Luchar contra el terrorismo mediante el turismo

RH se ha trasladado hasta Osetia del Norte, donde un hombre encabeza desde hace cuatro años una iniciativa similar.

El trayecto desde el aeropuerto de Vladikavkáz hasta la capital atraviesa la ciudad de Beslán, con su monumento conmemorativo a las 380 personas, en su mayoría niños, asesinadas durante la trágica toma de la escuela en 2004, que llevó a la región a los titulares del mundo. “Una tragedia terrible; muchos parientes míos están aquí enterrados”, comenta Oleg Karsanov, el ministro de Turismo local, de 43 años, mientras caminamos entre las tumbas en una nublada tarde de jueves. Las nubes están tan bajas que los fotográficos picos montañosos que conforman el horizonte resultan invisibles.

El ministro está decidido a cambiar la imagen de su nación, Osetia del Norte y convertir a la república montañosa en una atracción turística. De cabello oscuro, 1,93 m y con un porte algo estoico, aunque afable, Karsanov habla en voz baja, pero firme. “Dedico la mitad de mi tiempo a convencer a los inversores de que somos un buen destino para su dinero, y la otra mitad, luchando contra la burocracia que hay aquí”, explica con una sonrisa.

El ministro pasó ocho años en Londres en la década de los noventa, en donde dirigía una exitosa consultora y cursó un MBA en la Universidad de Webster antes de decidir que su destino se encontraba junto a sus raíces. “Probé la cocina de todo el mundo y decidí que la de mi lugar de origen es la mejor”, asevera. Tras ocupar diversos cargos en el gobierno local, le asignaron la tarea de desarrollar el turismo de la región. La iniciativa del funcionario fue cuatro años anterior a la de los esfuerzos federales.

De lugar de tránsito a destino


En 1999, el mercado central de Vladikavkáz fue sacudido por una explosión que se cobró la vida de 62 personas. Posteriormente, en 2010, la ciudad sufrió un atentado más pequeño. Aunque los responsables fueron juzgados y condenados, la reputación del lugar como destino turístico permanece dañada.

Sin embargo, la imagen no es el único problema. “En tiempos soviéticos nos las arreglábamos bastante bien como lugar de tránsito turístico”, explica Karsanov mientras nos deslizamos en su Toyota SUV por una carretera serpenteante en un valle rodeado por picos montañosos con nieve prístina en la cima. “En la actualidad, los lugares a los que la gente solía ir, como Georgia o Abjazia, han pasado a ser un países independientes o ya no son populares. Debemos ser un destino en sí y eso es mucho más difícil”.

Al pasar por un hotel 4 estrellas en construcción cerca de una ladera montañosa encontramos a un grupo de turistas de San Petersburgo subiendo a un autobús. “Estamos aquí para esquiar”, cuenta Alyona. “Ha sido divertido hasta ahora”.

El plan de Karsanov cuenta con dos frentes; por un lado, construir infraestructura básica, como carreteras, instalaciones sanitarias y eléctricas a través de subsidios estatales; y por otro, brindar incentivos para que los inversores abran hoteles y otras instalaciones. “La infraestructura es la parte cara de la que debemos ocuparnos nosotros mismos. Nadie invertirá hasta que no contemos con ella”, subraya Karsanov.

Con un salario mensual medio cercano a los 500 dólares, un dinero extra les vendría muy bien a los habitantes del lugar. “Yo sería feliz si pudiera abrir un pequeño hostal o una tienda sobre esta carretera”, comparte Elbrus Elkanov, un agricultor local de 51 años que está haciendo trabajos de construcción a un lado del camino. Elkanov vive sobre la carretera del valle, fuera de la localidad de Fiagdon, casi una hora al oeste de Vladikavkáz en automóvil. “Pero ahora hay muy poco influjo de turistas”. “Hay un gran potencial aquí”, interviene Suslan, su hermano de 40 años. “Para nosotros, los visitantes son sagrados”.

“Estamos intentando hacer despegar el ecoturismo”, explica el ministro Karsanov de nuevo en el automóvil. “Muchas familias rurales estarían encantadas en recibir huéspedes. Los llevarían al campo a ordeñar vacas, arrear animales y cocinar. Algunos ya han comenzado a hacerlo. No vamos a cobrarles impuestos hasta que el concepto resulte viable. En estos momentos se trata simplemente de permitir que la gente haga un dinero extra”.

A otra media hora hacia el oeste se ubica la abandonada ciudad agrícola de Tsemeti, que data del siglo XIV. Se trata de un conjunto de templos de piedra y caminos que yacen en lo alto de una colina a unos pocos cientos de metros sobre el nivel del valle. “Es un lugar maravilloso para construir un pueblo étnico para el turismo”, comenta refulgente Karsanov. “La mayoría de estos edificios en piedra conservan sus formas originarias. Quiero convencer a unos pocos habitantes de aquí para que se trasladen por temporadas, reciban a los huéspedes y críen ganado tal como hacían cientos de años atrás”.

Almorzamos en una cafetería inaugurada hace poco a un lado de la carretera, cuenta con un salón individual sostenido sobre un arroyo por cuatro listones de madera. “Pescamos las truchas del agua y os las servimos directamente”, explica la mesera; todo el queso y la carne provienen de animales del lugar.

Al regresar a la capital, Karsanov señala la pequeña casa de madera situada a un lado del camino es el lugar en donde nació su madre. “No hay tantos osetios en el mundo. Todos somos como una familia”, afirma.

Ésta también es una parte importante del plan. Cuando se le pregunta acerca de la gestión de los fondos y de la confianza para construir hoteles en las montañas, el ministro responde: “Estamos teniendo una gigantesca diáspora tanto en el extranjero como en Rusia. ¡Pensad en [el ex entrenador nacional de fútbol Valeri] Gazaev y [el director de orquesta Valeri] Gergiev! Muchos empresarios exitosos de Osetia viven en otras partes de Rusia y están interesados en invertir en bienes raíces aquí”.

Mamisson


El plan del ministro Karsanov prevé un aumento del turismo de las actuales 100.000 personas a unas 200.000 por año hasta 2014. “Contamos con la presencia de cerca de 10.000 extranjeros el año pasado, pero, por ahora, en su mayoría son cazadores profesionales interesados en nuestros terrenos y vida silvestre”, afirma.

La parte más ambiciosa del plan tiene que ver con Mamisson, un centro de skicon un presupuesto de 1.000 millones de dólares a unas dos horas al sudoeste de Vladikavkáz que se encuentra actualmente en construcción. El centro tendrá más de 100 kilómetros de pistas con todos los niveles de dificultad a altitudes de entre 1.900 y 3.300 metros. “Lamentablemente, hay pocos (si aún quedan) centros de esquí de primera categoría en Rusia. Mamisson ofrecerá a nuestros habitantes la posibilidad de practicar un ski de primer nivel sin abandonar el país”, explica Karsanov. Los planes también incluyen la construcción de itinerarios para montañismo y rafting en las montañas aledañas.

Mamisson es parte de un programa federal más amplio que asciende a 15.000 millones de dólares y tiene como fin desarrollar centros en todo el Cáucaso Norte. Fue presentado por el presidente Dmitri Medvédev en la Cumbre de Davos a principios de año. Cuatro años después de que el ministro Karsanov empezase a desarrollar el turismo en Osetia del Norte, y tras de una sucesión de hechos violentos en el Cáucaso Norte, las autoridades federales finalmente lo han comprendido. De los 2.000 millones de dólares de financiamiento federal directo, Mamisson, el proyecto más grande de los cinco, recibirá alrededor de 600 millones.

“Todo suena un poquito utópico”, comparte Galina Gokashnavili, maestra de Vladikavkáz que viaja regularmente a Moscú por trabajo. “Vienen hablando de construir algo como Mamisson desde la década de los setenta, y ahora tenemos una mala reputación. Quizá venga la gente de las áreas vecinas, pero no los moscovitas”.

“Cuando la gente echa un vistazo al mapa y ve que estamos sólo a ‘milímetros’ de lugares como Chechenia, se desalientan”, admite Oleg Kalayev, viceprimer ministro de Osetia del Norte. “Pero cuando contratamos a especialistas occidentales para que estudiasen el área desde un helicóptero, dijeron que el potencial estaba allí”, añade.

“Tenemos que cambiar la imagen del Cáucaso Norte a largo plazo”, afirma Taimuraz Mamsurov, presidente de Osetia del Norte. “No podemos hacerlo a través de un aluvión de publicidad, ya que eso simplemente provocaría el efecto contrario. Lo que precisamos es que la gente venga, lo pase bien y recomiende el lugar a sus amigos”.

“Los Juegos Olímpicos de Invierno Sochi 2014 ayudarán”, agrega Karsanov. “No sólo mostrarán el sur de Rusia bajo un haz de luz más positivo, sino que más rusos se interesarán por el ski, tal como sucediera en otros países. Eso atraerá a más turistas”.

“Mi objetivo es organizar todo esto y luego delegar el trabajo en una persona con más experiencia. Después de todo, no soy un especialista en turismo”, añade.

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Entrevista con Taimuraz Mamsurov, presidente de Osetia del Norte desde 2008

Su región cuenta con un nivel de desempleo relativamente bajo (12%). ¿Cómo lo ha conseguido?


El Cáucaso siempre ha tenido mucho trabajo, aún en tiempos soviéticos. En esa época cubrían un puesto laboral con tres personas a fin de luchar contra el desempleo;económicamente era ineficiente, pero el desempleo era visto como un problema más grave. Un gran problema en la actualidad es que tenemos a muchos estudiantes de Derecho y sencillamente no existe una demanda tan alta de abogados en nuestra república. Gracias a Dios, en los últimos tres años la juventud ha comenzado a comprender que uno puede contar con cinco o seis diplomas universitarios de todo tipo y vivir en la absoluta pobreza, mientras que otro individuo pudo haber estudiado el oficio de carpintero y vivir bastante bien. Nuestros institutos técnicos han visto un aumento en sus matrículas y eso es muy bueno.

¿Qué sectores podrían conducir a la economía de Osetia del Norte hacia adelante en los próximos años y décadas?


La metalurgia y la selvicultura son opciones obvias teniendo en cuenta los recursos naturales que poseemos. Proveen lo necesario para la construcción y la manufactura, en especial para la construcción de carreteras y la fabricación de muebles. También debemos aprender a sacar provecho de nuestra hospitalidad a través del sector terciario. Estamos invirtiendo recursos y brindando capacitación básica de gestión a nuestros jóvenes. Existe un inmenso potencial por parte de las pequeñas empresas que ofrecen servicios básicos, desde tintorerías hasta peluquerías. Aún tenemos gente que vas hasta regiones vecinas para hacer limpiar sus trajes.

¿Por qué una familia volaría al Cáucaso para pasar sus vacaciones en lugar de ir a una región que goce de una mejor reputación?


Se trata de una barrera psicológica que debemos superar, lo cual llevará tiempo. No podemos hacerlo a través de un aluvión de publicidad, ya que eso simplemente provocaría el efecto contrario. Lo que precisamos es que la gente venga, lo pase bien y recomiende el lugar a sus amigos. Los turistas siempre han sido sagrados para nosotros y el hecho de que algunos hayan sido atacados recientemente nos avergüenza muchísimo.

¿Cree que el programa tendrá éxito en el desarrollo del turismo en el Cáucaso Norte? ¿La violencia mermará?


Estoy convencido de que viviremos un pacífico y duradero tiempo mientras yo viva, pero no lo relacionaría estrechamente con el desarrollo del turismo.

¿Entonces cuáles son los factores que facilitarían este duradero período de paz?


La generación más joven la que ha crecido en el momento más difícil, ha demostrado ser extremadamente apta para ajustarse a las nuevas realidades y hacer uso de sus aptitudes así como mantener valores honorables. Hemos tenido aquí a grupos de jóvenes provenientes de Chechenia, Ingushetia y Kabardino-Balkaria y la positiva interacción entre ellos es destacable. Esta es la juventud que nos conducirá a un futuro próspero.

¿Los próximos Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi han afectado de algún modo a la región?


¡Claro! Nosotros proveemos materias primas, y algunos de nuestros obreros de construcción se encuentran allí. Cuando los Juegos hayan terminado, recibiremos una de las pistas de hielo que se utilizarán en Sochi. No son las Olimpíadas de Sochi, sino las de Rusia y todos, desde Kamchatka hasta Kaliningrado, debemos colaborar para hacer de ellas algo glorioso.

¿Osetia del Norte aún siente las heridas de la tragedia de Beslán?


Sentiremos y recordaremos lo que sucedió durante un largo tiempo. Mi generación lo recordará mientras viva. Hay cosas que son difíciles de olvidar, hay cosas que son imposibles de olvidar y hay cosas que no deberíamos olvidar. Beslán pertenece tanto a la segunda como a tercera categoría.

Los niños que tenían cuatro o cinco años,ojalá vivan hasta los cien, lo recordarán durante 90 años más. Siempre tenemos que recordar Beslán, aún cuando haya pasado tanto tiempo que parezca como si no hubiese podido suceder. Debemos recordar lo que sucedió. Es una lección para quienes olvidan que los niños son lo más importante del mundo y la razón por la que hacemos todo. Si no trabajásemos, pagásemos impuestos y ganásemos dinero por los niños, ¿para qué lo haríamos?


Es el año 2030. Sus hijos y nietos han crecido. ¿Cómo imagina Osetia del Norte y a sus hijos? ¿Desea que sigan viviendo aquí?

Mi hijo está estudiando en la Universidad de Bauman, en Moscú. También tengo dos hijas. La mayor está casada y vive en el norte de Rusia. ¿Quién iba a imaginarlo? La vida es así y nos lleva a todo tipo de lugares.

Suelo decirle a mi hijo que debería regresar al hogar de su padre en Beslán, en donde vivo. Esa es mi visión personal. Espero que para el año 2030, los osetios vivan en uno de los territorios más prósperos, abiertos, estables y dinámicos de Rusia. Quisiera que fuésemos un ejemplo de cómo un grupo de gente tan diversa puede vivir en armonía; ir a la iglesia, a la mezquita y otros templos en paz.

¿Cree que eso sucederá?


¡Claro! ¿Por qué otra razón vendría sino a trabajar por la mañana?

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Salir del Serrín

La fábrica de muebles Rokos está situada a unos pocos kilómetros al sur de Vladikavkáz y representa el típico caso de colapso de una empresa soviética. Sin embargo, esta vez podría tener un final feliz.

“En tiempos soviéticos, esta era una de las fábricas de muebles más grande del país. Se fue al garete en los noventa, pero la hemos reabierto mediante el uso de tecnología y equipos extranjeros”, explica el ingeniero principal Yuri Godzhiev, un joven de 33 años. “Ahora tenemos docenas de empleados”.

Tras la unión temporal de empresas italo-rusas nació en 2007 y cuenta con un presupuesto de 15 millones de dólares. Se ha vuelto famosa por la calidad de sus bibliotecas fabricadas a base de roble local y se jacta de la venta de sillas de madera por 200 dólares en Moscú y otras ciudades. “Estamos promocionándonos para que nuestras empresas de muebles se conviertan en una importante proveedora de los Juegos Olímpicos de Sochi y así salten al mercado internacional”, comentó Zaur Zuchiyev, ministro de Desarrollo Económico de Osetia del Norte.

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