El dragón mira al Lejano Oriente ruso

Mineros chinos descienden a uno de los yacimientos en la región de Jabárovsk. Foto de Reuters

Mineros chinos descienden a uno de los yacimientos en la región de Jabárovsk. Foto de Reuters

El dragón chino ha puesto la mirada en las regiones de Siberia y el Lejano Oriente ruso, zonas prácticamente despobladas y ricas en yacimientos de hierro, metales raros, oro y carbón. En el Lejano Oriente viven 6,7 millones de habitantes -apenas una persona por kilómetro cuadrado- frente a los 84 millones de la provincia china de Heilongjiang, situada en la otra orilla del río Amur, que delimita la frontera entre ambos países.

“Rusia necesita la colaboración de otros países para desarrollar el Lejano Oriente, y el socio natural es China que cuenta con muchos más recursos financieros que Japón o Corea del Sur”, opina Borís Krasnozhénov, analista de metales y minas de la consultora Renaissance Capital. Los inversores chinos ya han establecido 34 zonas especiales en las principales regiones del Lejano Oriente: Amur, los territorios de Primorie y Jabárovsk, así como también la Región Autónoma Hebrea. Ya han invertido 3.000 millones de dólares (unos 2.100 millones de euros), frente a los 1.000 (700 millones de euros) que destinará Moscú a estas regiones en 2011, según la prensa rusa. El Gobierno ruso ha declarado, sin embargo, que desea invertir unos 100.000 millones de dólares (unos 70.000 millones de euros) en el desarrollo de la región durante los próximos cinco años, y ha reconocido que China será un socio clave en la construcción de carreteras, ferrocarriles y puertos.

El proyecto de mineral de hierro K&S (Kimkhan y Sutara) en Birobidzhán, capital de la Región Autónoma Hebrea , es un buen ejemplo de la cooperación chino-rusa. Una veta de mineral de hierro surcada por titanio y vanadio se extiende a ambos lados de la frontera, mientras que las minas de hierro en territorio chino están agotadas. La empresa IRC, con base en Hong Kong, es la encargada de las minas en el lado ruso de la frontera.

La mina Kimkhan, el primer paso del proyecto K&S, produce en la actualidad cerca de 1,2 millones de toneladas de hierro que se exportan a China. IRC planea exportar unos 10 millones de toneladas al año cuando se construya un puente sobre el río Amur que conecte la ciudad fronteriza de Birobidzhán con el enorme mercado del otro lado del río. El nuevo puente reduciría los costes de transporte del mineral de 8 a 4 ó 3 euros por tonelada. Los planos ya están diseñados, y la construcción del puente comenzará en los próximos meses.

Recelos


“Esta área es extremadamente atractiva para empresas como la nuestra, y nuevas empresas incrementarían la comodidad de los inversores”, opina Jay Hambro, presidente ejecutivo de IRC.

“El desafío clave para estas regiones, como todas las que dependen de las minas, desde África hasta Mongolia, son las infraestructuras”, asegura Krasnozhénov. China cuenta con los recursos para resolver este problema.

“China nunca ha estado interesada en adquirir participaciones mayoritarias en empresas rusas”, agrega. “Lo que quieren es asegurarse una provisión estable de las materias primas que precisan, y construir las infraestructuras que les permitan transportarlas a su propio mercado. Éste es el modelo de desarrollo que implantan en todas partes”.

El crecimiento de China, que se sitúa entre el 7% y el 9% anual, va de la mano del aumento de la demanda de acero, por lo que el mineral de hierro es un soporte fundamental para sostener su economía.

No resulta sorprendente entonces, que la financiación del proyecto de IRC cayese en las manos del banco chino ICBC y de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (CNEEC, sus siglas en inglés). CNEEC es una de las empresas chinas que están trabajando en el desarrollo de la mina K&S, contratando trabajadores chinos.

A pesar de todo, los recelos entre ambos países todavía persisten. Rusia y China se enfrentaron en una guerra fronteriza en 1969. Esto ha llevado a que, en la práctica, muchos proyectos financiados por China en la región fronteriza se hayan desarrollado con muchísima lentitud.

“No sorprende mucho si se tiene en cuenta que aún existe un monumento en Blagovéshchensk en recuerdo a los rusos fallecidos a causa de los proyectiles chinos”, explica Charles Kernot, director de investigaciones mineras y de metales de Evolution Securities, en Londres. Sin embargo, los analistas piensan que el camino de la cooperación económica redundará en los próximos años en una mejor relación política entre los dos países.

Los empresarios chinos han invertido en la zona alrededor de 3.000 millones de dólares.

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