El Ártico, fuente de cooperación

Foto de Itar-Tass

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El pasado 12 de mayo se han reunido en la ciudad de Nuuk, en Groenlandia, altos funcionarios de los países del Consejo Ártico, es decir, de los 8 países con intereses en el Polo Norte (Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia). Allí se debatieron temas relativos a la pesca, el turismo, y la exploración de petróleo y minerales, definiendo algunas normas y demostrando que la cooperación es la base fundamental de las relaciones internacionales polares.

En el actual contexto, por cierto, no son sólo los Estados quienes inciden sobre el sistema internacional, las grandes compañías de gas y petróleo lograrán eventualmente determinar el futuro del Ártico. Sin embargo, siguen siendo los países de la región los que tienen poder de decisión sobre las rutas navegables en sus territorios. Es en este escenario en donde los Estados limítrofes al Ártico se ven inmersos en la disyuntiva entre competir o cooperar, aunque hasta el momento viene prevaleciendo la segunda opción.

Debido a las condiciones climáticas del Ártico, ningún país ha reclamado aún efectivamente la soberanía sobre su territorio. Pero a partir del efecto del cambio climático sobre la región, sobre todo en éstos últimos años, los intereses geoestratégicos y geopolíticos de los países árticos han comenzado a mirar hacia el Norte. Además, se cree que en el Ártico se podrían encontrar más del 25% de las reservas de hidrocarburos aún no exploradas.

Es interesante analizar aquí el rol que cumple cada país a la hora de justificar sus intereses sobre el Ártico: Canadá se ha caracterizado por concentrarse en los reclamos por los derechos de los pueblos originarios; Estados Unidos (al tener menos poder real sobre la región ya que sus costas hacia el Ártico se encuentran sólo en el Estado de Alaska) aboga por el cuidado del medio ambiente; Dinamarca se centra en los problemas climáticos y Noruega reclama por la pesca.

En todos estos ámbitos, las relaciones entre los países pueden ser evidentemente de cooperación. En este sentido, el gobierno ruso está intentando solucionar todos sus conflictos territoriales con los países vecinos, tal como logró hacerlo con Noruega luego de más de cuatro décadas de negociación. Poseer fronteras claras le será muy útil a la hora de determinar los límites hacia el Polo Norte, sobre todo debido a su extensa frontera sobre el Océano Ártico. A partir de allí, la relación con Noruega ha mejorado mucho, tal es así que en estos días se están realizando el ejercicio naval conjunto “Pomor 2011” con el objetivo perfeccionar la compatibilidad operacional en aguas del Ártico.

Además, en el mes de junio, en la ciudad de Arjánguelsk, se llevará a cabo la segunda edición del Foro Internacional “El Ártico: territorio de diálogo” para fortalecer los lazos de cooperación entre los países de la región. En este foro, que encabeza Moscú, se tratan los principales temas de la agenda internacional relativa al Polo Norte como el cambio climático, la pesca, el comercio y la sustentabilidad de los recursos naturales.

Rusia ha decidido encarar la cuestión del Ártico desde el patriotismo. Siguiendo con la lógica nacionalista que ha caracterizado buena parte de la historia rusa, tanto Vladímir Putin como Dmitri Medvedev han hecho declaraciones sobre las aspiraciones rusas en el Ártico y la importancia de poseer esta zona para fortalecer la identidad rusa. En el año 2007 Rusia colocó su bandera a más de 4000 metros de profundidad bajo el Polo Norte, demostrando su interés por estos territorios. A partir de allí, los demás Estados respondieron fortaleciendo sus políticas de control sobre sus respectivos territorios árticos, como en el caso de Canadá, por ejemplo.

Por otra parte, desde el año 2001 se están realizando diversos estudios sobre la plataforma continental del país para intentar demostrar ante Naciones Unidas que la Cordillera de Lomonósov, una cadena montañosa de más de 3.000 metros de altura pero a mil metros de profundidad, pertenece a Rusia (aunque Canadá y Dinamarca también la reclamen para sí). De lograr este reconocimiento, la Federación Rusa podría extender su jurisdicción sobre la plataforma continental hasta las 350 millas náuticas (en vez de las 200 actuales) tal como establece la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) de 1982. Para apoyar esta pretensión, el explorador polar y miembro de la Duma Artur Chilingárov se encuentra dirigiendo la exploración rusa denominada “Polo Norte 38” que consiste en instalar una estación científica flotante sobre un témpano de hielo a la deriva, en el cual estarán aproximadamente un año.

Pero éste no es el único programa que tiene el gobierno ruso relativo a los polos. El Primer Ministro ruso ha expresado su voluntad de ampliar la presencia en el continente antártico también. Teniendo en cuenta esto, podemos comprender mejor la relación de cooperación entre Rusia y los países latinoamericanos. La Federación Rusa ha comenzado un proceso de cooperación con América Latina basado principalmente en relaciones comerciales bilaterales. En ese marco se inscribe, por ejemplo, la compra de armamento ruso o la adquisición de helicópteros de transporte multipropósito desde varios países de la región, además del rompehielos ruso "Vasili Golovnín", rentado por el Ministerio de Defensa de la República Argentina para reemplazar al Rompehielos ARA Almirante Irízar mientras este se encuentre en reparación luego del siniestro sufrido en abril de 2007. De esta forma, Rusia se acerca a la región fortaleciendo vínculos que facilitan su llegada al continente blanco.

Pareciera ser que aunque los marcos jurídicos entre el Ártico y la Antártida sean diferentes, hasta el momento la cooperación ha primado en las relaciones internacionales de ambos polos. Queda por ver si el cambio climático podría también terminar incidiendo sobre esta lógica de negociación internacional.

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