Los helicópteros rusos vuelven a Afganistán

Foto de APF Photo/Mahmud Turkia

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Rusia y la OTAN se han puesto de acuerdo respecto al suministro de 24 helicópteros multifuncionales Mi-17 a Afganistán, según informa el periódico Kommersant. Las condiciones de la transacción están acordadas y en los próximos días se firmará el contrato final.EE UU, país que va a adquirir los helicópteros rusos, ha sido el representante de la OTAN en el proceso de negociación.

Según la fuente de información de Kommersant, Rusia aportará 24 helicópteros Mi-17 dentro del contrato y, además, entregará gratuitamente tres helicópteros más a Afganistán. Una vez realizada la entrega, la cantidad de helicópteros militares rusos en Afganistán aumentará hasta las cien unidades, lo cual significa que en el futuro las empresas rusas podrían recibir encargos para el mantenimiento y modernización del equipamiento militar en el país asiático.

Resulta extraño que la transacción se negocie entre Moscú y Bruselas, mientras que Estados Unidos sea el que financie la operación. En cambio, los especialistas que conocen la situación no aprecian ninguna anomalía. Lo que ocurre es que la venta de helicópteros rusos Mi-17 (una variante más moderna del Mi-8 que puede realizar distintas misiones: transporte, desembarco o apoyo a la artillería) a Kabul se negociaba desde hace más de cinco años. La administración afgana se decantó por los aparatos rusos, y no por los americanos o italianos, no sólo debido a su universalidad, sino también a causa de sus características táctico-técnicas para actuar en el aire enrarecido de un país montañoso, además de la facilidad de utilización y la experiencia en su manejo que conservan los pilotos afganos desde los años setenta. También ha influido el precio, porque es sabido que es mucho más bajo que el de los aparatos producidos en Occidente. Respecto al criterio eficacia-precio, los Mi-17 rusos no tienen competencia en territorio afgano.

Sin embargo, había un problema con la fuente de financiación. Evidentemente, Moscú no tenía ninguna intención de enviar gratuitamente estos helicópteros a Kabul, como si de un tributo por los agravios causados por el ejército soviético se tratase. Lo cierto es que no existen ni motivos políticos, ni condiciones financieras y económicas para regalar un equipamiento tan costoso. Por otra parte, el estado de las plantas industriales rusas especializadas en producir armamento no lo permite. Quizá sea posible con tres helicópteros, pero es imposible con más de dos decenas.

El gobierno afgano tampoco tenía dinero para esta adquisición, y además los Mi-17 iban a ser destinados, en general, a prestar servicio a las Fuerzas Internacionales para el mantenimiento de la estabilidad en Afganistán (ISAF) y, en particular, al ejército estadounidense. Por ello Moscú propuso que fuesen financiados precisamente por Bruselas y Washington. En ese momento empezaron las discusiones en la sede de la Alianza Atlántica y en el Senado de EE UU. Los “amigos” de Rusia en ambas organizaciones no estaban dispuestos a gastar su dinero para, según su expresión, “mantener la industria militar de Moscú”.

El tiempo pasaba. Los helicópteros eran muy necesarios, pero no era posible obtenerlos, como se dice vulgarmente, “por la cara”. Finalmente, se llegó a un acuerdo y los aparatos rusos serían adquiridos por Estados Unidos, mientras que los países de la OTAN pagarían a posteriori una parte de los gastos. Además, la financiación del mantenimiento de los equipos afganos será garantizada por un fondo fiduciario que tendrá que empezar a funcionar el próximo mes. El tamaño del fondo será definido después de que todos los países miembros de la Alianza hagan sus aportaciones. El fondo se responsabilizará de crear una base de reparaciones y un centro de formación para los pilotos afganos, así como de suministrar combustible, piezas de repuesto y armamento. El mantenimiento y las reparaciones de los helicópteros rusos se llevarán a cabo principalmente por especialistas rusos, tanto en Afganistán como en Rusia, en caso de que se necesite enviarlos al país de origen para una restauración general en la planta de fabricación.

Según los datos de Flightglobal MiliCAS, las fuerzas aéreas de Afganistán habían realizado un pedido de 73 helicópteros rusos Mi-17 hasta finales de 2010. No se excluye la posibilidad de que una parte de los aparatos sea comprada y entregada al país por otros estados que no tendrán que ser necesariamente miembros de la OTAN. Actualmente, Afganistán dispone, entre otros tipos de equipamiento ruso, de 33 helicópteros Mi-8/17 y nueve Mi-35.

Hay que señalar que los los helicópteros suministrados a Afganistán no son el único apoyo concreto que Rusia presta a la ISAF y al ejército afgano. Aunque Moscú se niega rotundamente a enviar sus tropas a Afganistán para apoyar al contingente internacional de la OTAN, proporciona todo el apoyo posible a las tropas occidentales. Por ejemplo, en noviembre del año pasado suministró gratuitamente al Ministerio del Interior afgano varios fusiles de asalto Kaláshnikov con su munición correspondiente. En aquella ocasión, el Ministerio del Interior de la República Islámica de Afganistán recibió 20.000 fusiles Kaláshnikov y dos millones y medio de municiones. Al inicio de la operación que los países occidentales llevan a cabo en Afganistán contra la Al-Qaeda y los talibanes, Rusia envió una gran partida de maquinaria pesada de combate, incluidos tanques y artillería autopropulsada junto con la munición correspondiente.

Por otro lado, en octubre de 2010, el Servicio Federal ruso de control de estupefacientes llevó a cabo, junto con EE UU, una operación especial para eliminar cuatro laboratorios de fabricación de drogas en territorio afgano. Además, el Ministerio del Interior ruso prepara en su centro de formación de Domodédovo (región de Moscú) a especialistas afganos para luchar contra la droga, prestando de esta forma otro tipo de ayuda para combatir a Al-Qaeda y a los talibanes.

Esta ayuda hubiera sido más eficaz en caso de que se pudiera unir a ella la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, integrada por Rusia, Bielorrusia y Armenia por un lado, y por las repúblicas de Asia Central: Kazajistán, Tayikistán, Kirguizistán y Uzbekistán, por otro. En cambio, la OTAN se niega rotundamente a llevar a cabo esta cooperación, y lo justifica con arrogancia cuando considera que sólo la Alianza Atlántica tiene derecho a resolver los problemas estratégicos del mundo, a veces incluso suplantando a la ONU y a su Consejo de Seguridad.

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