Bosques amenazados

Foto de Tatiana Shabaeva

Foto de Tatiana Shabaeva

”El bosque ruso” es un símbolo que ha evolucionado a través de los siglos. Se trata de un lugar en donde los ladrones, los viejos creyentes rusos, los campesinos fugados y los ermitaños religiosos buscaban refugio. Fue el nombre de una popular colonia masculina en los tiempos soviéticos y el título de una densa novela filosófica. Da nombre a una empresa de confituras, una exhibición maderera y diversos complejos inmobiliarios además de innumerables cafés, pequeños hoteles y cuadros

La ONU ha declarado el año 2011 el Año Internacional de los Bosques y, considerando la identificación que hay con ellos en Rusia, bien podría considerarse el “Año de Rusia”. En el marco de una mesa redonda de la ONU titulada “Bosques para la gente”, Alexander Panfilov, vicedirector de la Agencia Forestal Federal de Rusia (Rosleskhoz) declaró: “A pesar de la crisis económica, aún existe un alto grado de inversión en la agencia, la industria del procesamiento de madera está creciendo, se están creando más puestos de trabajo y el sistema de administración forestal está mejorando. Dicho sistema está tornándose más eficaz y la legislación forestal, por su parte, está mejorando. Se está prestando especial atención al suministro de nuevo equipamiento técnico y al desarrollo de la infraestructura necesaria y a la capacitación del personal”.

Todas estas iniciativas son muy necesarias para el bosque ruso, en especial, teniendo en cuenta lo que está sucediendo en realidad. En la actualidad se espera que un guardabosques ruso proteja 70 km² de reserva forestal. Su tarea es recorrer esos 70 km² de bosque a diario y proteger el área de la tala ilegal de árboles, los cazadores furtivos y peligros de incendio. Pero los guardabosques no deben recorrer los bosques ellos solos, lo que significa que a diario deben supervisar 140 km2 de bosque en parejas. El presupuesto destinado a una hectárea anualmente en una reserva forestal asciende aproximadamente a 25 céntimos. Este gasto incluye las medidas de seguridad antiincendios —recordemos que me refiero a una reserva natural, un bosque especialmente protegido—. Imaginad lo que sucede en un bosque sin protección...

Por ello, no es difícil dudar de la veracidad de las palabras de los portavoces de la Agencia Forestal. Sin embargo, el principal obstáculo que les impide cumplir sus promesas es el Código Forestal Ruso, que entró en vigencia en 2007. Además, la organización tiene un exceso de personal de alto rango, los sistemas de administración forestal se encuentran en un estado de reforma casi constante y las diferencias interdepartamentales son cada vez mayores.

En la actualidad, las leyes más importantes de administración forestal se aprueban a nivel federal. Los ingresos provenientes de los bosques son destinados al presupuesto federal y luego regresan parcialmente en forma de exiguos subsidios mientras que la administración real de los bosques corre a cargo de los gobiernos regionales.

Hasta hace poco, la protección de los bosques en áreas remotas o poco pobladas estaba a cargo de las subdivisiones de una estructura federal única: el servicio de aviación para la protección forestal (Avialesokhrana). Esta organización fue la que apagó el incendio forestal más grande y peligroso. Con la introducción del nuevo Código Forestal, “Avialesokhrana” se dividió en regiones y se disolvió en diversas organizaciones independientes, muchas de las cuales no pudieron mantenerse a flote. La posibilidad de una redistribución organizada del personal cualificado en las distintas regiones no ha podido concretarse aún, lo cual se hizo evidente en 2008, cuando 3,6 millones de hectáreas de bosque ardieron en incendios forestales y también en 2010, cuando desaparecieron 2,8 millones de hectáreas.

Según Alexéi Yaroshenko, director del departamento forestal de Greenpeace Rusia, la nueva legislación ha posibilitado la explotación de la tierra forestal, incluido el desarrollo de bosques de especial importancia natural o social. Por ejemplo, el estado se desentiende de la regulación de los bosques que crecen en tierras destinadas a la agricultura, dejando así vía libre para su apropiación y desarrollo. Un área puede seguir siendo boscosa sobre el papel aunque en realidad exista un desarrollo inmobiliario, esta anómala situación se debe a que según el nuevo Código Forestal los bosques pueden desarrollarse sin que exista un cambio formal de estado.

Resulta aún más relevante la reducción del acceso a los recursos para la población rural que se registra en la nueva legislación. Es muy difícil para los habitantes locales abastecerse de leña y madera para proyectos de construcción o restauración a pequeña escala. No se trata sólo del coste, ya que la madera para uso personal no es cara. Sino de la obtención de la licencia que permite la tala legal de madera. Los ciudadanos se ven obligados a tener que hacer averiguaciones durante meses, y es posible que sus esfuerzos sean en vano porque no hay bosques en las inmediaciones que cumplan los requisitos. En muchos casos han sido alquilados a empresarios que ganarán mucho dinero a través de contratos de alquiler.

La industria maderera rusa está mayormente orientada al mercado externo, en especial, Europa y China. La situación de estos mercados tiene una gran influecia en la industria forestal rusa. Al mismo tiempo, las explotaciones madereras en Rusia están aumentando a un ritmo mucho mayor que en Europa. En 2008, los precios de madera de coníferas rusas de alta calidad eran comparables al promedio mundial.

”Bosques para la gente”, es el título del discurso pronunciado por el alto funcionario de la Agencia Forestal Federal en la mesa redonda, y contiene una triste ironía. Nos recuerda el final de aquel viejo chiste soviético que decía: “Sabemos quién es esta gente”.

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