Bórovsk: un refugio en medio del bosque

Algunas ciudades pueden darle la espalda, mientras que en otras, el río fluye por el centro como si fuera una brillante ornamenta, siempre renovada. Dentro de este segundo grupo, no hay ciudad rusa que supere a Bórovsk. El río Protvá, afluente del Oká, no es ancho ni profundo, pero su antiguo y serpenteante sendero ha creado en Bórovsk un paisaje variado de una belleza lírica.

Todas fotografías son de William Brumfield

Bórovsk cuenta con una población alrededor de los 11.000 habitantes y se encuentra 100 kilómetros al sur de Moscú, no muy lejos de la autovía de Kaluga. Su nombre proviene de la palabra rusa “bor”, que significa “bosque” o “pinar”, y aún hoy buena parte de la ciudad está envuelta por columnas de majestuosos pinos. En épocas de peligro, el espeso bosque brindaba refugio y el río, transporte. El asentamiento probablemente se formó durante el siglo XIII en una elevación sobre la margen derecha del río. Aún quedan algunos rastros de los antiguos terraplenes de tierra en el ala norte del centro de la ciudad, concentrado en unas pocas manzanas. A medida que el río se curva hacia el este, se abre una vista deslumbrante desde lo alto del risco que está cerca del mercado, desde donde es posible observar una pequeña planicie que se eleva a lo lejos hacia un conjunto de cúpulas y torres de iglesias: el pueblo de Roshcha y su venerable Monasterio de la Natividad, fundado en 1444 por el monje Pafnucio. Pero, primero, hablemos de la ciudad.

El centro de Bórovsk está repleto de un mercado de galerías comerciales que forman hileras flanqueadas por un paisaje similar a un parque, con el habitual monumento a Vladímir Lenin. El edificio dominante es la Catedral de la Anunciación, que cuenta con un campanario de gran altura que data del siglo XIX y puede verse desde el mercado hacia el este. La estructura principal del templo fue construida a principios del siglo XVIII y se le realizaron algunos agregados a comienzos del XIX. Incluso durante la era soviética permaneció abierta al culto, por ello su interior se encuentra muy bien conservado.

Además de la Catedral de la Anunciación, Bórovsk cuenta con varias iglesias más, la mayoría restauradas. Una de ellas es la Iglesia de los Santos Borís y Gleb, que ocupa un lugar prominente en la carretera por la que se ingresa a la ciudad desde la autovía principal. Construida en 1704, con un campanario de principios del siglo XIX, la iglesia es una alegre exhibición de cúpulas doradas y paredes estucadas que recientemente se han pintado de un color vivo en la gama del rosa y el naranja.

Buena parte del encanto de Bórovsk proviene de la preservación de las casas del siglo XIX, algunas de las cuales exhiben los intrincados ornamentos en madera típicos del arte tradicional ruso, un legado viviente que se puede apreciar por todo el centro de la ciudad. Desde el mercado, no hay que caminar demasiado para llegar a las calles de alrededor, en las cuales los comerciantes locales construyeron sus casas. Las tareas de conservación acarrean un esfuerzo constante y algunas de estas casas todavía deben restaurarse. El centro de Bórovsk también tiene un monumento y un museo dedicados al gran pensador Konstantín Tsiolkovski (1857-1935), un pionero en el desarrollo de la cohetería y la exploración del espacio que vivió y dio clases en Bórovsk durante la década de 1880.

La joya de Bórovsk es el Monasterio de la Natividad de Pafnutiyev, ubicado a unos tres kilómetros al este del centro de la ciudad. Fue fundado por el monje Pafnucio (1395-1477; canonizado en 1547), de origen tártaro, cuya dedicación a la ardua vida monástica de aquella época estaba guiada por el ejemplo de San Sergio de Radonezh, el principal impulsor del desarrollo del monacato en la Moscovia medieval. Además de cumplir con sus funciones religiosas, estos monasterios amurallados desempeñaron un papel importante en la difusión de la influencia política y cultural de Moscú. La catedral del monasterio, dedicada a la Natividad de la Virgen, es una verdadera obra de arte, con magníficos frescos pintados en su interior.

Las sólidas paredes de la fortaleza del monasterio, finalizadas en el siglo XVII, insinúan una historia difícil y, en efecto, el monasterio ha sido testigo de varios hechos turbulentos, entre ellos, una feroz batalla contra las tropas de Napoleón durante la retirada francesa de Moscú en octubre de 1812 y la ocupación de las tropas alemanas durante varias semanas hacia finales de 1941. Aunque, es posible que el hecho más trágico que presenció este lugar fuese un cisma dentro de la Iglesia Ortodoxa Rusa que tuvo lugar a fines del siglo XVII. Durante aquella época el monasterio hizo las veces de prisión para algunos de los disidentes más importantes, conocidos como los viejos creyentes. Formaba parte de este grupo la aristócrata Feodosia Morozova, que fue encarcelada en una celda subterránea y murió de hambre en diciembre de 1675. Aún hoy, muchas personas la veneran y hace poco se erigió una capilla sobre su tumba en el centro de Bórovsk.

La vieja creencia todavía sigue vigente en la región de Bórovsk. Después de 1905, a los viejos creyentes se les permitió construir iglesias de gran tamaño en zonas urbanas, algunas de las cuales se encuentran en Bórovsk, incluidas una iglesia que continúa en actividad y la enorme Catedral de la Intercesión que, si bien aún no ha sido restaurada, puede verse con claridad sobre la mano derecha de la carretera por la que se accede a la ciudad.

Bórovsk tiene un encanto especial. Además, se ha beneficiado de la creciente prosperidad de la provincia de Kaluga. Aunque no forma parte de la línea del ferrocarril, es de fácil acceso por carretera y vale la pena hacer una visita de un día. En las afueras de la ciudad se encuentra el parque “Ethnomir”, cuyas exposiciones al aire libre están dedicadas a algunas culturas étnicas de Rusia.

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