Diez años entre rejas por un divorcio

Foto de PhotoXpress

Foto de PhotoXpress

Muchos rusos, sobre todo aquellos que tienen hijos menores de 18 años, entraron en estado de shock a finales de marzo. Los diputados de la Duma habían preparado un nuevo proyecto de ley que, de haberse adoptado, habría cambiado profundamente el derecho de familia. Según este documento, los padres separados, en particular aquellos que no tienen la custodia de sus hijos, que viajen al extranjero con su hijo o se trasladen a otro lugar de residencia, podrían pagar un alto precio: diez años de cárcel. Así de claro; ni más, ni menos.

Tal vez piensen que es ridículo; pero esperen un segundo, no es tan simple. Como es natural, los legisladores rusos han explicado los motivos que justifican la aparición de una ley tan extravagante que no tiene en cuenta a los niños. Lo cierto es que su argumentación no está desprovista de racionalidad. Actualmente se separan en Rusia casi un 50% de las parejas. En la mayoría de los casos, los hijos son 'la manzana de la discordia', que los padres heridos utilizan como chantaje: "Si no me dejas el apartamento, no te dejaré que veas a los niños". "Quieres la casa de campo, pues los niños se quedan conmigo". Cuando los 'nuevos' rusos, enriquecidos en los últimos quince años, empezaron a divorciarse, la situación empeoró aún más. La verdad es que desde hace tiempo los tribunales de justicia conceden la custodia a la madre en el 95% de los casos. Los padres adinerados casi nunca están de acuerdo con estas decisiones y se suelen llevar a sus hijos de forma ilegal. Posteriormente, los guardias de seguridad mantienen a las madres alejadas.

Nadie discute que los padres que se llevan a sus hijos y los utilizan para hacer chantaje deben de ser castigados. Sin embargo, ¿por qué de forma tan violenta? Según la ley rusa, los violadores y los traficantes se enfrentan a condenas de diez años. Aquí estamos hablando de simples ciudadanos, cuyo único error es no lograr compartir a sus hijos. ¿Se tienen en cuenta los intereses del niño si se encarcela a 'papá o mamá' durante diez años?

En este sentido, no resulta sorprendente, que esta torpe iniciativa de los diputados haya suscitado enseguida fuertes protestas por parte de la sociedad. "Si me llevo a mi hijo de vacaciones al extranjero y no solicito autorización a mi ex marido porque no lo localizo, ¿pueden encarcelarme por llevarme a mi hijo ilegalmente?", escribió una madre indignada en un blog. ¿De qué le sirve a los niños que se te someta después a chantaje y acabes en prisión?", afirmaba otra madre, yendo más allá. Por si fuera poco, la vaga fórmula que aparece en el proyecto de ley y reza "impedir cualquier contacto con el niño", puede interpretarse en un sentido bastante amplio. Si el ex marido se presenta en mitad de la noche, en absoluto sobrio, para hablar con su hijo, y la mujer no le deja entrar, tenemos ahí un pretexto para amenazarla con llevarla a la cárcel.

En la página web web "No juzguen a mamá", especialmente creado con motivo de esta situación, se recogieron 15.000 firmas en unos pocos días para solicitar al presidente de la asamblea rusa que no se adoptara este proyecto de ley mal concebido. Se celebró una manifestación delante de la Duma: algunas parejas de 'jóvenes casados', vestidos de novios y encadenados, distribuían octavillas exigiendo que no se autorizara el 'gulag familiar'. Numerosos juristas de renombre han criticado la iniciativa. Los medios de comunicación, en su mayor parte, han apoyado a la opinión pública y han criticado el furor legislativo de los diputados. Los promotores de esta ley confesaron que la fuerte resistencia popular les pilló por sorpresa y nadie se quiso estrellar. De modo que se presentaron enmiendas a la duración del encarcelamiento antes de la segunda comparecencia, que tuvo lugar a finales de abril. Se introdujeron penas administrativas, multas y en caso de reincidencia, el arresto y hasta cinco días entre rejas.

La principal lección que extraemos de esta historia es que los rusos están preparados para defender sus derechos. Cierto es que solo es así cuando afecta directamente a sus intereses vitales. Si mi ex marido quiere que vaya a la cárcel por decir sí o no, perdone, pero no puedo aceptarlo de ninguna manera, ¡yo misma me metería entre rejas!

Fijémonos en otro ejemplo algo diferente, pero que apunta en el mismo sentido. A lo largo del año pasado, las manifestaciones más populares de Moscú fueran las organizadas con motivo de la construcción de una autopista con peaje de Moscú a San Petersburgo que atravesaba el bosque de Jimki. El primer ministro y el presidente se encargaron personalmente de la situación. No se puede decir que los defensores del bosque resultaran vencedores, ya que finalmente la autopista se construirá según su trazado. En cambio, el apetito de los constructores no se ha visto para nada saciado, porque solamente han obtenido autorización para talar los árboles del trazado de la autopista, y no los de un amplio espacio con vistas a construir en los alrededores, como se previó en un principio. En cualquier caso, lo importante de esta historia, tal y como declaró un funcionario moscovita, es que han aprendido muchas cosas. A partir de ahora, antes de comenzar a construir una carretera, tendrán que tener en cuenta a la opinión pública. Nadie desea revivir otro escándalo del mismo calibre. Parece que la sociedad civil está tomando forma en Rusia, y esto significa que los funcionarios que presenten proyectos extravagantes o los diputados que firmen leyes ridículas, deberán tenerlo en cuenta.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.