La sauna móvil

Foto de autosauna.ru

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Ahora uno puede llamar para solicitar una sauna a domicilio y tomar un baño de vapor junto al portal de su casa o incluso mientras está parado en un atasco.

“¡Si no tenéis tiempo para ir a una sauna, la sauna irá a vuestra casa!” reza la inscripción de la parca tarjeta de visita. Aparte del número de teléfono, en la tarjeta figuran una escoba y un barreño. No se puede decir que sea un invento totalmente nuevo porque en los Urales rusos, al Este de Moscú, desde hace tiempo la gente está acostumbrada a organizar saunas en cualquier vehículo con cuatro ruedas. Aparte de los coches sauna existe también una casa-sauna móvil. Literalmente, alguien se las apañó para poner ruedas a una pequeña casita que luego ató a un tractor y lleva de viaje. Teniendo en cuenta las particularidades de muchos caminos rusos, es decir, sin asfaltar, mantenerse en el asiento de esta sauna no será menos complicado que mantenerse sobre el lomo de un toro durante un rodeo. En cambio, este negocio ha aparecido en Moscú hace muy poco y, al menos de momento, parece mucho más sencillo que el de las saunas móviles de otros lugares del país. Aunque no se sabe por qué este invento provoca muchas más sospechas en Moscú. ¿Para qué se va a encerrar uno en una sauna móvil en medio de la ciudad si no tiene intención de hacer algo malo?

“Soy director de cine, trabajé en Mosfilm, y esta furgoneta ha servido de camerino a muchos conocidos actores rusos”, cuenta Serguéi avivando el fuego de la estufa de gas que calienta las piedras y el agua en la minúscula sauna de la furgoneta. Serguéi y su amigo Vladímir son muy aficionados a la sauna desde la infancia, así que en cuanto descubrieron que en los estudios de cine habían dado de baja un camerino móvil, decidieron comprarlo para convertirlo en una sauna sobre ruedas. Han pasado tres años antes de que hicieran su primer viaje. Durante todo este tiempo han pensado en cada detalle: dónde almacenar el agua, cómo calentar las piedras y cómo regular la temperatura dentro de la sauna. Dicen que con las reservas de agua y electricidad que tienen, uno podría pasar dentro alrededor de doce horas.

“He estudiado ingeniería”, cuenta Serguéi. “Así que tanto el proyecto como la ejecución de la obra y la decoración fueron cosa nuestra”. El aspecto que tiene es el siguiente: un microbús cualquiera aparca en la acera de una calle moscovita, simplemente se diferencia en que de la pequeña chimenea que tiene en el tejado sale humo. Dentro hay una sauna en la que pueden entrar cuatro personas, ni demasiado altas y ni demasiado fuertes, encogiendo las rodillas; además hay una pequeña ducha con chorritos finos de agua fría y caliente y un saloncillo para descansar con una mesa y dos bancos, así como un tabique con una ventanilla. Desde allí se sirven el té, los vasos limpios y los buenos consejos que proporcionan Vladímir y Serguéi. Los dos amigos empezaron a ofrecer el servicio de cara al público en septiembre,y está lleno de pequeños detalles: botes de aceites aromáticos, mascarillas para el cuerpo, gorros y una limpieza impecable; se nota que esta extraña estructura es su juguete favorito.

Al montarse en esta sauna móvil uno siempre tiene que tener en cuenta que cualquier acción, por simple que sea, exigirá mucho más tiempo que lo normal. Incluso el hecho de quitarse el pantalón se convierte en toda una aventura. La sauna no se calienta hasta los necesarios 70º hasta después de una hora, y es entonces cuando empieza lo más interesante. El finísimo chorrito de la ducha no es capaz de enfriar el cuerpo recalentado y es necesario pasar al menos veinte minutos en el saloncillo de descanso para reponerse. De modo que sólo queda una opción: llenarse de valentía, abrir la puerta y salir a las calles de la ciudad envuelto en una toalla. Una señora mayor pasaba junto a la sauna con su perrito y, al ver el vapor saliendo de nuestros cuerpos envueltos en toallas, seguramente haya pensado que aquello era un prostíbulo sobre ruedas.

El autor de memorias “Sobre el Estado ruso”, el inglés Giles Fletcher, describió así las costumbres moscovitas del siglo XVI relacionadas con la sauna: “Podrán observar con frecuencia como ellos, para fortalecer el cuerpo, salen corriendo de las saunas llenos de jabón y, echando humo como un cochinillo en un asador, se tiran desnudos al río o se echan agua fría por encima, incluso cuando hace mucho frío”. Hay que admitir que tanto el arte de la sauna como el carácter de los moscovitas han cambiado poco desde el siglo XVI. Una sauna sobre ruedas seguro que es la mejor opción en un atasco. Aunque de repente el microbús GAZ-53 se ha detenido en uno, la sauna ronda los 80 grados, y detrás de la ventanilla se ve el anillo de circunvalación Sadóvoie, casi el centro de la ciudad. ¿Qué opciones hay? Parece que no hay más que salir echando humo como un cochinillo.

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