de una cerveza en el agradable John Bull Pub, o continuar caminando y pasar junto al edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores (una de las "Siete Hermanas" o uno de los "Rascacielos de Stalin"). Yendo por allí camino a la estación de Kievskaya, os recomiendo cruzar por el hermoso puente cubierto para peatones en lugar de ir por donde pasan los coches. Es también una linda forma de cruzar el río en invierno, ya que el puente es cerrado y tiene bancos; incluso, en una ocasión se organizó allí una exposición de fotos. Al ser elevado, el camino que se extiende por la orilla del río que conduce al puente ofrece una gran vista del Kievski Vokzal, de Moscow City y del centro comercial Evropeiski. En Kievskaya podemos tomar una de las embarcaciones que recorren el río Moscova u optar por el viejo y conocido metro.

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