El fantasma de Chernóbil

Trabajadores se enfrentan a altos niveles de radiación en un intento por contener la situación en la planta averiada de Fukushima. Fuente: Getty Images/Fotobank

Trabajadores se enfrentan a altos niveles de radiación en un intento por contener la situación en la planta averiada de Fukushima. Fuente: Getty Images/Fotobank

A medida que se desarrollan los acontecimientos relacionados con la catástrofe de Fukushima, Rusia sigue el desarrollo de la situación con muchísimo interés. Hay diferentes causas para ello, por un lado, la proximidad geográfica con Japón y, por otro, todavía está vivo el recuerdo del desastre de Chernóbil en 1986.

La pregunta que asoma en las mentes de muchos expertos rusos, así como en parte de la población mundial, es la siguiente: ¿cuánto tiene que empeorar la situación antes de empezar a mejorar?

La buena noticia es que aparentemente no hay una amenaza inminente de un desastre de la escala de Chernóbil ni para Japón ni para los países de alrededor, según la información de Rosatom, la corporación estatal de energía atómica de Rusia. Rosatom ha estado siguiendo de cerca la situación desde que el terromoto y el posterior tsunami golpearan Japón el pasado 11 de marzo.

“El equipamiento ha resultado más resitente de lo que esperábamos. Ha resistido bastante bien,” dijo Serguéi Kirienko, director general de Rosatom, que ha ofrecido asistencia a los japoneses. Kirienko dijo que la situación se había estabilizado tanto en el quinto como en el sexto reactor y que el riesdo de desastre en los otros estaba aminorando.

La mala noticia es que la planta sigue emitiendo radiaciones. Se siguen despidiendo gases con material fisionado a la atmósfera, vapor mezclado con polvo que es arrastrado largas distacias. Además, una gran parte del agua contaminada, utilizada para enfriar los reactores, está virtiéndose al océano con materiales radioactivos.

Las corrientes atmosféricas se están moviendo sobre todo desde la costa japonesa hacia el océano Pacífico y de allí hacia Norteamérica, donde ya se han detectado minúsculos residuos con radiación tanto en Washington como en California. Por su parte, los primeros restos de yodo radioactivo en Europa se encontraron en Islandia el pasado miércoles. Las estaciones de control de radiación de la organización “Comprehensive Nuclear Test Ban Treaty” realizaron los hallazgos. Se han establecido 63 puntos de vigilancia en todo el planeta y en 15 de ellas ya se han encontrado partículas provenientes de Fukushima.

La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ha declarado que los niveles de radiación detectados hasta el momento no suponen una amenaza para la salud humana y que no es necesario tomar medidas preventivas. Aunque se cree que podrían provocar afecciones entre algunas personas, sobre todo a nivel psicológico.

En el lugar del desastre, y en la zona de evacuación de 30 km, lo niveles de radiación eran todavía 1000 veces más altos de lo normal, pese a que los expertos decían que la situación era manejable. “Esto no es una fusión. Si fuese así estaríamos presenciando una radiación completamente diferente tanto en el lugar como fuera de él”, dijo Alexńader Bychkov, subdirector de la AIEA.

El desastre se desencadenó cuando el tsunami inundó la infraestructura de los seis reactores en Fukushima y tuvo lugar seis semanas antes del 25 aniversario de la explosión del reactor nº 4 en Chernóbil, el 26 de abril de 1986.

El accidente en la plante de Ucrania fue a causa de un error humano y es el peor incidente en la historia de la energía nuclear. La explosión del reactor y el posterior incendio emitieron una gran cantidad de sustancias radioctivas a la atmósfera que contaminaron muchas partes de Europa. Según datos de la OMS mueriron, como mínimo, 4000 personas y afectó la salud de decenas de miles. El último reactor que estaba en marcha la central fue cerrado definitivamente en diciembre del 2000.

En cambio, la situación en Fukushima se parece más a los accidentes de pérdida de refrigerante que tuvieron lugar en la planta de Paks en Hungría en 2003 y en Three Mile Islands en EE UU en 1979.

De manera más general, por el tipo de desastre que ha sido las impliaciones serán más para la industria que para generación misma de la energía nuclear, tal y como señaka Nikolái Laverov, vicepresidente de la Academia Rusa de Ciencias.

“No podemos desarrollar industrias peligrosas sin tener en cuenta los procesos naturales. En los últimos años, las peores catástrofes, algunas de ellas con gran cantidad de víctimas, han sido ocasionadas por el agua, de modo que sería conveniente pensar si se podrían situar centrales nucleares o grandes refinerías de petróleo en zonas costeras”.

Laverov añadió que “el desastre de Japón se puede convertir en ejemplo de lo que podría ocurrir si a causa de una cataśtrofe ecológica ardieran grandes refinerías de petróleo. Tendría un gran impacto ecológico, por no hablar del daño económico”.

El número de vícitmas en Japón asciende a 10.800 además de los 16.000 desaparecidos y unas pérdidas económicas de 205.000 millones de dólares.

Todavía no está claro si Tokio llamará a Rusia para que le preste ayuda en el control de los reactores, pero hay una mano tendida, tal y como comentaron desde Moscú.

¨Rosatom está dispuesta a ayudar a Japón a resolver la situación en la estación nuclear dañada de Fukushima-1”, comentó Serguéi Novikov, jefe de comunicación de Rosatom. “En el momento en el que nuestro compañeros japoneses nos digan qué ayuda necesitan, responderemos inmediatamente.”

Tras el desastre las autoridades rusas ordenaron pruebas de seguridad en todas las centrales nucleares así como en las construidas para gobiernos extranjeros. “Aunque no habrá repliegue en los planes de expansión nuclear”, explicó Novikov.

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