Una caída de Japón podría suponer un desastre para la economía global

Una cola de personas espera víveres fuera de una tienda en Fukushina el 13 de marzo de 2011 tras el terremoto y el tsunami. Fuente: PHILIPPE LÓPEZ/AFP/Getty Images

Una cola de personas espera víveres fuera de una tienda en Fukushina el 13 de marzo de 2011 tras el terremoto y el tsunami. Fuente: PHILIPPE LÓPEZ/AFP/Getty Images

Los expertos dicen que el terremoto y el tsunami de Japón es algo más que una tragedia humana, la situación ha desestabilizado la economía global y supone el inicio de una segunda ola de la crisis financiera.

Japón es junto con EE UU y la Unión Europea uno de los grandes centros de consumo global además de uno de protagonistas sobre los que se basa la economía internacional. A causa de este desastre Japón ha quedado fuera del juego. Por ello, Rusia se va a enfrentar a problemas más graves que la simple ausencia de coches japoneses.

Más de la mitad de la industria automovilística japonesa ha sido destruida. Las tres empresas más importantes del sector: Toyota, Honda y Nissan, han anunciado una suspensión de la producción a causa de la falta de componentes. Mitsubishi y Subaru también han detenido la producción en muchas de sus instalaciones. Mazda y Suzuki no tienen fábricas en el área más afectada por el terremoto y el tsunami, aunque, de alguna manera u otra, todos los manufacturadores se enfrentan a serios problemas. Junto a las dificultades de suministro, las compañías han perdido una gran cantidad de productos ya fabricados. A partir de ahora tendrán que deshacerse de miles de automóviles que estaban esperando la exportación antes de que este desastre natural los transformara en chatarra.

Aunque la industria del automóvil es solo la punta del iceberg. Los mercados se iprecipitaban a medida que llegaban las noticias de Japón. Los intercambios en EE UU y la UE fueron los más afectados, aunque los índices RTS y MICEX en Rusia también se colocaron en la zona “roja” de alarma; con un descenso del 1,01% y 0,68%, respectivamente. Lógicamente, las compañías de seguros cayeron en picado y es posible que algunas de ellas no puedan sobrevivir. Las acciones de compañías como AXA, Swiss Re y Aviva PLC cayeron entre un 2 y 3%.

Y mientras caía la manufactura en Japón, también lo hacía la demanda del país por combustible industrial. Los precios del petróleo cayeron; en Nueva York el precio medio del barril descendió por debajo de los 100 dólares, y con ello disminuyó el precio de las acciones de las petroleras.

En estos momentos, el país necesita asegurar sus suministros de comida. Según Vasili Koltashov, del Instituto para la Investigación Global de los Movimientos Sociales, será el factor alimenticio el que acabe por debilitar la economía global en esta ocasión. Los especuladores, decepcionados por las intrigas con las divisas se pasaron al comercio del petróleo, pero ya lo están abandonando y se están centrando en los alimentos.

“La subida de los precios de los alimentos indica que la segunda fase de la crisis se está acercando,” dijo Koltashov. “¿Será esta crisis tan severa como las del 2008 o estará más localizada, tal y como ocurrió en 2010? Dependerá de la resiliencia de la economía global, es decir, de la capacidad de seguir proyectándose en el futuro a pesar de las dificultades. Sin embargo, aunque esta resiliencia sea fuerte y el mundo no sea sacudido de arriba abajo, es muy probable que haya un estancamiento tras la crisis”, señaló Koltashov.

Versión abrevida del material original.

La tragedia en cifras


• Más de 100.000 millones de dólares en pérdidas para la economía japonesa a causa del terremoto

• 10.000 personas desaparecidas solamente en Miyagi. Se desconoce el número total de muertos

• Aumento de 700 veces en los niveles de radiación en la central nuclear de Onawaga

• 5,5 millones de casas sin electricidad ni calefacción

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