Entrevista al catedrático Marcial García Suárez

Foto de RIA Novosti

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- En primer lugar, ¿qué representa políticamente esta secuencia de ataques terroristas contra Rusia, una de las potencias mundiales?


Como se trata de terrorismo, tenemos que entender que las acciones de este tipo son tácticas específicas de combate que tienen como objetivo despertar en el adversario una constante sensación de inseguridad y de incapacidad para protegerse. Los recientes atentados terroristas en territorio ruso representan políticamente un desafío al estado y a su capacidad fundamental, la de garantizar a los ciudadanos la seguridad básica para vivir y sus derechos.

- ¿Se trata de un síntoma de la incapacidad del gobierno para vencer a la guerrilla? En general, ¿existe una forma correcta de luchar políticamente contra un movimiento que pretende desestabilizar la sociedad?


- Para poder decir si el gobierno ruso falla a la hora de luchar contra los grupos disidentes de su territorio, es importante tener en cuenta los objetivos políticos que se proponen éstos últimos y en qué medida dichos objetivos son aceptables para el gobierno. En el sentido normativo, los terroristas tienen una ventaja en comparación con los guerrilleros. Un grupo guerrillero se caracteriza por enfrentarse al Estado dentro de los esquemas clásicos de la acción bélica, con una identidad y tipología que se acercan en cierto modo a las del combate regular, es decir, al enfrentamiento de fuerzas opuestas que se identifican con claridad. Sin embargo, es imposible diferenciar a un grupo terrorista de otros ciudadanos, es decir, no podemos identificar a un terrorista en medio de una multitud.

- Tradicionalmente, Rusia no negocia con los terroristas y prefiere que haya víctimas entre sus ciudadanos antes que ceder. ¿Es correcta esta táctica?


La década de 1990 coincidió con el declive del poder geopolítico ruso y con el desmoronamiento de la Unión Soviética. Pensar que Rusia pueda consentir que se creen nuevos estados independientes en su entorno parece poco probable, sobre todo en la región del Cáucaso, ya que los principales gasoductos y oleoductos que abastecen Europa pasan por esta región. Aparte de una pérdida política, inevitablemente se trataría de un gran problema económico.

Las acciones terroristas conllevan una contradicción inherente que crece en proporción inversa. Cuanto más actúa un grupo, más se expone su organización a una reacción, sin embargo, sólo puede presionar al estado en caso de mostrar una actividad significativa. Eso puede llevar a una conclusión muy simple: un grupo terrorista está destinado a ser desmantelado, ya que su fracaso radica en su éxito. Obviamente, esto no ocurre, ya que los atentados suceden de una manera discreta y discontinua.

El ataque al aeropuerto de Domodédovo fue reivindicado por Doku Umárov, líder de un grupo de la guerrilla que utiliza las acciones terroristas para desarrollar el fenómeno del terrorismo. Eso quiere decir que el elemento simbólico resulta importante. No podemos olvidarnos del colegio de Beslán, por ejemplo, donde los terroristas murieron llevándose consigo a los rehenes, entre los que había niños. Apuntar a un “blanco” público, una sala de un aeropuerto, es un claro desafío a la capacidad del estado para garantizar la seguridad de los ciudadanos y de la infraestructura del país en general.

- Económicamente, ¿qué representa un ataque de esta envergadura al mayor aeropuerto de un país? ¿Qué medidas habría que tomar a corto y largo plazo para evitar nuevos ataques?


La respuesta del gobierno ruso ante esta amenaza no será muy diferente de lo que ha sido hasta ahora: las acciones de los servicios de inteligencia y la búsqueda de los principales líderes de los movimientos separatistas. Las consecuencias en el ámbito de la economía se sentirán en ese mismo momento, pero no serán muy persistentes porque la existencia del estado no se ve amenazada por este movimiento separatista. Sin embargo, resulta evidente que las acciones terroristas en el territorio ruso son bastante frecuentes. Y ello puede llevar a la gente a dudar de la capacidad de los servicios secretos rusos para prevenir los atentados y llevar a cabo acciones antiterroristas de una manera eficaz.

- ¿Existe alguna posibilidad de que Brasil se convierta en blanco de atentados terroristas durante los eventos internacionales, ya que en los próximos años ambos países recibirán grandes eventos internacionales del nivel de los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo?


Dudo que se puedan hacer paralelismos entre estados y coyunturas políticas. ¿Son comparables el movimiento separatista checheno con el crimen organizado brasileño o con los eventos que hace poco asolaron la ciudad de Rio de Janeiro? Creo que no, ya que la magnitud de la acción terrorista en Rusia está relacionada principalmente con cuestiones políticas. Podemos analizar los atentados desde el punto de vista técnico, pero aún así encontraríamos una diferencia abismal en lo que se refiere a la capacidad y al nivel de violencia, pero sobre todo, respecto a las cuestiones políticas. En el caso brasileño, las reivindicaciones políticas de los grupos criminales no están definidas, aunque en determinados momentos pudiéramos calificar dichos grupos de terroristas. Por otro lado, los chechenos sí que tienen objetivos estratégicos y políticos muy concretos.

Un paralelismo preocupante parece ser el tema de la capacidad del estado para garantizar los elementos de defensa contra el terrorismo. Cuando se trata de acciones terroristas, ningún estado puede garantizar la seguridad al 100%, y justamente por este motivo se ha propagado el miedo por todo el planeta, ya que se trata de una acción política con un excelente trade off para los insurgentes. Brasil acogerá el Mundial de Fútbol de 2014 y las Olimpiadas de 2016. Como se trata de dos eventos internacionales, las amenazas a la seguridad, ¿serán de nivel regional o local? Creo que cualquier análisis que vaya en esta dirección será erróneo porque las amenazas tienen que ser percibidas en su escala. La pregunta que surge de nuestro análisis es la siguiente: ¿hasta qué punto Brasil está preparado para no convertirse en un teatro de acciones terroristas?

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