Yuri Gagarin creyó que moriría quemado

El aterrizaje de la cápsula de Gagarin. Foto de RIA Novosti

El aterrizaje de la cápsula de Gagarin. Foto de RIA Novosti

1ª leyenda: Los 108 minutos del vuelo de Gagarin transcurrieron sin problemas

Durante mucho tiempo la censura no permitió revelar a los periodistas los problemas que se produjeron a bordo de la “Vostok”. ¿Cómo? ¿Una nave espacial soviética poco fiable? En realidad, varias horas antes de su lanzamiento los ingenieros tuvieron que subsanar un desperfecto. Cuando Gagarin quedó instalado en la nave y cerraron la escotilla se dieron cuenta de que la cabina no era hermética. No se podía lanzar el cohete. Destornillaron la tapa a toda prisa. Afortunadamente, era un desperfecto menor.

Luego, durante el ascenso del cohete, se perdió la comunicación con la nave.

-“Cedro” (nombre en clave de Gagarin), ¿cómo se siente? ¡“Cedro”, responda! -preguntaba “Vigésimo”(Sérguéi Pávlovich Koroliov, diseñador jefe de naves espaciales soviéticas.

Los altavoces solamente reproducían el ruido de las interferencias.

“No sé qué aspecto tenía yo en ese momento, pero Koroliov, que se encontrada a mi lado, estaba muy nervioso: sus manos temblaban cuando asía el micrófono, se le quebraba la voz y tenía una cara irreconocible. Todos suspiramos con alivio cuando informaron del restablecimiento de la comunicación con el cosmonauta y de que la nave había entrado en órbita”, apuntó en su diario Nikolái Petróvich Kamanin, a la sazón ayudante para asuntos espaciales del comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas.

Después, durante el aterrizaje, Gagarin vivió momentos de gran inquietud. La presión en el sistema propulsor de frenado comenzó a descender. La nave espacial empezó a vibrar ligeramente y aumentaba el ruido extravehicular. Crecía también la sobrecarga que experimentaba el cosmonauta. Una vez apagado el sistema propulsor de frenado debía producirse la separación del módulo de descenso del compartimento de instrumentos, ¡pero esto no ocurrió!

Las nave comenzó a girar en torno a su eje, como una peonza lanzada por la mano de un niño travieso. La velocidad de rotación era de cerca de 30 grados por segundo. Como más tarde narraría Gagarin a la Comisión Estatal, parecía un “verdadero baile”, capaz de cortarle el aliento a cualquiera. Al cosmonauta apenas le daba tiempo para cubrirse de los rayos de sol que penetraban por la ventanilla.

Solamente después de diez interminables minutos se oyó la detonación que confirmaba la separación del módulo de descenso. Pero surgió un nuevo motivo de preocupación para Gagarin: a través de las ventanillas se oían crujidos y la cabina se iluminaba con reflejos rojizos de unas llamas. ¡Incendio! No hay emergencia más terrible para un piloto que tener fuego a bordo.

Y Gagarin, como todos los que fueron seleccionados para el primer destacamento de cosmonautas, provenía de la aviación de combate. -¡Estoy ardiendo! –exclamó el primer cosmonauta, despidiéndose para sus adentros de la vida.

Fue después cuando todos se habituaron a las llamas en el revestimiento de la nave a causa de la fricción con la atmósfera. En cambio, en el primer vuelo de prueba, las lenguas de las llamas que fundían el cristal de la ventanilla parecían, desde luego, anunciar la muerte. ”A una altitud aproximada de 7.000 metros se dispara la tapa de la escotilla”, señalaría posteriormente Gagarin en un informe que durante largo tiempo se mantuvo en secreto. “Estoy sentado y pienso si me he catapultado, así de rápido, bien, suavemente, sin chocar con nada. Salí volando en el asiento. Se desprende el estabilizador, comienza a funcionar el paracaídas principal y en ese momento el asiento se separa y va hacia abajo. Comencé a descender con el paracaídas principal. Después se accionó el paracaídas de reserva, pero quedó colgando hacia abajo. ¡No se abrió!”

El cosmonauta nuevamente tuvo suerte:

-Había una capa de nubecitas y en una nubecita soplaba un poco de viento, se abrió el segundo paracaídas, su cúpula se llenó y seguí bajando en dos paracaídas.

Pero a Gagarin le aguardaba otro problema. La válvula de paso del aire no se abrió inmediatamente. El cosmonauta había aterrizado en su escafandra, que era hermética. ¿Cómo podía respirar?

-”Cuando me la pusieron (la escafandra), la válvula quedó presionada por la capa de enmascaramiento” –informaría más tarde el cosmonauta a la comisión-. “Estuve unos seis minutos tratando de sacarla. Pero luego desabroché la capa de enmascaramiento, con la ayuda del espejo saqué... el cablecito y la abrí”.

2ª leyenda: Gagarin aterrizó a bordo de su nave


El sistema “Vostok” ni tan siquiera contemplaba la posibilidad de que el cosmonauta aterrizara en el interior de la cápsula de descenso: la “bola” quemada simplemente se estrellaba contra el suelo. Ese choque hubiese sido mortal para una persona. Precisamente por eso la nave contaba con una catapulta especial. A una determinada altura, la escotilla se abría y una carga de pólvora “disparaba” al cosmonauta.

3ª leyenda: Antes del vuelo de Gagarin hubo varios lanzamientos de naves tripuladas, pero todos tuvieron un final trágico y por eso se mantienen en secreto.

Incluso en el caso de que dichos vuelos hubiesen tenido lugar, habría sido imposible mantener el secreto hasta nuestros días. Gagarin fue realmente el primer ser humano en viajar al espacio.

Sin embargo, hay que admitir que los jefes de los programas espaciales comenzaron a pensar en el vuelo del hombre hacia las estrellas ya en 1957, cuando aún desconocían cómo hacer retornar a los satélites artificiales a la Tierra. En aquella época muchos ingenieros, médicos y simples entusiastas, movidos por el romanticismo de la naciente era espacial, escribían solicitudes como esta: “Pido que se me envíe en un vuelo espacial sin posibilidad de retorno...” Gracias a Dios, no se promovieron los sinceros impulsos de esas personas, que soñaban con el espacio.

Valentín Bondarenko fue el primer cosmonauta del destacamento de Gagarin que murió en el camino de la conquista del espacio. El 23 de marzo de 1961, durante un entrenamiento en una cámara barométrica, cuya atmósfera estaba saturada de oxígeno, se produjo un incendio. El cosmonauta padeció una serie de quemaduras letales. Quedaba poco menos de un mes para el vuelo de Gagarin...

4ª leyenda: Gagarin no murió en un accidente aéreo


El 27 de marzo de 1968 fue escenificado un accidente de un avión de instrucción para librarse de la persona más popular del país, que comenzaba a permitirse el lujo de enmendarle la plana a los miembros del Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética. Gagarin era tan querido por el pueblo que incluso después del comunicado oficial sobre su muerte muchos no creyeron en ella. De ahí que surgieran conjeturas acerca de su “salvación”, “confirmada” por el hecho de que no se había logrado hallar su cuerpo.

Sin embargo, Gagarin murió durante un vuelo de instrucción, cuando su avión se estrelló en un bosque junto a la ciudad de Kirzhach. El MiG-15 chocó con tal violencia contra el suelo que los cuerpos de Gagarin y Vladímir Serioguin, su instructor, quedaron, literalmente, hechos pedazos. Gagarin fue identificado por unos pocos fragmentos y sus pertenencias personales.

Nunca se consiguió esclarecer completamente la causa de la tragedia. Algunos creen que el avión de Gagarin entró en la estela de otro aparato que volaba en la zona y que por esa razón cayó en picado. Otros están convencidos de que el MiG colisionó en el aire con una sonda meteorológica. También hay quienes atribuyen el accidente a un fallo del motor del caza.

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