La última batalla de los liberales

Foto de ITAR_TASS

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El nuevo “Partido de la Libertad Popular” desea inscribirse oficialmente y participar en las elecciones parlamentarias de este año. Aunque ese sueño imposible se volviese realidad, el esfuerzo que están realizando no es suficiente y además llega demasiado tarde.

Hay que reconocer cierto mérito a los “liberales unidos" de Rusia. Cuando en septiembre de 2010 cuatro líderes opositores: Mijaíl Kasiánov, Vladímir Milov, Borís Nemtsov y Vladimír Rizhkov formaron una nueva coalición llamada “Por una Rusia sin abusos ni corrupción”, muchos predijeron que ese proyecto sufriría la misma suerte que las numerosas “coaliciones liberales” del pasado: una corta vida seguida de una estrepitosa ruptura fruto de las peleas internas.

Sorprendentemente, la nueva coalición no sólo ha resistido sino que, además, se constituyó como partido político en diciembre con el distinguido nombre de “Partido de la Libertad Popular” (PNS, por sus siglas en ruso). Al describir la base ideológica de la nueva organización Nemtsov prometió que sería “muy sencilla” y estaría fundamentada en cuatro principios: profundas reformas políticas, poder del pueblo (narodovlastie), lucha contra la delincuencia e "introducción de estándares de vida europeos”, este último suena ciertamente “sencillo”.

A primera vista, la inesperada longevidad de la nueva coalición podría estar relacionada con la exclusión de Gari Kaspárov, cuyos impulsos dictatoriales e incapacidad para escuchar cualquier punto de vista opuesto al suyo suponían la muerte de cualquier alianza. No obstante, parece haber otro motivo más importante por el que los cofundadores del PNS han logrado hasta ahora navegar con éxito entre Escila y Caribdis por el liderazgo compartido y el eclecticismo ideológico. Todos ellos han tenido puestos de responsabilidad: Kasiánov es un ex primer ministro, Nemtsov es un ex viceprimer ministro, Milov es un ex viceministro de Energía y Rizhkov es un ex parlamentario. Tras haber perdido sus cargos (en algunos casos, hace más de una década), pasaron los siguientes años persiguiendo una vendetta contra Vladímir Putin que a menudo parecía personal. Las críticas hacia Putin apenas han tenido eco en el público en general ,lo cual no es de sorprender dada su popularidad; el énfasis que ponen sobre las transgresiones reales o percibidas del actual primer ministro queda cada vez más fuera de lugar a medida que el presidente Dmitri Medvédev va cosechando apoyos para sus planes de modernización.

Los cuatro fundadores tienen la inteligencia suficiente para comprender que les queda poco tiempo para revertir la mirada hacia atrás, hacia el pasado, hacia el olvido. El ciclo electoral actual les ofrece una última oportunidad de comunicarse con los votantes que están olvidando o ya han olvidado quiénes son. Es su última oportunidad de hacerse un lugar en el futuro de la política rusa. Es su última oportunidad de seguir siendo influyentes... y mantener la cordura.

El 5 de febrero se creó en Moscú el primer comité regional del PNS en un evento al que asistieron los cuatro cofundadores y alrededor de 300 partidarios. Está previsto que, para fines de marzo, se hayan establecido comités en 57 regiones rusas, lo cual atraerá entre 50.000 y 60.000 afiliados hacia la bandera del PNS y permitirá que el partido cumpla con los requisitos para registrarse oficialmente ante el Ministerio de Justicia, que exige contar con más de 45.000 miembros en al menos 42 regiones.

Los padres fundadores se han mostrado bastante optimistas acerca de la posibilidad de que el partido pueda registrarse. Kasiánov, por ejemplo, declaró al periódico Kommersant que ya se habían afiliado 1.000 personas en Moscú y 200, como mínimo, en cada región de Rusia. Sin embargo, los líderes del partido prometieron que 50.000 de sus afiliados saldrán a las calles el 16 de abril si el registro es denegado.

Hagamos cuentas: 200 simpatizantes en 83 regiones más 1.000 en Moscú arroja un total que no supera los 18.000. ¿De dónde provendrán los otros 40,000 afiliados? Si el PNS tardó casi cinco meses en reclutar 18.000 seguidores, ¿qué trucos de magia sacarán de la galera Kasiánov y compañía para triplicar esa cantidad en menos de dos meses, antes del plazo de finales de marzo? Bueno, como suele decirse, la política no es una cuestión de matemáticas, sino de fe.

Además, si el partido efectivamente presenta los documentos del registro a principios de abril como está previsto –y hacerlo el 1.° de abril, el equivalente al día de los santos inocentes en algunos países del mundo, parece lo más apropiado–, el Ministerio de Justicia aún tendría un mes, hasta finales de abril, para evaluar la solicitud. ¿Por qué, entonces, los líderes del partido ya han previsto adelantar las protestas al 16 de abril? ¿Será porque saben de antemano que la solicitud está lejos de cumplir los requisitos? ¿O será que desean presionar a las autoridades para conseguir una decisión favorable? Sea cual fuere la razón, se esperaría más respeto hacia los procesos legales de un movimiento político que lucha contra los “abusos”.

Está claro que las aspiraciones de los líderes del PNS van más allá del registro del partido: han declarado que su objetivo es participar en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2011, aunque los estrategas del PNS convenientemente han ignorado el hecho de que incluso los partidos políticos registrados que actualmente no tienen representación en la Duma Estatal deben someterse a un proceso de registro especial para la elección, proceso cuyos requisitos son tan estrictos que ningún partido puede cumplirlos sin el apoyo explícito del Kremlin. Con tal objetivo, el PNS exhibe en la página de inicio de su sitio web una lista de iniciativas legislativas que buscará implementar cuando “llegue al poder”.

Afirmar que este “programa” es una gran desilusión no alcanzaría para describir la realidad. Algunas de las “iniciativas legislativas” que propone el PNS: el establecimiento de un poder judicial independiente y un recorte impositivo para las empresas, por ejemplo; son proyectos que ya desde hace mucho tiempo impulsan otros partidos liberales como Yábloko y Causa Justa. Las promesas de aumentar el gasto público en educación, salud y ciencia parecen extraídas del discurso anual del presidente Dmitri Medvédev. Otros puntos de la lista, como modificar la duración del mandato presidencial, rayan la locura, ya que sería necesario que el PNS poseyera la mayoría constitucional en la Duma Estatal.

En el manifiesto no hay absolutamente nada que sustente la afirmación del PNS de que es “la única alternativa viable al régimen actual”. A pesar de toda la palabrería acerca del futuro, los “liberales unidos” son una sombra del pasado. Sus fundadores, los “ex”, ya tuvieron su oportunidad y la echaron a perder. ¿Hay alguna razón para darles una más?

Eugene Ivanov es un analista político que reside en Massachusetts. Mantiene el blog The Ivanov Report.

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