Ambulancias que se convierten en taxis

Foto de Itar-Tass

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A las ocho de la tarde reciben una llamada en un puesto de socorro de Moscú : ¨Necesito una ambulancia!¨, dice una voz femenina.

- ¿Qué le pasa?

- Me estoy muriendo...

- ¿Qué le duele?

- Me duele mucho el corazón, no puedo respirar...

Los conductores de la ambulancia salen corriendo y media hora más tarde comunican al operador que la chica sufre una depresión: está borracha pero no tiene ningún problema de salud. Este tipo de casos son muy frecuentes en Rusia, donde el servicio de ambulancias es gratuito y se solicita por cualquier motivo. Y no precisamente para urgencias. Muchas veces llaman al servicio de socorro para ahorrarse el viaje a la consulta, piden que se les tome la tensión, un poco de paracetamol para el niño, una venda para un dedo dañado, cosas así. Llaman también por deseperación, soledad y miedo... Principalmente, los que más abusan de este servicio son los mayores. Los inmigrantes y las personas no afiliadas a la seguridad social también acuden constantemente. En los centros de salud no les atienden por falta de papeles, sin embargo, el servicio de urgencia va directamente a su casa sin pedir la documentación y además es gratis. Es un problema arraigado en Rusia: los conductores de ambulancias se parecen más a médicos de cabecera, amigos, confesores, e incluso taxistas. Hace unos días ha sido publicado en la red un vídeo que contiene la conversación telefónica de un chico con los operadores de la clínica privada “Medicina”. El joven solicita el servicio de ambulancia para que le lleve de una punta de Moscú a otra, como si fuera un taxi.

Después de una breve negociación con los operadores, la ambulancia acude al lugar acordado, recoge al “enfermo en estado grave” y atraviesa el centro de Moscú paralizado por el tráfico, saltando los semáforos y pasando por el carril de sentido contrario. Al fin de cuentas, es una ambulancia.

El vídeo provocó un escándalo. Los empleados involucrados fueron despedidos. Se descubrió que al menos 4 clínicas privadas de Moscú recurrían a la misma práctica. Según los datos revelados, un trayecto dentro de la capital solía costar más de 6.000 rublos (unos 150 euros) y llevar a un cliente a un sitio fuera de Moscú (habitualmente a un aeropuerto) unos 8500 rublos (215 euros). Evidentemente no se trata de un servicio barato, pero los hombres de negocios están dispuestos a pagar lo que sea necesario por llegar a tiempo a su lugar de destino.

Quien haya estado al menos una vez en Moscú, sabe que moverse por las carreteras de la capital es lo mismo que luchar contra molinos de viento. Es una ciudad que está permanentemente atascada por los coches. Es imposible decir cuando empieza la «hora punta»: hay atascos kilométricos en todas las partes de la ciudad y a todas las horas del día. De hecho, el nuevo alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, al tomar posición de su cargo en octubre de 2010, anunció que la “guerra” contra los atascos sería su principal objetivo. Sobianin propone varias medidas: quitar los trolebuses y las camionetas , construir más parkings, establecer zonas de pago para el aparcamiento de coches, algo inexistente hasta ahora etc. Mientras tanto, el problema del tráfico en la capital no se resuelve y los ciudadanos empiezan a luchar contra los atascos por sus propios medios, a veces ilegales.

Imposible paralo

Carlos, de Alcalá de Henares, vino por pirmera vez a Moscú en 2007. Un día junto con sus amigos rusos intentó coger un taxi en el centro de la ciudad. De repente, una ambulancia se detuvo a su lado: ¨¿A dónde los llevo?¨. El español se quedó boquiabierto. Se sorprendió aún más cuando el conductor prendió la sirena y dijo: ¨Ahora no nos para ni Dios¨. El chófer era simpático y hablaba mucho. Les contó (como si quisiera justificarse) que la mayoría de las llamadas que recibe por la radio, son por síntomas equivocados o de gente que exagera. Todo su trabajo consiste en darles una pastilla. Viendo esto, se atrevió a llevar la gente, pero no lo hace muy a menudo por miedo a que puedan descubrirlo.

Parece que el caso de la clinica ¨Medicina¨ está resuelto, los culpables están castigados y los démas están advertidos. Aunque no hay garantías de que no se vuelva a repetir, teniendo en cuenta la ausencia de normas legislativas e instituciones que establezcan y realicen el control sobre las actividades ilegales de las ambulancias. Los funcionaron del Ministerio de Sanidad afirman que este tipo de supervisión no es de su competencia. La policía tampoco puede parar todas las ambulancias para ver lo que llevan dentro.

Mientras tanto, el coste del servicio de las ambulancias siguen siendo un servicio muy caro, se estima que cada visita a casa de un supuesto enfermo cuesta más de 5000 rublos (125 euros). ¿En qué se gasta este dinero? ¿En la atención a falsos enfermos? ¿En el servicio del taxi VIP para que los hombres de negocios puedan viajar aún más cómodos, tumbados en la cama y rodeados del mejor equipo médico? No se trata sólo del dinero. En una ciudad tan grande como Moscú las ambulancias nunca están de más. Pero si uno de los coches atraviesa media ciudad para llevar una pastilla a una chica deprimida, y el otro sale a la carretera para hacer de taxi, ¿qué pasa con las personas que necesitan asistencia médica urgentemente? Hay muchas personas a cada momento desesperadas por recibir ayuda y no saben si va a llegar a tiempo o no.

Los números lo dicen todo

Según los datos porporcionados a Rusia Hoy por el Departamento de Sanidad de Moscú, en 2010 las ambulancias realizaron más de 3,5 millones de salidas para atender a los ciudadanos, y prestaron su servicio a 2 millones de personas. Esto significa que un millón y medio de las llamadas fueron realizadas por motivos falsos o exagerados. Cada día casi 12.000 personas solicitan el servicio de ambulancia, y se realizan unas 9.000 salidas diarias. Actualmente en Moscú trabajan 1845 brigadas de socorro de urgencia para todo tipo de casos.

El problema al revés

En Madrid existe un problema contrario al de Moscú. La falta de las ambulancias obliga a los taxistas a hacer de ambulancias. Desde 2006 la Comunidad de Madrid, tras la firma de un convenio, gasta cerca de un millón de euros anuales para pagar a los taxis que trasladan a los pacientes que no requieren equipo médico.

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