Un invento maravilloso

Javier Cercas. Foto de Getty Images/Fotobank

Javier Cercas. Foto de Getty Images/Fotobank

Javier Cercas nació en Ibahernando, Cáceres, en 1962. Es profesor de Literatura Española en la Universidad de Girona. Además de colaborador habitual de la edición catalana del diario “El País”. Ha publicado numerosas novelas entre las que destacan “Soldados de Salamina”, llevada al cine por David Trueba, “El vientre de la ballena”, “El móvil” ,“Anatomía de un instante” donde se trata el intento de golpe de estado del 23 F y que recibió el premio Nacional de Narrativa, o “El inquilino”. Entre los numerosos premios que ha obtenido se encuentran The Independent Foreign Fiction, en el Reino Unido, el Grinzane Cavour, en Italia o el de la Crítica de Chile. “El vientre de la ballena” es su única traducción al ruso y fue hecha por A. Berkova.

Javier Cercas es uno de los invitados a Gutun Zuria. Participará en una conversación con Ignacio Vidal Foch el domingo 10 de abril y posteriormente tendrá un encuentro con los lectores. El escritor ha concedido una entrevista para Rusia Hoy en la que ha hablado de literatura rusa antes de acercarse a la capital vizcaína.

El domingo usted participará en Gutun Zuria, Festival de las Letras en la Alhóndiga. ¿Suele venir a Bilbao?

Pues...sobre todo cuando me invitan, he estado unas tres o cuatro veces. La verdad es que voy a menudo por el País Vasco. No sólo a Bilbao sino también a San Sebastián o Vitoria.

El lema del festival es “Haz lo que quieras mientras no hagas nada”. ¿Qué le evoca?

(Se ríe) Me gusta mucho. Me recuerda a una cosa que dice el poeta chileno Nicanor Parra “Urge no hacer nada”. Soy totalmente partidario del ocio. Yo me hice escritor para vivir en el ocio permanente, para mí escribir no es trabajar. Antes de ser escritor profesional buscaba desesperdamente espacios para poder hacerlo, ahora afortunadamente me puedo dedicar a ello. Es el ocio permanente, algo totalmente antisocial.

Rusia va a ser el país invitado en este festival. ¿Qué relación tiene usted con la literatura rusa?

Mi relación con la literatura rusa es antigua aunque tengo que reconocer que conozco mal lo que se escribe ahora. Empecé muy pronto a leer a Dostoievski, en una traducción de Cansinos Assens. Fue un escritor que leí con voracidad cuando era joven, al que luego he vuelto. Me fascinó, claro. Lo mismo que Tolstói y Chéjov, a los que leí más tarde. Son los tres escritores rusos que más he leído.

De Chéjov, ¿le interesaban más los relatos o las obras de teatro?

Yo soy muy mal lector de teatro. He visto algunas de sus obras representadas pero me refería más al relato. Me parecen el origen de una línea del relato occidental que llega hasta hoy mismo, es decir, Chéjov funda un tipo de relato realista que tiene derivaciones hasta hoy día con autores como Raymond Carver y que se ha consagrado como canon en muchas escuelas, no sólo, norteamericanas. En mi opinión, básicamente hay dos tipos de relato. Uno que viene de Edgar Allan Poe y otro que viene de Antón Chéjov. El primero es el relato fantástico construido como si fuera un caso policial. Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, por ejemplo, se situarían dentro de esta órbita.

El segundo, el realista, trata de un fragmento de vida. Por ejemplo, los maravillosos relatos de Joyce en “Dublineses” siguen esa tradición. Yo leo constantemente a Chéjov. Esta es la doble vía básica aunque evidentemente luego se dan muchas interferencias y cruces.

En cuanto a Tolstói y Dostoievski, pues es imposible imaginar la literatura occidental sin esas dos bestias, ¿no? Evidentemente, a lo largo de los años la relación con cada uno de ellos ha sido cambiante. Recuerdo mis primeras lecturas de Dostoievski como si estuviera enfermo, lo leía con fiebre. “El jugador”, que es la primera novela que leí de él, me puso enfermo. “Crimen y castigo”también me puso enfermo. Tal y como he dicho antes leía la traducción de Cansinos Assens que no era directamente del ruso sino que la hacía del francés. Aunque de todos modos hay que reconocer también que Cansisnos era muy buen escritor. A partir de una traducción se intuye que Dostoievski no es un escritor tan perfecto, no es tan perfeccionista en este sentido como Flaubert o Chéjov. La impresión que produce es más bien la del chorro. Me imagino que para los que puedan leerlo en ruso debe ser impresionante. Es como un fluir histérico, compulsivo. La enorme potencia moral e imagitiva es tremenda. En cambio Tolstói da la impresión de ser un escritor más controlado, mesurado. Pero los dos son inmensos, con ellos tenemos una parte importante de la literatura occidental.

Ha dicho que no conoce bien la lieteratura rusa contemporánea, pero seguro que tiene alguna noción de autores del siglo XX.

Sí, claro. Pero solo son nociones. Por ejemplo, he conocido hace poco a Vasili Grossman, es un escritor extraordinario. Bueno, no solo yo, lo mismo ha ocurrido en toda España. Según tengo entendido, en los años 80 se hizo una traducción que pasó sin pena ni gloria aunque no debía ser muy buena. En cambio, cuando lees “Vida y destino” te quedas anonadado porque se trata de una obra maestra absoluta, una de las grandes novelas del siglo XX sin duda. Ha sido un deslumbramiento para mí. A mí estas grandes novelas, a la manera de las rusas del siglo XIX me fascinan. “Doctor Zhivago” me parece otra gran novela.

¿Y se ha acercado a la poesía rusa?

Bueno, he leído algunas cosas: a Brodsky, a Tsvietáieva, a Mandelstam... Los leo traducidos al español. Desgraciadamente no puelo leerlos de otra manera. Aunque también he leído alguna cosa traducida al inglés.

Respecto a su propia obra. Hay novelas suyas que han sido traducidas al ruso. ¿Conoce a la traductora?

Sí, se ha traducido “El vientre de la ballena” y también firmé un contrato para traducir “Soldados de Salamina” pero al final creo que no se llevó a cabo. Es un poco raro porque “El vientre de la ballena” es una de mis obras menos traducidas. Tendrá seis o siete traducciones. No, no conozco a la traductora.

¿Ha estado en Rusia alguna vez?

 Sí, estuve en 2005 en Moscú. El país me interesó mucho aunque tuve la desgracia de que me robaron dos veces.

Usted también es traductor además de escritor.

Noooo.... bueno, he traducido algunas cosas del catalán y del inglés, pero muy poquitas. Hice algo pero más bien por amistad. Creo que la traducción es un arte muy difícil.

En su opinión, ¿en qué lugar queda el traductor en la relación con el escritor?

Es una buena pregunta. El traductor es un intérprete. Es un lector que interpreta la obra y la traslada. Es un lector que interpreta el texto y se lo ofrece a los demás lectores.

Pero es un lector que reescribe.

Claro, es un lector que reescribe pero, en ciero sentido, todo lector reescribre en su cabeza. Es decir, cuando tú lees “El Quijote” estás reescribiéndolo en tu cabeza y cuando lo leo yo, lo hago en la mía. Por eso mí Quijote es distinto al tuyo. El relato de Borges sobre Pierre Menard habla exactamente de eso, como todo lector transforma lo que lee. Entonces, el traductor hace eso mismo solo que lo vierte a otra lengua. Es una interpretación que en el fondo quiere hacer algo imposible pero al mismo tiempo es necesario. Quiero decir, es imposible que un texto dé en otra lengua lo que da en la suya propia pero es necesario. Y naturalmente una buena traducción es una obra de arte. Es extraordinariamente meritorio, importante y difícil. El traductor intenta hacer lo posible por hacer lo imposible: que el lector en otra lengua capte y tenga los mismos efectos que en la lengua original. Eso es muy difićil. Yo tengo un enorme respeto por los traductores.

Ha dicho que usted no conoce a la traductora de su obra al ruso, pero ¿conoce a otros traductores?

Sí, a muchos. A casi todos y con algunos mantengo una relación muy estrecha. Por ejemplo, la traductora al inglés. Normalmente me dedico a responder por correo electrónico a sus preguntas. He conocido a algunos de ellos personalmente y se han hecho amigos míos. Aunque una vez, una universidad inglesa me propuso acudir a un encuentro con todos mis traductores y me daba un poco de miedo, la verdad. Es gente que conoce mis tripas mejor que nadie. Un traductor es el mejor lector posible.

Por lo que respecta a los temas que aparecen en sus novelas, tanto en “Soldados de Salamina”, “La velocidad de la luz” o en “Anatomía de un instante” aparece de manera recurrente el tema de la violencia. Es como si quisiera llegar a conocer su propia esencia.

Bueno, son dos novelas que tratan de guerra y otra en la que se habla de un golpe de estado. Entonces, claro que la violencia está presente. La violencia es una cosa muy seria. El más es...iba a decir que el mal y la violencia nos deshumanizan pero es que son los hombres quienes lo hacen. Yo me he pasado muchos años pensando sobre estas cosas y supongo que seguiré pensando sobre ellas. La violencia es algo terrible. ¿Por qué la hacemos? Es una buena pregunta. Yo no sé la respuesta. Creo que lo que pasa es que estamos mal hechos. Somos un invento maravilloso pero también monstruoso.

Ahora una pregunta relacionada con “Anatomía de un instante”, novela por la que recibió el premio de Nacional de Narrativa 2010. Uno de los protagonisnas principales del libro sino el principal es Adolfo Suárez. ¿En qué medida se siente usted identificado con el personaje?

Yo me identifico en muchas cosas con ese personaje, con todos los personajes. Decía Cervantes, y perdona por la comparación, que Cervantes es Don Quijote, Sancho Panza y todos los personajes de sus libros. Entonces, yo me intento identificar con todos mis personajes para entenderlos. En este sentido, sí, en algunas cosas sí que me he identificado con él. Para mí Suárez es el último avatar de algo que siempre quise escribir, esas novelas tan decimonónicas que tratan del joven de provincias que llega a la capital para triunfar y acaba fracasando. Ahí están “Rojo y negro” de Stendhal, “La educación sentimental” de Flaubert, etc... Hay muchísismas novelas de ese tipo. Yo interpreto literariamente a Suárez en esos términos. Pero en otro sentido, en uno más íntimo también he encontrado paralelismos. Son cuestiones bastante personales, eso sí. Aunque yo también creo que soy una persona voluntariosa y trabajadora, como él.

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