Un acto de responsabilidad que parece invisible

Marta Rebón

Marta Rebón

En los últimos años han llegado a las estanterías de las librerías españolas una serie de novelas rusas recién traducidas. Entre todas ellas destaca el éxito obtenido por la novela de Vasili Grossman “Vida y destino”. La calidad de esta obra es innegable aunque no podemos olvidarnos de “Una saga moscovita” de Vasili Aksiónov, la “Confesión” de Tolstói, o las novelas de Liudmila Ulítskaya, entre otros.

Marta Rebón ha sido la traductora de todas estas obras, ella se ha dedicado a brindarnos la posibilidad a los lectores en español de acercarnos a estas lecturas. Además, obtuvo el premio de la primera convocatoria de “La literatura rusa en España” otorgado por la Fundación Borís Yeltsin por la traducción de “Vida y destino”. Aunque esta joven de Barcelona no sólo traduce al español sino que también lo hace al catalán. Cuenta un interesante blog sobre cultura rusa en español http://elarcarusa.tumblr.com y otro sobre fotografía junto a Ferran Mateo http://www.rebonmateo.org.

Marta ha concedido una entrevista para Rusia Hoy en la que ha hablado del arte de la traducción y de literatura rusa.

¿ Cuál fue el primer libro que tradujo? ¿Se podría afirmar que su forma de traducir ha cambiado desde entonces?


Me estrené en esto de la traducción con varios capítulos de un ensayo en inglés que, para mi sorpresa, acabó por convertirse en un superventas: “El club Bildelberg” de Daniel Estulin. A ése siguieron otros libros, también en inglés. Pero, en cuanto a traducción literaria, creo que mi bautismo de fuego me llegó con una novela rusa: “Sinceramente suyo, Shúrik” de Liudmila Ulítskaya, que también vertí poco después al catalán. Fue muy gratificante que, después de tanto esfuerzo y varios años de batalla por dominar el ruso, me dieran el espaldarazo dos editoriales tan prestigiosas como Anagrama y Quaderns Crema. Respecto a la forma de traducir, cada vez que inicio una nueva traducción siento el mismo vértigo, el peso de la responsabilidad. Como es natural, se va adquiriendo soltura, mayor celeridad a la hora de resolver problemas. Con todo, las condiciones no siempre son las ideales. Por ejemplo, en plena traducción de “El doctor Zhivago”, me mudé de Bruselas a Quito por motivos laborales de mi pareja. Al llegar, nos encontramos con una pertinaz sequía que provocaba cortes del suministro eléctrico de hasta seis horas diarias. Y así durante casi tres meses…

¿Qué libro ha sido el que más le ha costado traducir? ¿Por qué?


Sería difícil quedarme con uno, pues todos los libros presentan dificultades. Además, la exigencia va creciendo a medida que vas sumando años de experiencia. La mayoría de la gente no imagina el enorme esfuerzo que encierra la labor de traducción. Como estamos en un país donde se traduce todo –cine, literatura, etc.-, este trabajo parece algo invisible, natural, como si viniera dado por sí mismo. Por mencionar algún título, el último volumen de la trilogía de Vitali Shentalinski para Galaxia Gutenberg me planteó un sinfín de problemas. El libro no estaba editado en ruso, trabajaba a partir del manuscrito y estaba lleno de fragmentos de documentos rescatados de los archivos de la KGB, así que me iba encontrando con estilos muy dispares, tomados in medias res. Otro libro que no puedo dejar de nombrar es “El doctor Zhivago”. Podría haberme pasado años revisando el texto, pero el tiempo apremia y, cómo no, siempre estamos sujetos a los imperativos editoriales.

Usted también traduce del inglés. ¿Qué diferencias encuentra respecto a la traducción del ruso?


Por diversos aspectos gramaticales y sintácticos, el ruso es una lengua mucho más compleja que el inglés pero, paradójicamente, su distancia mayor con respecto al español acaba facilitando en cierta manera el proceso de traducción. Con el inglés, siempre tengo que andar más pendiente de evitar calcos sintácticos y repeticiones.

¿Cómo fue el proceso de traducción de “Vida y destino”?

Una experiencia muy intensa. Acababa de mudarme a Bruselas, una ciudad nueva para mí, y disponía de poco tiempo para llevarla a cabo, así que me encerré en una especie de burbuja. La novela en sí, su fuerza y su compromiso ético me subyugaron. Creo que fue más una cuestión de entrega incondicional que de método. Para mí supuso un enorme reto enfrentarme a la jerga militar: los diferentes rangos, el armamento, etc. Consulté mucha bibliografía especializada sobre la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo todo aquello como puro vértigo.

¿Cree que la literatura rusa contemporánea es desconocida en España? ¿Cuáles podrían ser las causas de ese desconocimiento?


Es cierto que, si bien la literatura clásica goza de una salud envidiable, a la contemporánea le cuesta abrirse camino. Entre los autores que han logrado colarse figuran Borís Akunin, Liudmila Ulítskaya, Víktor Pelevin o Vladímir Sorokin, pero poco a poco irán entrando muchos más en el mercado editorial español, es imparable. No hay que olvidar que los estudios de filología eslava se establecieron relativamente tarde en nuestro país y es ahora cuando empezamos a contar con varias hornadas de eslavistas. Además, a diferencia de otros países europeos, aquí no se produjo una fuerte inmigración rusa y tampoco hay una nutrida generación de rusos nacidos en España cuyo imaginario cultural se sitúe a caballo entre ambos mundos. Los casos excepcionales que ya he mencionado (Ulítskaya, Sorokin…) no son suficientes para hacerse una idea de qué se hace en Rusia hoy en día. Por ello, es una buena noticia que se instituyan premios como el Debut, destinado a distinguir a jóvenes autores de hasta 25 años. Este año, por primera vez, se están traduciendo los relatos de los nominados a varias lenguas occidentales, gracias al apoyo económico de la fundación que lo otorga. A mí me tocó traducir dos de la ganadora, Alisa Ganíeva, quien ha tenido el enorme acierto de poner el foco en una zona poco tratada literariamente y que ella conoce de primera mano: Daguestán. Dentro de poco se abrirá una Casa Rusia en Barcelona, otra en Madrid, estamos en el año dual Rusia-España, crece el turismo, etc. Todo esto contribuye a poner su granito de arena en la comprensión y conocimiento mutuos entre ambos países.

¿Piensa que en los últimos años se ha producido una expansión de las letras rusas en España? Me refiero al éxito de “Vida y destino”, la aparición de la editorial Nevsky Prospekt, las obras traducidas de Tolstói...


Se habla de un boom, incluso se dice que está de moda… Qué duda cabe. El éxito de Vida y destino rebasó todas las expectativas. No recuerdo, con anterioridad, que un autor ruso muerto, y menos aún con una novela de mil páginas sobre la II Guerra Mundial, coronase la lista de los más vendidos y obtuviera tal impacto mediático. Es de justicia decir que el buen momento por el cual atraviesa la literatura rusa se debe a un trabajo previo de larguísimo recorrido por parte de editores y traductores. En la actualidad se encuentran títulos rusos en muchos catálogos, tanto de editoriales grandes como de pequeñas, así que cada vez llega a un público más amplio. También hay iniciativas recientes, como la editorial de los amigos Nevsky, especializados en literatura rusa, dedicados a un trabajo de recuperación muy importante e incluso están lanzando nuevas fórmulas, como “Chéjov comentado” (editado por Sergi Bellver) o “La flor roja” (ilustrado por Sara Morante y traducido por Patricia Gonzalo de Jesús).

¿Ha traducido poesía alguna vez? ¿Cree que la poesía se pude traducir?

La he traducido un poco, digámoslo así, por «obligación», porque aparecían en obras de narrativa. Los novelistas rusos, grandes lectores de poesía, son muy proclives a introducir versos en sus obras. En la trilogía de Shentalinski aparecían recurrentemente poemas de la Edad de Plata, también me las vi con el ciclo de poemas de Yuri Zhivago. ¿Se puede traducir poesía? Poder, se puede. Ahí están las estanterías llenas. No obstante, es un género muy peliagudo, y para gustos, colores. Es como interpretar una pieza musical, no es matemática pura, cada intérprete le aporta algo, pero nunca son versiones definitivas sino relecturas que, a mi modo de ver, no anulan las demás sino que conviven con ellas. A unos les gustará la «traducción» que hace de una pieza Glenn Gould y a otros más las de Lang Lang, Sokolov o Richter.

Este pasado mes de marzo se ha celebrado el 190º aniversario de Dostoievski. ¿Cree que más de un siglo después Dostoievski sigue vigente?


Por supuesto, Dostoievski entra en esa categoría de escritor clásico que siempre es fuente de conocimiento y sinónimo de lectura estimulante. Precisamente mi interés por la literatura rusa surgió de la lectura de Dostoievski. Zweig lo definió como «el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos», y es ese ahondamiento en todas las problemáticas que rodean al hombre lo que siguen haciendo su discurso absolutamente moderno. En todos los interrogantes que desfilan por sus páginas, el lector encuentra claves filosóficas, estéticas, morales y éticas que le llevan a replantearse cuestiones esenciales. Además, en sus descripciones, los amantes del paisaje ruso encontrarán perfilada brillantemente Petersburgo, esa ciudad mítica que él denominaba la «más premeditada del mundo».

¿Qué recomendarías a alguien que todavía no se ha adentrado en la literatura rusa?


Que se atreviera con cualquiera de las nuevas traducciones que ofrecen las editoriales españolas. A veces puede infundir respeto la longitud de algunas obras, los nombres rusos, la densidad… pero nadie ha dicho que leer deba ser una actividad fácil. Sin duda, se le abrirá un espacio mental nuevo, diferente, y no cabe duda de que le ayudará, aun decantándose por un clásico, a comprender un poco mejor el papel de Rusia en el panorama internacional actual. Otra manera de aproximarse es mediante el teatro. En España el teatro ruso siempre está muy presente. Aquí, en Barcelona, en fecha reciente, se ha representado Turguéniev en el Nacional, Chéjov en el Teatre Lliure y el Romea...

Marta Rebón nació en Barcelona. Licenciada en Humanidades y Filología eslava, amplió sus estudios en las universidades de Cagliari, Varsovia, San Petersburgo y Bruselas y cursó en Barcelona un posgrado en Traducción literaria. Entre las obras que ha vertido del ruso, figuran “Vida y destino”(Premio "La literatura rusa en España", convocado por la Fundación Borís Yeltsin, 2009) y “Todo fluye” de Vasili Grossman (ambas publicadas en Galaxia Gutenberg/Cercle de Lectors); las novelas “Sinceramente suyo, Shúrik”, “Mentiras de mujeres” y “Sóniechka” de Liudmila Ulítskaya (Anagrama/Quaderns Crema); “La camisa” de Yevgueni Grishkovets (451 editores); “Crimen sin castigo” y “Denuncia contra Sócrates” de Vitali Shentalinski (Galaxia Gutenberg); “Confesión” de Lev Tolstói (Acantilado); “Envidia” de Yuri Olesha (Acantilado) y “La inundación” de Yevgueni Zamiatin (Alfabia).

También traduce del inglés, su última traducción de esta lengua es "Los poseídos. Aventuras con libros rusos y con las personas que los leen", de Elif Batuman. Ed. Seix Barral.

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