Soluciones para el Cáucaso

Me parece que la idea de crear el Distrito Federal del Cáucaso Norte y enviar allí de jefe a un dirigente como Jloponin con una gran experiencia en el mundo de los negocios es correcta. He hablado con abundante gente y he viajado mucho por el Cáucaso; puedo afirmar que hay una serie de problemas arraigados como son la corrupción, el desempleo y los problemas socioeconómicos. Si el gobierno hubiera puesto en funcionamiento estos mecanismos en el año 2000, habría llegado a cambiar la situación. Pero en aquella época la clandestinidad terrorista campaba a sus anchas, por lo que hacia 2005 la protesta social se transformó en protesta religiosa e ideológica. En mi opinión, la idea de que la protesta religiosa es una manera de camuflar el descontento social, no es del todo correcta. Hoy en día los mecanismos sociales han sido desplazados a un segundo plano y el desempleo no tiene nada que ver. Los que ahora se echan al monte son gente acomodada, es la élite la que empuña los “kaláshnikov”: los grandes terratenientes y los políticos con formación intelectual. Los problemas sociales y económicos solamente sirven para condimentar un poco a la ideología. En este sentido, el ejemplo de Kabardino-Balkaria, donde está muy desarrollado el sector agrario y hay fábricas de vidrio y una planta textil, demuestra que la eficacia de la economía por sí misma no ayuda a resolver del todo el problema del terrorismo. Allí, todos los negocios están sometidos a una especie de “impuesto revolucionario”. Anzor Astemírov, líder de la clandestinidad islamista muerto hace tiempo, parecería un colegial bien educado en comparación con lo que está pasando ahora en aquellos lugares. Por eso, la idea de Jloponin, aunque sea muy sana para la sociedad, no va a ser la panacea que nos cure de los males del terrorismo.

Los balnearios y lugares de veraneo en el Cáucaso del Norte llevan funcionando desde hace mucho y siguen atrayendo a los turistas. Aunque todavía no se sabe si será posible poner en marcha otros nuevos. En las playas de la ciudad de Majachkalá ha habido explosiones anteriores a los atentados de Moscú. Funcionana como si fueran una especie de advertencia: ni se os ocurra andar desnudos los unos delante de los otros. ¿Qué tipo de situaciones peligrosas pueden darse en los lugares de veraneo del mar Caspio donde hay mucha gente armada cuya ideología no permite ni el vino, ni el coqueteo, ni las discotecas? Desde mi punto de vista, el problema se podría resolver creando un estrato social que tuviera suficiente contacto con la gente que está en el monte para poder influir en ella. No hay que intentar destruir su espacio ideológico, sino darle la posibilidad para que se desarrolle políticamente y no mediante métodos militares. Crear partidos islamistas, reanudar las elecciones regionales y buscar compromisos entre la sharia y el derecho laico. Es una idea que sólo se le ha ocurrido al líder checheno Ramzán Kadírov. Hay que admitir que es el único que pudo proponer al adversario unas condiciones realmente honorables de capitulación: abandonar el monte para convertirse en el jefe de la administración de un pueblo o de la policía. Lo más importante es crear una especie de compromiso con la gente que está en el monte. Tanto en Daguestán como en Ingushetia. Hay que darles posibilidades para que luchen políticamente por lo que quieran luchar y además aprovechar sus ambiciones personales.

Orhan Yemal es un conocido periodista y politólogo, comentarista del canal de TV Dozhd, activista social y experto en el Cáucaso y Asia Central

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